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El bloc del cartero

Cuidados

Lorenzo Silva

La época en que vivimos, tan proclive a la novedad y el espectÔculo, tan gentil con quien reluce y se exhibe, tan implacable con quien renquea y no tiene mÔs remedio que volverse sobre sí, ha depreciado ese verbo, cuidar, del que todos necesitamos en algún momento de la vida y en el que encuentra su realización lo mejor y lo mÔs noble de cuanto somos. Cuidar deja de ser una necesidad personal, para quien cuida y para quien recibe el cuidado, y se convierte en una mercancía mÔs, negociable con un margen a ser posible creciente. Una cuidadora nos pone en la carta de esta semana ante esta Ôspera e inelegante realidad. Hay una línea donde acaba la eficiencia en la asignación de recursos y comienza la deshumanización de una sociedad. Y diríase que, hoy por hoy, en esa línea no vigila nadie.

titulosecundario titular="Las cartas de los lectores

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Luna de Reyes

El pasado 2 de enero cumplí 65 años. Oficialmente soy un anciano que ha activado su cuenta ... atrÔs, aunque en mi espíritu se aloje aún la ilusión del niño que fui. Pocos días después, la noche de Reyes, sobre las tres de la madrugada, y mientras los Magos repartían ilusión por los hogares, me levanté de la cama y me asomé a mi balcón. Nada había pedido y nada esperaba. Sin embargo, al alzar la vista, en el cielo, pletórica de belleza, llena estaba la Luna. Una estrella fugaz surcó poco después el firmamento, dejando tras de sí una enorme estela. ¿Fue acaso una señal? No había pedido nada y, no obstante, a mis 65 años, los sabios de Oriente me obsequiaron con el mayor de los regalos: una soberbia noche de Luna llena.

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