El bloc del cartero
Galería
Elogia una lectora la recientemente inaugurada Galería de las Colecciones Reales de Madrid. A quien ya la haya visitado le asiste la certeza de que no se trata de un museo cualquiera, sino de uno de categoría mundial, uno más que suma la capital de España y a través de ella la comunidad que formamos los españoles. Lo prueba el edificio de los arquitectos Tuñón y Mansilla, espectacular y discreto a la vez, ejemplar en todos los sentidos. Lo corroboran sus fondos, donde no faltan Goya, Velázquez, Caravaggio, Bernini o el Greco, por mencionar solo a algunos. Y lo subraya el detalle que anota la lectora: quien lo visita no solo se hace una idea de lo que llegaron a atesorar los representantes de la monarquía hispánica, sino también de su compleja historia. Es alentador que a veces, entre todos, acertemos así.
titulosecundario titular="Las cartas de los lectores
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La investigación científica
Me pareció muy interesante el artículo de Juan Manuel de Prada titulado Timoteca cientifista ... y me atrevo aquí a contribuir al debate. Empecé, con mucha ilusión, una tesis doctoral en una disciplina científica en una universidad del norte de Europa; la terminé con mala salud y un doloroso desencanto. La investigación científica amplía nuestro conocimiento, contribuye al debate intelectual y social y genera herramientas muy útiles (como las vacunas), pero no pretende ser dogma, ni llenar un vacío existencial colectivo. Y naturalmente está poblada por personas más y menos influenciables por esa mediocridad acechante. El efecto 'torre de marfil' junto con el efecto 'macrogranja productora de publicaciones' empobrecen la labor científica y hacen que la sociedad reciba retazos de información descontextualizada, a veces contradictoria. Lo bueno es que cada vez hay más jóvenes investigadores e investigadoras haciendo un trabajo riguroso y esforzándose por no dejarse arrastrar por la vorágine 'articulista' ni la vanidad. Acabar con la macrogranja probablemente sea difícil y requiera tiempo, aunque ya existen iniciativas. Mientras tanto, todos podemos ir aprendiendo a evaluar con ecuanimidad los avances científicos sin caer en el negacionismo de lo empíricamente demostrado (como el cambio climático). Yo mantengo la esperanza, no gracias a los que se coronan catedráticos por vías mediocres, sino gracias a todos los excelentes investigadores con los pies en la tierra.
Fátima Sánchez Barreiro. A Coruña
Historia con arte
He mostrado a unos jóvenes estudiantes norteamericanos la Galería de las Colecciones Reales y se han quedado asombrados de nuestra historia. No me extraña que desconocieran casi todo, lo que me encanta es que han asimilado bien los contenidos gracias a los paneles audiovisuales sobre la historia de la monarquía y de los lugares emblemáticos. Una razón de ello es la selección cualificada de las obras expuestas, incluyendo la variedad, pues no solo vemos pinturas y retratos de los Austrias y Borbones, sino tapices, muebles, instrumentos musicales y tantas cosas más. Podemos estar satisfechos de esta nueva exposición permanente que nos ayuda a conocer nuestra historia de los cinco últimos siglos. No es poco para los tiempos que corren.
Esther Aparicio Ortega. Madrid.
Tampoco lo tuvieron fácil
He leído en XLSemanal una carta de Leticia Río en la que encuentro afirmaciones erróneas respecto a los que ahora tenemos 70 años. Yo, a los 30, no tenía propiedad alguna, vivía en una sencilla vivienda de maestros, en un pueblo de 300 habitantes después de aprobar la oposición. Jamás he tenido ayuda de la Administración, ni la esperaba. Al gimnasio he empezado a ir ya jubilado, antes mi trabajo no me dejaba tiempo. No sé si he comido saludable, pero he comido y mi hijo también. Comprendo las dificultades de su generación, pero las anteriores tampoco lo tuvieron fácil.
Carmen Aníbal-Álvarez Jaurrieta. Madrid
Desde la ventana de mi Nautilus
Siempre al llegar al pueblo aparco la autocaravana junto al río desde donde puedo contemplar el Almonga, la montaña que domina y preside Cervera de Pisuerga, majestuosa como una pirámide, inmutable siempre. Miro por la ventanilla y, como decía el capitán Nemo, «desde la ventana de mi Nautilus contemplo una existencia tan mansa». Es verano, julio, y este pequeño pueblo de piedra de la montaña palentina recibe una vida que despierta del frío invierno, gente que viene y va buscando la naturaleza, veraneantes lejos del reloj y la televisión, del colegio y los trabajos, y yo con ellos huyo también de lo inmediato, del móvil, de tanta información que no es conocimiento, de tanto dato innecesario. Voy andando hasta la plaza y me siento con un café bajo los pórticos, abro un libro y lo leo despacio. «Las palabras son pájaros», decía Cortázar, y yo dejo volar el tiempo por las hojas y las palabras hasta la cima del Almonga. En algún momento de la vida perdemos la capacidad de vivir en calma, tenemos demasiado ruido, demasiadas guerras, demasiados desacuerdos..., demasiada prisa. Vuelvo al pueblo de mi padre cada vez con más frecuencia y siento que aquí necesito menos porque tengo más, más vida, más capacidad de disfrutarla.
Mikel Astigarraga Capa. Donostia-San Sebastián.
La mano de mi abuelo
Casi 88 años, con alzhéimer, me pide la mano, comenta que está calentita y, a continuación, me dice: «Si necesitas algo, pídemelo, que si está en mi mano... ya si no está... (hace uno de sus típicos gestos, acompañado de una sonrisa), pero sí, claro, ¿por qué no va a estarlo?», dice. Y, como le viene sucediendo hace años, le brillan un poquito los ojos al decirlo. Y ahí está, mi abuelo, ofreciendo su cariño y lo que haga falta a su nieta. Luego sigue hablando, mensajes casi siempre indescifrables, ideas inconexas, situaciones que están en su cabeza... Respondo a sus preguntas, inventándomelas yo también; intento seguirle la corriente, aunque, con frecuencia, él cambia de situación antes de entender mi respuesta. Y sigue hablando, ya de otra cosa, algunas palabras solo las balbucea, otras las busca y no las encuentra. Y, sin embargo, cuando pidió mi mano, habló claro, pronunció claro, había lucidez. También conserva el humor. Y en esos momentos, cuando te coge la mano o se ríe contigo con complicidad, se recobra por unos instantes la comunicación más humana. En esos momentos es el mismo de siempre.
Margarita Ibáñez Ibáñez. Granada
Por qué la he premiado… Por mostrar con tanta belleza la persistencia del amor.