El bloc del cartero
Kioscos
Nuestra carta de esta semana entona una elegĆa a esa vĆctima de la modernidad que es el viejo y entraƱable kiosco (o quiosco). Los que peinamos alguna que otra cana tenemos asociados a ese humilde figurante urbano multitud de gratos recuerdos. El lector que firma la carta evoca los suyos, pero quienes la lean tendrĆ”n en mente otros, vinculados a esa modesta adquisición que el kiosco nos permitĆa a un precio asequible y en la que cifrĆ”bamos nuestra ilusión semanal. Un tebeo, unos cromos, una chucherĆa o, con suerte, las tres cosas a la vez. Y luego revistas, y libros, y esos fascĆculos que, acompaƱados o no por objetos variopintos āfiguras, miniaturas, lĆ”minasā, ponĆan a prueba nuestra perseverancia. Llevamos camino de que todo sea un reflejo espectral en una tableta. Sin olor, sin sabor, sin alma, sin nada.
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titulosecundario titular="Las cartas de los lectores
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Salud mental, Āæsalud social?
EstĆ” de moda hablar de la salud mental. De lo que no se habla demasiado ... es de las causas de esta otra 'pandemia': las causas sistĆ©micas, que sin dudas las hay y muy poderosas. Solo se habla en tĆ©rminos personales, individuales y correctivos: cómo mejorar la atención, cuĆ”ntas dotaciones hay y se necesitan, pero casi nunca se habla en tĆ©rminos preventivos, de atajar esas causas que reducirĆan esas alarmantes cifras. Es evidente que ir a las causas bĆ”sicas atenta contra los principios intocables del capitalismo imperante y, por tanto, Ā«eso no tocaĀ». Canta SoleĆ” Morente en su tema Baila conmigo: Ā«Deja de hablar del sistema, el sistema no tiene la culpa de todas tus penasĀ», y quizĆ” tenga razón y no, no la tenga de todas, pero sĆ tiene bastantes mĆ”s de las que se le atribuyen. ĀæSerĆa posible que actuando en cuestiones sociales de fondo no se necesitara tratar individualmente a tanta gente por problemas mentales? ĀæEn quĆ© proporción los problemas de salud mental se deben a causas sistĆ©micas estructurales en las que no se permite actuar porque esa actuación pondrĆa en cuestión el propio sistema? ĀæAlguien cree que tantos y tantos niƱos y jóvenes estĆ”n en esta situación por cuestiones puramente personales? ĀæNo tendrĆ” algo que ver el estrĆ©s a que se los somete, la competitividad constante y el individualismo que se cultiva desde todos sus Ć”mbitos de actuación: escolar, familiar, socialā¦?
Alberto. Oviedo
Los niƱos juegan, no molestan
En la misma semana, dos amigas me han contado que sus vecinos se han quejado porque oyen a sus hijos desde su casa y les resulta molesto. En uno de los casos es un niƱo, hijo Ćŗnico, que durante la semana va a la guarderĆa de nueve a cinco y, por las tardes, siempre un rato al parque. Pero, claro, tambiĆ©n corretea por el pasillo y juega en casa (lo esperable y normal) y a las nueve de la noche ya duerme. En el otro caso son tres niƱos: pasan la maƱana en el colegio y la tarde en casa, y van al parque siempre que su madre puede llevarlos, ya que vive sola con ellos. Se duermen pronto y los fines de semana hacen muchos planes en el campo, pero sus vecinos se quejan cada vez que la ven, alegando que cuando los visitan a ellos sus nietos no hacen tanto ruido. ĀæQuĆ© mundo estamos creando que nos quejamos de oĆr a los niƱos jugar? Alucino con este mundo adultocentrista. Toleramos ruidos nocturnos que quedan fuera del libre desarrollo de la personalidad y del derecho al juego, como las molestas persianas de los bares, los adultos que hablan alto con el móvil, los televisores a toda pastilla de muchos vecinos, Āæy los niƱos molestan por jugar en su casa y en horario de niƱos? No todos los niƱos tienen terraza o jardĆn, algunos solo un pasillo para corretear en casa. Dejemos a la infancia jugar y a los padres criar. Algunos parecen haber olvidado que tambiĆ©n fueron padres con niƱos pequeƱos, y otros, que un dĆa fueron niƱos.
Arantxa SolĆs QuĆlez. Valencia
Vivir mejor que nuestros padres
Actualmente, la juventud (y yo soy del 2000) vivimos en la convicción de que viviremos peor que nuestros padres. El acceso a la vivienda parece algo reservado a la generación que ya tiene varias, y el futuro en mucho otros aspectos, se nos ha vendido oscuro desde pequeƱos. Tan interiorizado tenemos ese recelo hacia lo venidero que estamos captando como amenazante y destructora la Ćŗltima innovación tecnológica. La revolución de la Inteligencia Artificial trae consigo, como toda revolución, una ola de oportunidades. Aunque nos empeƱamos en verla como cierta ola tailandesa de 2004. Y es que, si desde lo polĆtico nos centramos en las medidas realmente importantes, podemos anticiparnos y adaptar en favor de la calidad de vida del trabajador el incremento en la productividad que conllevarĆ”n las herramientas basadas en IA. Exigiendo modelar la jornada laboral entendiendo este nuevo escenario (con 32 horas semanales, por ejemplo) e implementando medidas respectivas al teletrabajo, podrĆamos ser la generación no solo con mĆ”s opciones de ocio y entretenimiento, si no la que mĆ”s tiempo tendrĆa para disfrutarlas de la historia. Desgraciadamente, esto requerirĆa de una agilidad y valentĆa polĆtica que dudo mucho que lleguemos a ver. Por el momento podemos estar seguros de que no serĆ” asĆ antes del 23 de julio.
Lorenzo Fenoll Gil. Legazpi (GuipĆŗzcoa)
Descansa en paz
MerecĆas tu homenaje, aunque no lo vayas a leer. Son mĆ”s de cuarenta aƱos viĆ©ndonos, tĆŗ siempre en el mismo lugar. Lugar de encuentros, de alegrĆa, de olor a papel, la puerta de entrada a un mundo de ilusión Ćŗnico. Mi primer recuerdo de ti es ir a visitarte de la mano de mi padre, a por los tebeos de Mortadelo y Filemón, mi primera lectura. Desde ese dĆa, nunca dejĆ© de ir a verte ni de leer. DespuĆ©s vinieron los coleccionables, que me permitĆan ir a recoger mi trocito de ilusión semanal. MĆ”s tarde empecĆ© con las revistas, que me fascinaban. Cuarenta aƱos despuĆ©s, seguĆas siendo la excusa ideal para pasar un buen rato con mi padre, solo que ahora era yo el que lo llevaba de la mano a verte. Lo Ćŗltimo que me has dejado disfrutar es un nuevo tomo de una colección de cómics, el nĆŗmero 36, aunque es lo de menos: ahĆ me pienso quedar, no la buscarĆ© en Internet, como muestra de respeto a todo lo que nos has regalado. Hace unos dĆas supe que no volverĆ”s a abrir tus puertas porque un virus mortal que se llama 'digitalización' ha acabado contigo. Curioso esto de la era tecnológica: busca una sociedad cada vez mĆ”s avanzada y crea una cada vez mĆ”s frĆa, vacĆa y distante. Descansa en paz, kiosco de prensa de mi barrio.
RubĆ©n Carlos MartĆnez Sierra. SeseƱa (Toledo)
Por qué la he premiado⦠Porque no muere del todo lo que llevamos en el corazón y atestiguamos con nuestras palabras.