EL BLOC DEL CARTERO
Irresponsables
La carta de un lector nos invita a preguntarnos si hemos extendido el círculo de la irresponsabilidad o, visto a la inversa, restringido el elenco de los que responden de sus actos por encima de nuestras posibilidades. Puede aceptarse que no respondan los menores de edad, pero que haya adultos que desencadenen o fomenten estragos y se pongan de perfil sin que nadie les pida jamás cuentas es una contraproducente invitación a que no dejen de incitar al destrozo de lo ajeno. Y es razonable que por las tropelías de los legalmente irresponsables se haga responder a sus progenitores o tutores, pero quizá eso no agota la diligencia para evitarlas, porque no solo de ellos reciben ejemplo, bueno o malo. Hay quienes desde el lugar de la autoridad han simpatizado con el vandalismo. Y ahora nos pasan a todos la factura.
Cartas de los lectores
• Hispanidad
Hoy que tan de actualidad está la famosa leyenda negra española y con motivo del Día de la Hispanidad, cabe ser justos con el papel ... de los españoles en los años del descubrimiento. Hombres valerosos que dejaban todo por un futuro; basta con ver el tamaño de las carabelas con que cruzaron un océano a ciegas. Hombres de un tiempo donde la dicotomía era quedarse a ser pobre o salir a buscar fortuna. Navegar, fundar ciudades, legar un mundo nuevo. Se cometieron injusticias vistas con nuestros ojos, sí, pero no más que las que de otros países en sus colonizaciones. Solo un dato: el 87 por ciento de la población de México tiene sangre indígena; en los americanos del norte, apenas el 1 por ciento. El Día de la Hispanidad debería reconocer por ello cuanto nos quedó gracias a aquellos hombres.
Nacho Aranda. Madrid
• La banalización del daño
El que por acción u omisión causa daño a otro está obligado a reparar el daño causado. Y si el que lo causa es irresponsable (menor, pupilo, dependiente; no se habla de políticos) responde el padre o principal. Artículos 1911, 1902 y 1903 del Código Civil. Literatura de calidad. El daño comprende tanto el roto (daño directo) como el descosido (lucro cesante). Se está tratando el daño por alboroto fuera de control (prusés, botellón) solo desde el punto de vista del Derecho Penal, la rama más sentimental y menos jurídica del derecho, cuyo contenido es manoseado por los ilustres tertulianos que nos entretienen con sus autorizadas opiniones y con el desprecio de los políticos al trabajo duro y serio de los jueces que se ocupan del tema. ¿Pero qué pasa con el dueño de la tienda cuyo escaparate ha sido destruido por una acción violenta? ¿Contra quién dirige su acción para cobrar algo que se le debe tan lícitamente como el derecho a cobrar una pensión, un salario, la renta de un fondo? ¿Habría que añadir al artículo 1902, además de los padres, guardadores..., a los estúpidos que irresponsablemente banalizan el daño e incluso afirman que la violencia puede ser «una inversión rentable» para conseguir sus propósitos? Si el pago de la deuda económica se exigiese con el rigor del recibo del IBI, la banalización de las consecuencias de la violencia se reduciría.
José María Badía Gascó. Zaragoza
Un saludo
No dejemos de saludarnos. La COVID no debe robar nuestras buenas costumbres. Si no es posible hablarnos en el ascensor, hagámoslo en el pasillo o en espacios de entrada al edificio. Que ningún vecino sea un desconocido. A mí, que soy de pueblo, y habituada al saludo cariñoso de los vecinos y visitantes, hace unos días me causó tristeza cruzarme en la calle con personas que no solo no supe quiénes eran, sino que tampoco 'hablaron'. Ese 'hola', 'buenos días' o 'cómo estáis', tan común en las zonas rurales, no debe perderse. Hoy, unas personas para mejorar su calidad de vida y gracias al teletrabajo se han trasladado a vivir a localidades pequeñas, otras vienen de sus países por diferentes causas y sobre todo por cubrir sus necesidades básicas. No sé cómo, pero hay que recuperar la convivencia y buena armonía que tenían nuestros mayores. Es muy positivo para nuestra salud mental. Esa relación tan familiar que ha predominado en nuestros pueblos no podemos perderla. Con buena voluntad debemos esforzarnos todos, unos en acoger y otros en querer ser acogidos. Empiezo yo la tarea enviando un saludo a todos los lectores.
J. M. Martínez. Burgos
Por qué la he premiado… Porque en las pequeñas cosas empiezan a remediarse –o a arruinarse– las grandes.