EL BLOC DEL CARTERO
Horror
Cuando alguien decide privar de la vida a un ser humano que está a su merced y al que habría debido cuidar, solo caben el ... silencio, la piedad y el horror. Podemos, si acaso, como apunta una de nuestras lectoras, reconocer con gratitud que vivimos en una sociedad que no regatea esfuerzos para averiguar lo sucedido y ofrecer a la madre de las víctimas el mínimo consuelo de la certidumbre a la hora de afrontar su duelo. Puede parecer poco, pero en otras sociedades esa consideración no existe o directamente no se la pueden permitir. Pensando en el futuro, y como nos dice otra lectora, importa atender el reto de construir una educación que contribuya a crear ciudadanos respetuosos de la dignidad del prójimo y capaces de asimilar las frustraciones que les deparará la existencia. Una asignatura aún pendiente.
LA CARTA DE LA SEMANA
Desde el momento del diagnóstico de una enfermedad potencialmente mortal, o sea, de «puede que sí, puede que no», médicos y profanos, amigos y los que no lo son, regalan siempre el consejo, nunca pedido, del carpe diem, vive el momento. Es entonces cuando, al sentir la congoja y el come-come que te produce la frasecita, eres consciente de que son los planes y los recuerdos, las reflexiones sobre lo vivido y sobre lo que vendrá, lo que te mantiene firme como ser humano. Te repiten que vivas cada día como si fuera el último, cuando alcanzas justo entonces a comprender que quieres vivirlos, todos y cada uno, como si fuera el primero. Con toda la inocencia, con todo el corazón.
Teresa Rivera. Urduliz (Bizkaia)
Por qué la he premiado… Porque quizá sobrevaloremos la astucia, y sea esa inocencia la inteligencia verdadera.
La peor noticia
Mi bebé de ocho meses duerme regular, hay noches que se despierta hasta diez veces. La madrugada del 11 de junio no me ha importado oírlo llorar, ir rápido a su cuna y calmarlo. Cada vez que lo acunaba le daba incluso un abrazo más fuerte. Esa noche nos acostamos con la peor noticia: ya no hay esperanza para Anna y Olivia. Y, como muchos, no he podido dormir de la pena, pensando cómo puede esa madre seguir respirando, qué podemos hacer como sociedad para que esto no vuelva a ocurrir. También siento orgullo por vivir en un país que ha dedicado recursos ingentes durante semanas para no dejar este crimen sin resolver. Tal vez lo único peor que este final sea no saber nunca qué les ha pasado a tus bebés.
Covadonga Baselga. Zaragoza
El decimosexto reto
Como docente, concuerdo con los Quince retos de la educación que Fernando Goitia propone en su artículo del XLSemanal 1755. Resulta abrumadoramente evidente la necesidad de alcanzar objetivos prioritarios como la personalización de la educación, la formación del alumno como 'ciudadano' y no mera unidad de almacenamiento de datos o la educación emocional que permita resistir en un mundo cada vez más intolerante a la frustración. Si bien aspectos como la reducción de la burocracia y la mejora de la remuneración del profesorado ayudarían mucho, observo, con resignación y abatimiento, que seguimos olvidando una de las metas esenciales para lograr las demás: la reinstauración del respeto por la labor docente. Me viene a la mente una tira cómica de hace años en la que se comparaban la educación de los años sesenta y la de hoy. En la primera viñeta, la profesora y los padres, frente al alumno, le pedían explicaciones por la pobreza de sus resultados; en la segunda, los padres y el alumno, enfrentados a la docente, reclamaban notas en mano. Tristemente, este es aún nuestro pan de cada día. Si pretendemos seguir la estela educativa de Finlandia, Japón o Corea del Sur, debemos adoptar no solo sus innovaciones metodológicas, sino la puesta en valor de la figura del profesor, y convertirla así en el decimosexto reto (o quizá, el primero).
Clara Magdaleno González. Poio (Pontevedra)