EL BLOC DEL CARTERO
Grises
Llevamos varios años en los que una y otra vez suben a las tribunas personas que plantean como mínimos e irrenunciables unos postulados que resultan extremos e imposibles de aceptar para muchos de sus conciudadanos. Cuando se les pide que reparen en ese obstáculo –nada nimio–, estas personas se limitan a encogerse de hombros. El empuje de la Historia, que suelen creer de su parte, ya lo apartará, rodeará o apisonará. Si llegan a contemplar la posibilidad de un diálogo, no tiene más objeto que estipular cómo se saldrán con la suya. Si se les propone alguna fórmula para aflojar la tensión, empuñan fuerte su llave inglesa para apretarla hacia su lado particular. Nos faltan tonos grises, que como sostiene nuestra carta de la semana, es el color donde suceden la paz civil, la convivencia y el progreso.
Cartas de los lectores
Raro
Hace unos días un buen amigo me llamó 'raro'. No es la primera vez que me lo dicen, y no será la última, supongo. Solía ... sentir una sensación extraña, hace tiempo que no. Esta vez sucedió tras rechazar una invitación de boda. Intenté hacer saber con cariño que no me apetecen eventos de este tipo ahora mismo, y lo acompañé con un detalle. La verdad es que podría haber utilizado cualquier tipo de excusa. Supongo que es lo habitual. También he recibido este adjetivo cuando explico que me suelo levantar a las seis de la mañana para hacer deporte antes de ir a trabajar. O cuando he ido solo a un viaje o a un concierto. O cuando hablando del amor explico que sigo queriendo a exnovias o a buenos amigos que la vida aleja, porque siempre los llevo en el corazón. En el momento que uno se sale de lo habitual, o de lo que se supone que debes decir, hacer o sentir, la sociedad cuestiona, entiendo que por miedo, preguntándose «¿pero eso se puede?». Tengo ya una mediana edad y la suerte de haber encontrado en el camino grandes 'raros', cuyo ejemplo te permite no sentirte mal cuando te lo llaman. Ojalá siga manteniendo cerca siempre personas así, capaces de decir verdades a la cara, de ser educadas y respetuosas, de amar sin rencores, de ser libres.
David González Castillo. Cantabria
Blair y García
Eric Blair y Luis García no llegaron a conocerse, pero vivieron historias paralelas. Blair acudió a España como voluntario en las Brigadas Internacionales, decidido a matar españoles que no pensaban como él. García se apuntó voluntario en la División Azul y llegó a la URSS decidido a matar soviéticos. Ambos creían en matar para defender la libertad, sin ser conscientes de que sus respectivas ideologías obliteraban esa misma libertad que querían defender. El uno servía a la ideología comunista y el otro, a la fascista. Blair, al ver la atrocidad de los comisarios comunistas en el frente, y la barbarie y la anarquía que reinaban en Barcelona durante la guerra, despertó de su sueño. García, al descubrir que los únicos soviéticos eran los mandamases del régimen, y al escuchar lo que se comentaba sobre el exterminio de judíos, descubrió que la libertad solo se consigue desde la libertad. Años después, Blair, convertido ya en George Orwell, escribió Rebelión en la granja y 1984, ambas distopías con las que trató de avisarnos sobre la inhumanidad y la atrocidad comunista. García, convertido en Berlanga, caricaturizó al régimen en Bienvenido, Mr. Marshall y el cainismo español en La vaquilla. Lo verdaderamente desalentador y trágico es que habiendo hecho lo mismo, Orwell era bueno y Berlanga, malo, hasta que el Muro cayó y se vieron los cadáveres de aquellos que murieron tratando de saltarlo. España, primero durante la dictadura y luego con sus gobiernos socialistas, ha sido el único Estado del mundo que ha premiado a extranjeros por matar a sus nacionales. ¡Qué vergüenza!
José María Lorente Hernandis. Valencia
La nueva jornada reducida
Lo cierto es que no sé si alegrarme o preocuparme por los trabajadores de Telefónica ante el anuncio que la compañía ha hecho de implantar un proyecto piloto de nueva jornada laboral de cuatro días, 32 horas semanales, con la consiguiente reducción salarial por los días no trabajados. Pese a que la iniciativa cuenta con el visto bueno de CC.OO. y UGT, los empleados que se acojan al plan en otoño tendrán que hacerse estas preguntas: ¿esto lo hace mi empresa para favorecer la conciliación familiar, el teletrabajo o porque en un futuro busca reducir personal? Yo me quedo con la más agorera. El pasado año las acciones de Telefónica cayeron casi un 52 por ciento. En septiembre su abultada deuda rozaba los 44.800 millones de dólares, por lo que tuvo que vender sus Torres de comunicaciones en Europa y América Latina a American Tower Corporation. Sus filiales en Latinoamérica (Hispam-Telefónica) crean pérdidas. Estos datos tan sombríos llevan a pensar que lo que pretende Telefónica con la jornada de cuatro días semanales es una reducción de plantilla…
Jon García Rodríguez. Bilbao
El gris
El blanco y el negro no son colores de ninguna verdad, el gris, sí: el de las soluciones. Soy catalán y no entiendo que el odio por una parte de los ciudadanos venga provocado por los políticos. Mi abuelo, como muchos, luchó por una paz que estaba secuestrada por una dictadura y que no excluía a nadie por ser de donde fuera ni hablar el idioma que hablara. Solo entiendo esa paz como principal argumento para que todos vivamos más tranquilos. Y podamos ver soluciones donde hoy solo vemos conflictos. En política no debería haber ni ganadores ni perdedores, los políticos deberían ser juzgados por su capacidad de dialogar para que los proyectos beneficiaran a los ciudadanos. ¿Se dialoga en España? Creo que hay demasiado odio y que desde el odio no se pueden tomar decisiones que nos beneficien a todos. Es un buen momento para hacer una profunda reflexión sobre el dolor que provocan las malas decisiones. Y empezar a querernos más. Y aunque para muchos puedan parecer cursis mis palabras, recordarles que quererse es más beneficioso que odiarse. El odio solo trae lágrimas y este país y su historia ya han llorado demasiado.
David Creus Carrasco. Mollet del Vallès (Barcelona)
Por qué la he premiado... Por invitar a esa reflexión tan en desuso, y que exige a la vez ingenuidad y valentía.