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El bloc del cartero

Juguetes

Lorenzo Silva

Entona uno de nuestros lectores una elegĆ­a por los jugueteros y los juguetes, esos objetos de los que entre nosotros cada vez menos niƱos se sirven durante menos aƱos. La virtualización de la existencia tambiĆ©n los alcanza a ellos: aun si sus padres retrasan la edad del primer móvil, les salen al paso tabletas y otros artilugios, con los que incluso en la escuela les sirven las enseƱanzas. El mundo apantallado tiene una ventaja: es dócil, obedece al capricho del usuario –al menos a priori– y no estĆ” sujeto a las limitaciones innumerables de la realidad. Permite incluso abolir las mĆ”s odiosas de todas las leyes, las de la fĆ­sica, esas que se ceban inmisericordes con nuestros pellejos y nuestras osamentas. La pregunta es si quien no jugó de niƱo con juguetes tangibles sabrĆ” aceptar de adulto el drama cierto y sólido de la vida.

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¿Por qué corremos tanto?

Este es un canto desesperado al contarme un amigo juguetero que su profesión ya no ... es rentable. Juguetero es una de las pocas palabras que no tiene sinónimos en nuestro idioma; tampoco sustituto, ni él ni lo que vende o fabrica. La razón por la que no es viable su oficio es que ya solo se venden juguetes hasta los 7 u 8 años. Cada vez hay menos niños y lo son menos tiempo. Yo tengo recuerdos de inventar historias con mis Playmobil o montar el Scalextric hasta el doble de esa edad. ¿Por qué corremos tanto? ¿A dónde queremos llegar? Un niño que no juega tiene muchas posibilidades de convertirse en un adulto sin imaginación y sin capacidad de improvisación. Los países nórdicos han concluido que estaban equivocados al introducir tanta tecnología en las aulas y han vuelto a los libros en papel. A toda costa quieren fomentar la lectura, que consideran el mejor obsequio que se le puede hacer a un niño. España todavía no se ha enterado y continúa en su carrera por tecnificar sus aulas. Los niños solo tienen un defecto: quieren ser mayores e imitarlos. A una niña le llama mÔs la atención una tablet que una muñeca, porque la tiene su madre o su padre, no porque le divierta mÔs. Mi hija de 4 años habla de si algo es caro o barato, concepto que solo yo de manera descuidada le he podido transmitir, pero, cuando se despista, sale su verdadero yo y canta a grito pelado por la calle y pregunta, pregunta muchísimo, cosas tan obvias y cotidianas que son dificilísimas de responder. Ella ve el mundo desde cero, lo ve como un juguete. Ella quiere ser como yo, y yo solo quiero ser como ella.

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