El bloc del cartero
Insuficiencias
Nos escribe una lectora para dar cuenta de una experiencia hospitalaria que a nadie le gustaría tener, y que achaca a la insuficiencia de los medios que se destinan a atender servicios esenciales de todos los ciudadanos, mientras no faltan nunca en partidas de gasto más vinculadas a lo que al poder se le hace imprescindible. Se coincidirá o no con este juicio, pero el aviso está ahí y coincide con la apreciación de otro lector, respecto de la deriva de la atención médica de nuestros días, presionada por la productividad exigida a su vez por la disposición de recursos escasos. Que el suicidio se haya convertido en la nueva pandemia, como apuntan no pocos expertos en salud mental, plantea una objeción de primer orden a nuestro discurso sobre la sociedad del bienestar.
Cartas de los lectores
Siete días y siete noches
He pasado dos noches en urgencias del hospital Miguel Servet de Zaragoza. La primera estuve durante seis horas sentada en una silla de ruedas en ... una esquina del pasillo subterráneo por donde trasteaban de aquí para allá los camilleros portando camillas con moribundos e ingeniándoselas para ver cómo y dónde aparcarlas por los hacinados túneles. Con mis 73 años y tiritando a causa de la fiebre recibí un informe de infección renal y con una receta me devolvieron a casa. Transcurridas catorce horas, una ambulancia me llevaba de nuevo a urgencias. De nuevo, seis horas de espera, otra noche sórdida sufriendo y viendo sufrir a decenas de personas. Alguien me destinó al hospital de observación y momentos antes, en un transitado pasillo, dos auxiliares me desnudaron y me pusieron un raído camisón. Permanecí en el hospital siete días y siete noches, me sentí abandonada, pensé: ¿a quién les importamos los pacientes? Me atendió un personal con el síndrome del trabajador quemado, dos visitas del médico de cinco minutos cada una. Ahora, yo no puedo ver al Gobierno derrochando y a las políticas con un modelito cada día. No hace falta salir de tu ciudad para ver lo que veríamos en un hospital de la India. El 'turismo de compasión' lo podemos disfrutar yendo a las urgencias españolas del año 2022.
Asun de Pedro. Zaragoza
La medicina fordiana
A principios del siglo XX, Henry Ford innovó la producción industrial con el automóvil Ford T fruto de la fabricación masiva de cada pieza sobre la cadena de montaje. A principios del siglo XXI vivimos la quinta era de la medicina, que comparte con el modelo social occidental la aceleración, el capitalismo cognitivo (el conocimiento como mercancía), las técnicas disruptivas y la producción masiva (hacer más con menos). El médico del siglo XX era un profesional social, pues su actividad no era solo ser un ingeniero biomédico, sino también un artesano de la relación de ayuda médico-paciente. En la 'medicina fordiana', el cronos (tiempo cronometrado de las agendas y procesos médicos) desplaza al kairós (tiempo oportuno para dar malas noticias, para informar de un tratamiento con el tempo adecuado, para acompañar en el sufrimiento...). Alcanzamos la cima del conocimiento y de la técnica biomédica, pero en algunos países como Estados Unidos empeora la esperanza de vida de la población general, y en Occidente la verdadera pandemia es la del suicidio. Así entendemos el fracaso existencial de la medicina, como afirma el antropólogo de Harvard Arthur Kleinman. La sociedad ha elegido o aceptado el modelo fordiano de medicina, pero puede que la profesión médica debiera ofrecer un modelo alternativo más saludable.
F. J. Barón Duarte. A Coruña
Una conferencia saludable
Una salva de aplausos rompió el silencio expectante con el que escuchamos toda la conferencia. Desde el público, una voz emocionada le invitó a volver a contar en otro lugar cuanto había presentado. El ponente -entre tímido e inquieto- aceptó la propuesta, manifestando humildemente que la divulgación y aplicación científica de sus estudios era la máxima expresión de su trabajo. Mostró cómo el ingeniero y biofísico Hugh Herr no sólo diseñó sus piernas biónicas, sino que consiguió que la bailarina Adrianne Haslet-Davis –herida en el atentado del maratón de Boston– pudiera volver a bailar. Explicó su encuentro en el laboratorio con Robert S. Langer a altas horas de la madrugada, trabajando en un proyecto no financiado por el que creía que en un futuro no lejano podría incluirse ARN mensajero en nanocápsulas y sintetizar vacunas como la empleada contra el coronavirus. Nada de cuanto presentó estuvo exento del servicio que la química, la física y otras disciplinas pueden aportar a la salud mundial. La idea que transmitió es sencilla, pero decididamente imprescindible: "La ciencia, tarde o temprano, debe aportar soluciones a nuestros problemas. Innovar es crear una solución nueva, útil y duradera que mejore nuestra existencia". La sorpresa fue que estando tan acostumbrados a que nos generen problemas, olvidamos que hay personas que trabajan para conseguir objetivos constructivos.
Luis Alberto Rodríguez Arroyo. Santo Tomás de las Ollas. León
Las cosas bien hechas
Desde el viernes me dura la emoción. Ha impregnado todo mi fin de semana con una agradable sensación de alegría. Ya es un ritual ver los premios Princesa de Asturias y año tras año crece el agradecimiento por la obra bien hecha de tantas personas que, inasequibles al desaliento, trabajan por un mundo más digno. Juan Mayorga nos ha puesto en la realidad de lo que significa el teatro. También ha llenado de vida su folio al bajar al detalle, al nombrar su experiencia personal y las vivencias de su prole. Y aunque supongo que pocos de nosotros vamos a escribir teatro, sí creo que muchos estamos plenamente comprometidos en la excelencia, en dar lo mejor, en sembrar vida en la realidad que nos circunda. Al final, con efecto llamada, el Bien llama al Bien y un corazón llama a otro corazón. Esto es lo que me queda: ganas de vivir más y mejor. Ganas de llenar de pasión y fuerza todo lo que hago.
Rosa María Martínez. Madrid
Siglo XXI, trabajos de hombres
Cuando entré en el sector de las telecomunicaciones, como técnico especialista de difusión, tenía 29 años. Estaba convencida de que ese era mi lugar. Que iba a ser un soplo de juventud y 'novedad' para la empresa. Sabía que en ese sector, liderado por hombres, iba a tener que emplearme a fondo día tras día. Demostrar lo que sé, lo que valgo y lo que soy capaz de hacer a todas horas, ya que, aunque estemos en pleno siglo XXI, una mujer debe demostrar y lidiar con situaciones y comentarios innecesarios. En mi caso, por parte de mis superiores. Como, por ejemplo: «¿Estás segura de que puedes levantar eso tú sola?», «vaya todoterreno llevas. Te queda un poco grande, ¿no?», «¿te ves capaz de hacerlo bien tú sola?». Sé que muchas lectoras se sentirán identificadas con este tipo de comentarios, pero también estoy convencida de que muchos lectores masculinos están dispuestos a acompañarnos en la lucha. En definitiva, empresarios grandes y/o pequeños del mundo, dejad de lado prejuicios anticuados y no dejéis escapar más mujeres dispuestas, capaces y que adoran su trabajo. Valoradnos porque somos pocas y valemos demasiado.
Lara Revilla Gómez. Vitoria-Gasteiz
Por qué la he premiado… Porque seguro que no va a faltar quien, leyéndola, deba reconocer algún propio desliz.