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El bloc del cartero

Incendiados

Lorenzo Silva

De fuegos varios hablan nuestros lectores, pero es uno de ellos, el que se lleva por delante no sólo nuestros bosques y espacios naturales, sino cada vez más casas y con ellas los recuerdos y los sueños de las personas que vivían en ellas, quien tiene todas las papeletas para ser el asunto del verano. Lo favorece el cambio climático, que algunos siguen ridiculizando con chistes que cada vez tienen menos gracia y que dan ganas de invitarlos a que monten su tablado cómico, a eso del mediodía, en ya casi cualquier capital española: pocas van a quedar sin ver el número 4 mandando en sus termómetros. Pero no menos lo favorece el abandono, la descoordinación, la infradotación y el enfoque catastrófi co –se actúa sólo ante la catástrofe ya iniciada–. O espabilamos, o a disfrutar de la ceniza.

Cartas de los lectores

Un cuadro apocalíptico

Dieciocho de julio de 2022, me levanto de la siesta empapado en sudor, treinta y tantos grados a la sombra. Salgo a tomar el aire, ... pero en el umbral de la puerta dudo entre entrar o salir: el aire es irrespirable, inmóvil, denso y con olor a tizón humeante. Una fi na lluvia de pavesas siembra el suelo. Una canícula espesa y plomiza acorta el horizonte. El sol apenas se hace visible en un pequeño disco luminoso, y sus rayos apenas atraviesan la pesada atmósfera. La luz, tenue y amarilla, completa un cuadro apocalíptico cuyo origen es la combustión de los bosques de media España. Nueve de cada diez incendios forestales son provocados. Un efecto más de las agresiones que el ser humano causa a la naturaleza y a nosotros mismos.

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