El bloc del cartero
Desentenderse
Algo inclina al ser humano contemporáneo a desentenderse de sus semejantes, en la medida en que prestarles atención no responda a su interés. Lo atestigua el hecho de que un hombre permanezca inconsciente en la calle durante horas, hasta el punto de morir de hipotermia, sin que nadie lo socorra. Lo corrobora de un modo menos trágico pero igual de inquietante que a los mayores se los abandone a su suerte en un proceso de digitalización –y en última instancia, reducción de costes– que viene dictado por la sola conveniencia de las grandes compañías que lo aplican. Que ni siquiera se les dé la posibilidad de disponer de un periodo de adaptación, o de un mínimo acompañamiento para mitigar su desconcierto, nos interpela a todos, como afirma nuestra carta de la semana, para alzar la voz en su defensa.
Cartas de los lectores
Apatía
Hace unos días el fotógrafo suizo René Robert, de 84 años, fallecía por apatía en el centro de París. Curiosamente, la enfermedad que lo mató ... no la padeció él, sino todas las personas que se cruzaron con su cuerpo inerte sobre el suelo de la Rue Turbigo. El fotógrafo, famoso por sus imágenes sobre el flamenco, sufrió una caída mientras paseaba que lo dejó inconsciente. Tuvieron que pasar nueve horas y cientos de personas junto a su cuerpo inmóvil hasta que un mendigo avisara a los gendarmes. Para entonces, una hipotermia severa ya había terminado con su vida. Por desgracia no me extrañó el suceso, pues hace años, cuando me dirigía a mi trabajo, no muy lejos de la misma Rue Turbigo, viví algo semejante: un hombre de unos 70 años había caído al suelo desde su bicicleta, obstaculizando un paso de cebra. Antes de que yo llegara a su altura, al menos una decena de personas pasó junto a él ignorándolo por completo. Tampoco ninguno de los conductores afectados por aquel obstáculo hizo nada, salvo aporrear su claxon. Mientras lo ayudaba a ponerse en pie, el hombre se disculpaba una y otra vez con los conductores que le regalaban gestos de fastidio. Ese día pensé que el individualismo y la desidia iban a acabar con todos nosotros. La muerte por apatía de René Robert solo viene a confirmarlo.
Eduardo Fernán-López. Villalpando (Zamora)
Alegría
Normalmente las noticias son tristes, oscuras y desesperanzadas. Normalmente. Así que cuando lees que «Una madre de 35 años da a luz cuatrillizos en cinco minutos en el Hospital General de Elche», y que el parto ha ido bien y los bebés evolucionan sin problemas, te alegras especialmente. Pero también cuando ves por las mañanas, las tardes y a última hora del día a padres y madres, ancianos, jóvenes y niños dirigirse con determinación a sus quehaceres de estudio, trabajo y demás necesidades vitales. No estamos tan mal como a veces pensamos o nos quieren hacer creer algunos.
Francisco Chapa Sancho. Santander
Quiero ser como Nadal
En la película Quiero ser como Beckham, de 2002, la protagonista pone en juego todo para ser una futbolista como Beckham. Cuando Rafael Nadal ganó el Open de Australia, todos tuvimos por un momento en nuestro interior los valores que le vemos: humildad, esfuerzo, resistencia, entrega. Es lo que queremos para nosotros: ante la adversidad, las dificultades, todos queremos salir vencedores. Por eso, Nadal es tan grande, como toda la población española: nos da esperanza. Sin alardes, solo esfuerzo y ganas. Yo quiero ser como Nadal.
Mercedes García Hernández. Algemesí (Valencia)
Felicidades, Chanel
Deseo felicitar a mi paisana olesana Chanel por su brillantísimo éxito al ganar la finalísima de Benidorm y poder representarnos en Eurovisión. La tan injusta y vergonzosa polémica que se ha originado, de forma hostil y virulenta en las redes, en contra de su elección no hace sino mostrar la falta de tolerancia, de respeto y de civismo de una parte de nuestra ciudadanía, así como su incapacidad a la hora de reconocer el enorme trabajo, esfuerzo y sacrificio que hay detrás de su espléndida y trabajada victoria. Se la ha criticado porque la letra de su canción –dicen– es 'tonta', porque no tiene 'mensaje' e incluso por ser 'machista', pero qué quieren que les diga: una vez leída la letra, no veo el machismo por ningún sitio, si no es que deba coger una lupa –¡y bastantes prejuicios!– para encontrarlo. Y, además, ¿quién ha dicho que todas las canciones deben llevar incluido, obligatoriamente, un 'mensaje'? ¿Piensan quizá que Eurovisión es como el festival 'pacifista' y 'contracultural' de Woodstock de 1969? ¿No vale con una simple 'ficción' como letra de una canción? ¿O bien tan solo con 'disfrutar' por 'disfrutar', y ya? La música es música, con o sin mensaje, y aquí la música de su canción, magníficamente mezclada con un ritmo trepidante y muy bien acompañada de una fantástica coreografía, ha alumbrado esta actuación tan extraordinaria que Chanel ofreció. ¡Música es música; arte es arte! ¡Enhorabuena y muchas felicidades, Chanel!
Josep Vilà Batlle. Olesa de Montserrat (Barcelona)
¿Dónde están?
Metidos, parece que como siempre, en campaña electoral, me gustaría romper una lanza a favor de los políticos; sobre todo de los autonómicos y nacionales por ser estos los que más aparecen en los medios. La política, y por ende las personas que nos representan, son necesarias. Quizás deberíamos dejar de criticar sus conductas: no todos recurren al insulto fácil y a la mala educación en escenarios donde debería cundir el respeto; no todos se aferran a su cargo, parece que por interés más personal que público; no todos se instalan en un partido sin una capacitación, preparación o, al menos, una experiencia laboral que los haya puesto en contacto con el mundo real o que justifique su valía; no todos descalifican a un sector productivo de su país en medios de un país extranjero, cuando deberían trabajar por solucionar el problema, si lo hay, puertas adentro –ya dicen que la ropa sucia se lava en casa–; no todos ven inviables pactos que luego justifican como imprescindibles; no todos aprovechan la última actualidad para hacerse la foto que más les conviene, o van a defender áreas o a gente a las que luego olvidan; no todos se contradicen y dan la imagen de desacuerdo cuando lo que querían hacer creer que los une es una misma línea de trabajo; no todos se dan baños de multitudes incondicionales; no todos dejan de ser tiranos por no estar en el otro lado; no todos caen en la intransigencia por presumir de intransigentes; no todos hablan cómodamente en los medios sobre su área de competencia sin contar la realidad de los trabajadores que están bajo su responsabilidad; no todos no reconocen ni se avergüenzan de errores presentes o pasados. No todos, en fin, son así. Seguro que hay algunos que son capaces de llegar a acuerdos por el bien público, no propio ni del partido. Haberlos, seguro que los hay, pero, por favor, y de una vez, ¿dónde están?
Tomás López. Alcañiz (Teruel)
Generación 'invisible'
Tiene 87 años, se llama Gervasio y es mi amigo. Era capaz de arreglar cualquier aparato. Nunca tuvo una máquina de escribir y menos aún ordenadores, tablets y similares, pero siempre supo sacar adelante 'sus papeles'. Las nuevas tecnologías han podido con él. Vive solo en su casa de la ciudad. Sus hijos residen en otras ciudades. Tiene en el pueblo una casa que heredó de sus padres. Le gusta, más bien le gustaba, pasar temporadas allí. Hace unos meses fue a disponer de su paga mensual en la entidad financiera, pero no pudo: la habían cerrado. La oficina más cercana de ese banco se encuentra a veinticuatro kilómetros de su pueblo. Decidió instalarse en la ciudad. Se acercó a la oficina y le dijeron que los lunes no atendían operaciones en efectivo. Hace ya un tiempo que alguien le aconsejó que es mejor diversificar 'los dineros' en más de una entidad y así lo hizo. Se presentó en la otra entidad y le dijeron que solo atendían operaciones en ventanilla a partir de cierta cantidad. Le invitaron a solucionar su situación con una tarjeta. No la quiso, no es obligatorio. Es mayor, pero no tonto. Anoche me llamó alarmado porque a su amiga Catalina «le había desaparecido la tarjeta» en el supermercado. En más de una ocasión me ha comentado que se siente invisible en esta sociedad. Él, que pertenece a una generación que se comía el mundo con esfuerzo y pundonor. Le dije que no se preocupara, que la siguiente generación, la que se encuentra a caballo entre la tecnología actual y la antigua, ya estamos movilizándonos para solucionar sus problemas. Os lo merecéis. No os vamos a dejar solos. Palabra de amigo.
José Carlos Utrilla Fernández . Zaragoza
Por qué la he premiado… Por apostar, en vez de por el conflicto o la indiferencia, por la solidaridad entre generaciones.