Nadie es más entusiasta de la solución bélica que quien no conoce la guerra, o la conoció pero la ha olvidado, o solo la conoce ... por encima o desde lejos. Hay algo siniestro en esta época donde los ataques los deciden personas que no se exponen en el campo de batalla y en muchos casos no lo han hecho jamás, a diferencia de otros tiempos donde los caudillos perecían al frente de sus tropas. Eso no evitaba la guerra, pero ponía un poco más difícil banalizarla. Que quienes deciden sembrar de misiles las ciudades lo hagan desde la certidumbre casi absoluta de que ninguno va a entrar por su tejado reduce la guerra a una especie de videojuego que los demás, los que no decidimos nada, presenciamos, con suerte, a distancia y sobrecogidos. Nada podemos hacer para impedirlo, solo podemos ahorrarnos jalearlo.
Vivo en Valencia. Es época de Fallas. Anoche, algún inconsciente se dedicó a tirar petardos a las tres de la madrugada. Nunca he vivido una guerra. Pero intenté imaginarme el barrio reducido a escombros y se me llenó la cabeza de imágenes que habían ido proyectándose en las noticias mientras aquí comíamos paella. Y pensé en mi abuela, que de pequeña había tenido que refugiarse en el pueblo. Y en las historias sobre escasez, sobre familiares muertos, independientemente del bando… y luego pensé en Donald Trump, empeñado en que no somos un buen aliado para la guerra. No lo somos, señor Trump, porque recordamos que de ella no salen naciones vencedoras, solamente individuos que engrosan sus bolsillos. Porque hemos avanzado en libertades que tras una guerra seguramente perderíamos. Y porque antaño no existían las redes sociales –los alemanes y su «no sabíamos nada…»–, pero ahora ya no hay excusas. Vemos el horror sin diferidos. Y si no movemos un dedo para frenarlo, como mínimo no apretemos ningún gatillo. No es comodidad, sino conciencia. Desde niños nos enseñan que el diálogo es lo que nos distingue de los animales. Y será un fracaso participar de la forma que este showman pretende, porque significará que hemos vuelto a tropezar con una histórica piedra. Se acabarán los domingos de paella. Las celebraciones de Fallas. La alegría… Y nadie volverá a conciliar el sueño, preguntándonos cómo dejamos que, en lugar de meros cohetes, las granadas enlutaran este cielo repleto de estrellas. | Angélica Yuste Mascarós. Valencia.
El mundo navega a la deriva, hoy más que nunca, y todo por obra y gracia de un lunático que ostenta la jefatura de la primera potencia mundial, que parece haberlo confundido con ser Dios. Dentro de la gravedad de los hechos, oímos a políticos que sostienen que lo hace en pro de los derechos humanos. Me pregunto cómo si el señor Donald Trump no respeta los derechos humanos en su propio país, saltándose todo tipo de leyes propias e internacionales, pueden importarle un comino los derechos humanos en ningún otro lugar del planeta. No quieran confundirnos: los hechos no se pueden maquillar a golpe de tuits. A Trump solo le importa Trump, y nadie más. Únicamente busca sus propios intereses, ya sea en Venezuela o en Irán, o en cualquier otro país que decida invadir mañana: ahora quiere el petróleo; mañana, a saber... Bajarse los pantalones, y hacerle una reverencia a este señor, no es una opción. Si cree que España es un país terrible, más terrible es tener al peor presidente de todos los tiempos, que lleva camino de iniciar una tercera guerra mundial. | Begoña álvarez L. Bilbao.
Llegará un tiempo, querido Sancho, en el que las gentes de esta tierra estarán ciegas a aquello que pisan y ven; perderán la vida en labores mal retribuidas, envidiarán al vecino por un poco de tierra, odiarán las letras y a los hombres cultos, perderán el ansia de librar batallas contra la injusticia, huirán del lugar que los vio nacer en busca de un éxito quimérico, ya no morirán de amor, sino por su carencia y de soledad, mitigarán sus penas siguiendo a voceros mentecatos y aprovechados, violentarán hembras en lugar de protegerlas y conquistarlas, perseguirán al foráneo cual bicha venenosa, y perderán la vida en cuitas vacuas y en irreales metas. Qué suerte la tuya, fiel Sancho, que morarás ausente en tu Ínsula Barataria, y qué tristeza mi destino incierto, que no me permitirá seguir fustigando a Rocinante y arremeter con fuerza contra aquellos gigantes que proclamarán mentiras como verdades. | Víctor Calvo Luna. Valencia
Más de un tercio de los españoles pasa más de dos horas al día en redes sociales y siete de cada diez superan el tiempo que los neurólogos consideran saludable. Hemos sustituido muchas relaciones físicas por vínculos tecnológicos, siempre conectados, pero cada vez más solos frente a una pantalla que nos reclama atención constante. Los especialistas advierten de que superar las dos horas diarias de redes ya es un abuso que incrementa el riesgo de ansiedad, depresión, insomnio y problemas de concentración, especialmente entre los jóvenes. Al mismo tiempo, millones de personas viven acompañadas principalmente por una mascota, que aporta consuelo y reduce la sensación de soledad, hasta el punto de equiparar el bienestar de algunos dueños solteros al de quienes tienen pareja. Entre mascotas (más que menores de quince años) y redes sociales estamos alumbrando un nuevo ser humano: menos rodeado de familia y vecinos, más rodeado de notificaciones y afectos delegados en animales de compañía. ¿Qué tipo de sociedad construiremos si las relaciones cara a cara se vuelven excepción y el refugio emocional se busca sobre todo en la pantalla y en el hogar? Tal vez ha llegado el momento de preguntarnos si este modelo de vida hiperconectada no nos desconecta, precisamente, de lo más humano. ¿Tendremos una revolución hacia lo humano? | Pedro Marín Usón. Zaragoza
Hay oposiciones que no terminan cuando se aprueban. La convocatoria de la Administración de Justicia aprobada por la Orden PJC/64/2024 celebró su último ejercicio en septiembre de 2024, en una jornada con tres pruebas consecutivas: dos tipo test eliminatorios y un tercero que solo se corrige si se superan los anteriores. Un esfuerzo concentrado en horas. La resolución ha seguido otro ritmo: el 19 de febrero de 2026 se publica en el BOE la relación de aprobados, aún sin toma de posesión. Más de un año y medio después. La paradoja es evidente: en la era de la inmediatez digital, el opositor demuestra precisión en unas horas y paciencia durante meses —o años—. Aprobar deja de ser el final del camino para convertirse en una espera. Cuando el estudio dura años y la respuesta tarda otros tantos, uno no puede evitar pensarlo: se te quitan las ganas. | Pedro J. Soto Santos. Ablitas (Navarra)
¿Por qué la he elegido…? Porque nos habla de cómo se extingue un mundo: desasién-dose, vencido, de sus hijos.
Hoy me siento como Daniel el Mochuelo en El camino. Me llega una carta a casa en la cual el alcalde me quiere dar de baja del padrón municipal después de toda una vida empadronado. A mí me pasó como al Mochuelo. Mis padres también me mandaron a la ciudad a estudiar. En mi caso con beca, no había dinero. Tampoco marché en tren, fui en autobús de Soto y Alonso. Y seguramente también lloré. Pero que después de cincuenta y un años empadronado en la casa donde naciste te quieran echar de tu pueblo duele igual que cuando Daniel tiene que abandonar su pueblo. Miguel Delibes, a quien tanto le gustaba cazar en los campos cercanos a Padrones, ya que tenía su casa de descanso en Sedano, hubiera escrito una segunda parte de El camino tan imprescindible para el mundo rural como la primera.
Alberto Sedano Ojeda.Padrones de Bureba (Burgos)
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Articulista de Opinión
Lorenzo Silva es escritor y columnista español conocido especialmente por sus novelas policíacas protagonziadas por los guardias civiles Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro. Ganador del Premio Nadal y del Premio Planeta
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