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El bloc del cartero

Desentenderse

Lorenzo Silva

Algo inclina al ser humano contemporáneo a desentenderse de sus semejantes, en la medida en que prestarles atención no responda a su interés. Lo atestigua el hecho de que un hombre permanezca inconsciente en la calle durante horas, hasta el punto de morir de hipotermia, sin que nadie lo socorra. Lo corrobora de un modo menos trágico pero igual de inquietante que a los mayores se los abandone a su suerte en un proceso de digitalización –y en última instancia, reducción de costes– que viene dictado por la sola conveniencia de las grandes compañías que lo aplican. Que ni siquiera se les dé la posibilidad de disponer de un periodo de adaptación, o de un mínimo acompañamiento para mitigar su desconcierto, nos interpela a todos, como afirma nuestra carta de la semana, para alzar la voz en su defensa.

Cartas de los lectores

Apatía

Hace unos días el fotógrafo suizo René Robert, de 84 años, fallecía por apatía en el centro de París. Curiosamente, la enfermedad que lo mató ... no la padeció él, sino todas las personas que se cruzaron con su cuerpo inerte sobre el suelo de la Rue Turbigo. El fotógrafo, famoso por sus imágenes sobre el flamenco, sufrió una caída mientras paseaba que lo dejó inconsciente. Tuvieron que pasar nueve horas y cientos de personas junto a su cuerpo inmóvil hasta que un mendigo avisara a los gendarmes. Para entonces, una hipotermia severa ya había terminado con su vida. Por desgracia no me extrañó el suceso, pues hace años, cuando me dirigía a mi trabajo, no muy lejos de la misma Rue Turbigo, viví algo semejante: un hombre de unos 70 años había caído al suelo desde su bicicleta, obstaculizando un paso de cebra. Antes de que yo llegara a su altura, al menos una decena de personas pasó junto a él ignorándolo por completo. Tampoco ninguno de los conductores afectados por aquel obstáculo hizo nada, salvo aporrear su claxon. Mientras lo ayudaba a ponerse en pie, el hombre se disculpaba una y otra vez con los conductores que le regalaban gestos de fastidio. Ese día pensé que el individualismo y la desidia iban a acabar con todos nosotros. La muerte por apatía de René Robert solo viene a confirmarlo.

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