EL BLOC DEL CARTERO
¿Libertad?
Se preguntan nuestros lectores por los límites de la libertad de expresión, y sobre si cada cual mira a la postre, para establecerlos, por sí ... y sus ideas, y nunca por las de quien piensa diferente. ¿Tienen derecho a expresar libremente J. K. Rowling sus reticencias en cuestiones de género, el rapero Pablo Hasél su repugnancia hacia la monarquía o las fuerzas de seguridad y su simpatía por los terroristas, o los del chat de militares jubilados su aborrecimiento por el Gobierno y su arrobo hacia la figura de Franco? Son tres ejemplos que nos ofrecen los propios lectores y que dan al menos para un instante de reflexión. ¿A partir de qué punto la libertad de decir equivale a una licencia para dañar? ¿Es la jauría en redes o la cárcel la respuesta para quien abusa de ella? ¿Son solo los otros los que deben enmudecer?
LA CARTA DE LA SEMANA
En el mes de marzo del pasado año comprendí que se había declarado una guerra. No podía imaginar que cada día se estrellaría un avión atacado por armas invisibles y que matarían a cuatrocientas o quinientas personas, sin distinción de clase, raza, país, sexo o edad. Los accidentes aéreos, afortunadamente, se venían produciendo muy de tarde en tarde, pero ahora estaba ocurriendo a diario, cada día se estrellaba un avión lleno de pasajeros inocentes. Esos ataques empezaron muy lejos, y parecía que España estaba a salvo, al margen de esa catástrofe, y las autoridades se confiaron no dando mucha importancia a esos ataques, pero poco a poco empezaron a derribar aeronaves en España también. Era horrible. Yo no podía quedarme sin hacer nada. Sentí miedo, pero tenía que ayudar de alguna forma a toda esa gente que estaba sufriendo, que moría, y por ello me presenté voluntario. Moría tanta gente que los ataúdes se apilaban, los heridos eran tantos que los servicios médicos no daban abasto, e incluso muchos de ellos también murieron en el frente. Quería ayudar, había tantos heridos, tantas bajas que todas las manos eran pocas para parar al enemigo… y presenté una solicitud para ir al frente. No me llamaron. Tengo 63 años, estoy en plena forma, pero soy prejubilado de la Policía Nacional y me consideran viejo… y no pude ayudar, y el enemigo, la COVID-19, siguió atacando y matando. Lo siento.
Juan José Mestanza García. Alhaurín de la Torre (Málaga)
Por qué la he premiado… Porque hace falta, aunque duela, mirar alguna vez las cosas desde el peor ángulo.
Prohibido discrepar
Leo en XLSemanal cómo han linchado públicamente a J. K. Rowling por expresar su opinión y defender en Twitter a otra mujer, linchada también por la misma razón. Tendemos a autocensurarnos acallando algunas de nuestras opiniones con tal de no ser apaleados en público. Se intuye un miedo a, como se dice en el artículo, no resultar suficientemente concienciados o no estar situados en el 'bando correcto'. Parece que hay que tragar con que nos llamen 'personas que menstrúan' en vez de 'mujeres' o que nos declaren culpables en un juicio por llamar 'hombre' a un hombre, como le ocurrió a Maya Forstater, que defiende que «el género es un hecho biológico». ¿No podemos discrepar? ¿No son todas las expresiones e ideas dignas de amparo constitucional o al menos de debate y no de escarnio? Parece ser que no, y de esta manera los maliciosos, los extremistas, los ingenuos, los incultos y sobre todo los intolerantes imponen su criterio y elevan sus voces con un poderío dictatorial impropio de una sana democracia. Vivimos malos tiempos, tiempos de pandemia y de intolerancia de cerebros que involucionan hacia la estupidez más primaria, si se puede decir, ¡claro!
Amparo Girón Sellés. Correo electrónico
Barbaridades
Una parte importante de la sociedad opina que las letras de las canciones del rapero Pablo Hasél y otros entran dentro de la ya tan manida 'libertad de expresión'. Cualquiera puede investigar en Internet las barbaridades que han salido de la boca de este 'poeta'. Por otra parte, es más que probable que todos, o una gran mayoría de quienes daban su apoyo al rapero, se echaran las manos a la cabeza ante las no menos bárbaras declaraciones que unos militares ya retirados pronunciaban en un chat privado, hace unos meses, como todos recordamos. Lo que no tiene sentido es que las canciones de Hasél deban admitirse como parte de la libertad de expresión, mientras que las conversaciones de los militares se califiquen de delictivas. ¿Qué opinarían todos aquellos que apoyan a Pablo Hasél si los militares se hubieran expresado a ritmo de rap? ¿Sería libertad de expresión? O existen dos varas de medir o hay quien pretende que aceptemos que el rap es un filtro purificador omnipotente. No, pulpo no es un animal de compañía.
Juan Carlos Almazán Quintana. San sebastián
Carta a una joven poeta
Estimada Amanda Gorman (joven poeta que recitó en la toma de posesión de Joe Biden): muy bien. Se agradece tu ilusión, tu optimismo. Incluso tu ingenuidad. Hablas de paz, de justicia, de llegar a la cima de la colina. Reivindicar, declamar obviedades de este calibre en pleno siglo XXI dice muy poco de nuestra especie. Un poema no alterará el resultado. Los Césares no leen poesía. Estoy con el insigne Geoffrey Hills cuando dice que la poesía es un triste y colérico consuelo. Yo añado, imprescindible. Pero no llego a más. Más allá de ese horizonte, la decepción. Recuerda, los Césares no leen poesía. Aun así, continúa, no ceses, nunca. Eres necesaria.
Francisco García Castro. Estepona
Las tabernas
Baltasar de Alcázar, en el siglo XVI, hace la loa de las tabernas. «Si es o no invención moderna, vive Dios que no lo sé, pero delicada fue la invención de la taberna». Un bar es la alegría de la amistad saboreando un café, una caña fresquita y bien tirada o paladeando un buen vino, la conversación que airea la pesadumbre del trabajo, el desahogo de las penas con la persona que te acompaña; también es la comunicación de noticias, chismorreos y confidencias. Un bar es taberna, club social y comedor imprescindible para los trabajadores que tienen agotadoras jornadas de mañana y tarde y carecen de tiempo para ir a comer a su casa. Cada cual puede, en esta dura crisis, echar de menos muchas cosas, pero muchos tenemos un importante vacío, que es la alegría y el calor humano de los bares. Y sobre todo hay que señalar que para vacío y drama el que están padeciendo las innumerables familias que viven y comen de la hostelería y de las pequeñas tiendas.
José Fuentes Miranda. Badajoz
AstraZeneca ante la ley
Ha de llevarla Europa. La prevaricación con las vacunas es un delito que debe conllevar la mayor de las penas, por conducir a la muerte a miles de personas de la UE. El engaño es asqueroso siempre, pero si con ello pones en riesgo la vida de los otros es asesinato, agravado por la premeditación y la alevosía de un acto planeado para enriquecimiento propio a costa de vidas humanas. Las vacunas compradas por Europa han ido, supuestamente, a Inglaterra, a los chupones que se van, pero se quedan. Colonizar es amoral, pero acaparar un mercado que ya no les pertenece es propio de gobernantes desalmados y pendencieros. Y las farmacéuticas que se prestan a engañar a unos para beneficiar a los otros han de pagarlo con indemnizaciones a los países afectados y con la cárcel de sus directivos. Europa ha de plantar cara a los desertores. Si quieren un brexit, han de agarrarse a él con todas las consecuencias. Enrique el malvado hace años que murió, pero los de ahora siguen queriendo guillotinar al resto del mundo porque siguen pensando que les pertenece. Llevan la colonización en la sangre, y ya va siendo hora de que alguien les plante cara de una vez por todas.
Xiana del Cabo. Correo electrónico
Buscando preguntas
Enzo tiene siete años. Le apasiona el fútbol y convierte cada día el pasillo de su casa en un estadio. También disfruta sentándose a dibujar y haciendo puzles. Quique tiene cinco años. Le gusta leer todo lo que cae en sus manos y colocar filas interminables de coches de juguete en su salón para inventarse mil y una historias. A los dos les encanta preguntar para llegar a entender qué les ocurre y lo que los rodea. Después de no poder salir casi a la calle, ver apenas a sus abuelas, intentar reconocer a sus amigos detrás de una máscara y, sobre todo, preguntar mucho, han comprendido y sentido que lo más importante es cuidarse y cuidar a las personas que quieren. Mientras Enzo y Quique juegan, sueñan e intentan comprender, los adultos que los acompañamos hemos perdido nuestra capacidad de preguntar para entender. La hemos sustituido por el ruido de las redes sociales, la comodidad de la obediencia y las certezas de nuestras rutinas. No somos capaces de imaginar otras maneras de vivir y naufragamos entre olas de virus, precariedad laboral y soledades, hasta casi ahogarnos. Hemos olvidado las preguntas, solo buscamos respuestas. Hoy llueve y estoy jugando en el pasillo de la casa de Enzo el partido decisivo de la liga. Entre jugada y jugada me pregunta, incansablemente, por mi jugador favorito, por mi comida preferida y por cómo está mi mamá. Hoy, además de contestar, entre gol y gol, voy a preguntarle, como haría Quique, por el último puzle que ha hecho y por cómo está su amigo Matías. Enzo y Quique tienen mucho que enseñarnos si estamos dispuestos a buscar las preguntas adecuadas y no las respuestas que esperamos. Se lo debemos.
Roberto Porras de Arriba. Gijón (Asturias)
Cosas que jamás creeríais
Hoy se me ha venido a la memoria la célebre frase del replicante Roy Batty en la película Blade Runner: «He visto cosas que jamás creeríais. He visto atacar naves ardiendo más allá de Orión...». Pues bien, yo también he visto cosas que no creerían. He visto a un conductor poner el intermitente al volver a su carril después de adelantar a otro vehículo. He visto a un joven caminando por la acera sin usar el teléfono móvil y apartarse para dejar paso a una pareja de ancianos. He visto a un cliente de una gasolinera devolver el saludo con una sonrisa de gratitud al empleado que lo atendía. He visto a un hombre pagar la cuenta de un restaurante con dinero en efectivo. He visto a unos niños acariciar la corteza de un árbol mientras correteaban felices en un parque. «Todos estos momentos se perderán en el tiempo cómo lágrimas en la lluvia». La era digital ha venido para quedarse. De nosotros depende el que la utilicemos en nuestro beneficio o, por el contrario, ella nos utilice a nosotros. Suerte.
Rogelio Vigo. Betanzos (A Coruña)