El bloc del cartero
Bilingües
Hay quien dice que el bilingüismo perfecto es una quimera: quien domina dos –o más– lenguas siempre tiene una como preponderante, y las demás le sirven como subalternas más o menos aventajadas. Sin embargo, no es quimérico adquirir una elevada competencia en más de un idioma ni que allí donde se habla comúnmente un par de lenguas –y más si son cooficiales– cada hablante vea respetado su derecho a educarse en la que siente como propia. Una decisión que incumbe al individuo, sin que interfieran leviatanes que le fuercen a primar una u otra. Hay lugares donde es preciso manifestarse para que este derecho sea efectivo, frente a la ideología que lo impide. Advierte un lector del riesgo de dejarse llevar al hacerlo por ideologías opuestas. Quizá no sobre escucharlo.
Las cartas de los lectores
El bilingüismo no era eso
Asistí como observador a la manifestación en defensa del bilingüismo celebrada hace unas semanas en Barcelona y la primera impresión que me llevé fue que, ... ante el mar de banderas españolas allí presentes y la casi inexistente presencia de banderas catalanas, aquello parecía más bien una concentración anticipada del 12 de octubre en defensa de la unidad de España. Pese a ello, quiero expresar mi más sincero respeto por todas aquellas personas que acudieron de buena fe para defender su legítimo derecho al uso del castellano, conjuntamente con el catalán, como lengua vehicular en la escuela catalana. Lamentablemente, no puedo decir lo mismo de la gran mayoría de las asociaciones integrantes de la plataforma Escuela de Todos, convocante de la manifestación, ya que, en mi opinión, reclaman un bilingüismo que ellas mismas no practican. Quedó bien patente el día que se manifestaron, puesto que tan solo dos de las cinco personas que intervinieron efectuaron una pequeña parte de sus parlamentos en catalán, y el resto, todo, solo en castellano. No debieron tampoco, en mi opinión, las entidades convocantes haber aceptado la participación tan activa de los partidos de la derecha y la extrema derecha españolas, ya que, con su presencia, les robaron protagonismo hasta el punto de que parecía que eran ellos quienes convocaban la manifestación. Una excesiva politización que, en definitiva, no creo que le haga ningún bien a una causa tan noble como la sincera defensa del bilingüismo.
Josep Vilà Batlle. Olesa de Montserrat (Barcelona)
Marea rosa
Espectacular la marea rosa que recorrió las calles de nuestra ciudad. Más de 5000 mujeres corriendo unidas contra el cáncer de mama, corriendo por las que desgraciadamente ya no pueden hacerlo y por las que están luchando contra esta terrible enfermedad. Ayer por la mañana solo podía hacer una cosa: ataviar a mis hijos con una camiseta que rezaba que la suya es la mejor mamá del mundo y salir a animarla y a aplaudir el hermoso gesto de darlo todo en seis kilómetros para colaborar con esta maravillosa causa solidaria que reportará un buen puñado de euros que la Asociación Española contra el Cáncer sabrá gestionar como siempre ha hecho para que el fin de esta lacra esté cada vez más cerca. De paso, mis hijos y yo aplaudimos al resto de las madres, hijas, nietas, tías, sobrinas, mientras recorríamos en bici un paseo marítimo maravillosamente teñido de rosa. Y, sorprendente-mente, solo nos encontramos a lo largo del recorrido a unas decenas de hombres animando. No era día laborable, no jugaba el Dépor, el Mundial aún no ha comenzado y lucía el sol. No había disculpas. ¿Dónde estaban los padres, maridos, novios, amigos, tíos, sobrinos de buena parte de esas heroínas vestidas de rosa?
Tone González Fernández. A Coruña
Donde no hay mata, no hay patata
Son las 5:30. Aún no ha salido el sol en Granada, que recibe a sus estudiantes como a golondrinas universitarias que retornan a nidos prestados. A las 6:30 cojo el coche hacia mi trabajo. Antes me encontraba con adultos somnolientos rumbo a los suyos. Ahora se han unido jóvenes que aún no se han acostado. Cada día de la semana. Deambulan por pasillos y escaleras comunitarias, demacrados por el trasnoche y el alcohol; por calles solitarias, vomitando, orinando, gritando o pateando mobiliario urbano, escaparates, vehículos. Ya no los recrimino: ya me han insultado y amenazado. Entro en la gasolinera y me atiende una chica muy joven; con sonrisa fresca y luminosa, me da los buenos días. Al irme, le deseo un feliz día. Me reconcilia con el mundo verla. Me preocupo por mis nietos y sé que sus padres sabrán hacer de ellos personas decentes y civilizadas porque hay cosas que se deben llevar aprendidas de casa. Recuerdo el refrán «lo que natura no da, Salamanca no presta», que reformo: «Lo que en casa no se da, Salamanca no presta». ¿Educación para la ciudadanía, para qué?
Se me olvidó: tengo 63 años y me dedico a la enseñanza.
Antonia Benavente Izquierdo. Granada
Por qué la he premiado... Por actualizar la vieja sabiduría, que el presente atolondrado olvida tan fácilmente.