El bloc del cartero
Frío
El frío ya no es el que era, salvo cuando viene una de esas olas polares que cada vez llegan más tarde y acaban más pronto. Al menos, así lo sentimos muchos, pero no está de más recordar, como sugiere un lector, que el frío sigue apretando en otros lugares, pese al calentamiento global, y que en algunos de ellos no solo no tienen calefacción ni luz ni cristales en las ventanas, sino que encima deben luchar por sus vidas. No es solo la baja temperatura invernal la que hiela algunos corazones. El odio, la indiferencia, el retroceso a esas retóricas rancias y vacías que llenaron tantos cementerios, junto con las herramientas insensibles de nuestra era digital, propician atropellos y espantos que creíamos superados. Nadie parece ya escuchar a nadie. Y, sin embargo, no cabe concebir otra esperanza.
titulosecundario titular="Las cartas de los lectores
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Inteligencia artificial
Un artículo de opinión publicado recientemente por un lector de la revista apuntaba que la inteligencia artificial ( ... IA) nunca podría igualar –ni superar– al ser humano, porque una máquina carece de consciencia, lo cual es muy cierto, ya que por el momento 'las máquinas' carecen de esa increíble estructura y conexión entre ambos hemisferios cerebrales que tienen los homínidos (especialmente el hemisferio derecho). Pero no es menos cierto que la inteligencia artificial ha entrado en nuestras vidas y ya no hay vuelta atrás. La IA ha permitido el desarrollo de avances médicos de extraordinaria importancia, robots que realizan tareas de riesgo incrementando la seguridad en las industrias y de los trabajadores, analizan millones de datos en un tiempo récord aportando resultados confiables. La cuestión de mayor calado es dónde poner el límite: si podemos seguir indefinidamente diseñando seres más perfectos, con mayores capacidades físicas y cognitivas, ¿por qué parar? Sin embargo, como dice Michael Sandel, la «búsqueda de la perfección es imperfecta» por razones que van más allá de la equidad y de la ética, pero no podemos perder las oportunidades que nos brinda la IA ni dejarnos caer en un mundo deshumanizado. Todo ello implica un gran desafío en el que hay que reflexionar sobre qué modo de vida queremos, un modo de vida en el que puedan confluir la tecnología, la filosofía, el humanismo y el derecho, y en el que seamos conscientes de que es el ser humano el que toma las riendas, porque utiliza lo mejor que tiene a su alcance con la inteligencia artificial para llegar a buen puerto.
María Asunción Álvarez Anadón. Zaragoza
Gélido domingo de enero
Salgo a andar a primera hora el pasado domingo de enero. Son algo más de las 8:00 y un frío glacial me entumece el rostro y las manos; en un panel de una marquesina de autobús, el termómetro marca 1 ºC. Entonces, como en alguna otra ocasión, me viene a la mente Ucrania, donde las temperaturas en esta fecha bajan hasta los -20 ºC, con el atroz agravante de la vil guerra que está sufriendo su pueblo por el capricho del tirano del Kremlin; me pongo en su piel y se me hiela el cuerpo y el alma. Medito, y ¿cómo comparar la inflación, unos políticos impresentables y las vicisitudes de nuestro día a día con el sufrimiento provocado por la barbarie y la sinrazón de la guerra? De retorno a mi casa, pienso
en la suerte de poder tener calefacción y agua caliente y la despreocupación de que un obús o un mortífero dron me hagan saltar por los aires. ¿Cómo es posible que el ser humano no aprenda de sus errores? ¿Hay esperanzas de que la Humanidad llegue algún día a hacer honor a su nombre?
Francisco José Eguibar Padrón. Correo electrónico
Telediarios infantiles
El 24 de febrero se cumplirá un año del comienzo de la invasión rusa en suelo ucraniano. Ni una sola imagen o vídeo han sido difundidos por los principales medios de comunicación mostrando la verdadera magnitud de la guerra. Barricadas, solitarios soldados parapetados a la espera de órdenes, edificios reducidos a escombros o el rumor del combate en la lejanía proporcionan un cuadro distorsionado e incompleto de la realidad. Las crónicas sobre los padecimientos de una familia que tiene que malvivir en un búnker, o la desgracia de unas niñas que, huérfanas de padre, cuidan afanosamente de sus hermanos pequeños, pueden humedecer nuestros ojos, pero en pocas ocasiones llegan a constreñir genuinamente el corazón. Los telediarios no deberían ser un espacio infantil donde se tenga que edulcorar la realidad para evitar así herir sensibilidades, o la cosa que rellena la parrilla televisiva antes de nuestra novela, película o concurso favorito, sino espacios que interpelen al espectador y, sobre todo, le hagan revolverse en su asiento ante las crueldades y miserias de sus semejantes.
David López Natall. León
Una ante mil
Diez años sin mi querido Eloi, disfrutón, viajero, curioso, lector, excursionista... Se suicidó. Dejó atrás a su familia y a los amigos que no supimos verlo venir. Nos dejó un agujero de incomprensión, dolor, impotencia, rabia y ausencia. No hay viaje que no haga ni comida que no pruebe ante los que no piense: «Joder, Eloi, lo que te estás perdiendo». Es ese mismo agujero y la falta de conocimiento y recursos, lo que me mantiene alerta a cualquier indicio en los pasillos y las aulas: aislamiento, absentismo, tristeza, llanto, desmotivación, mangas largas en verano, mensajes en las redes... Ante la falta de más profesionales de salud mental en los colegios y hospitales (una visita al psiquiatra cada tres meses, ¿en serio?), los amigos (que quizá tienen los mismos problemas) hacen de red de apoyo, y los docentes asumimos esta discreta vigilancia de quienes están pidiendo auxilio: horas de escucha activa y largas conversaciones para transformar la desesperación en esperanza. Como me dijo una alumna tras un duro año: «Cuando pienses en las mil razones para rendirte, piensa en solo una para no hacerlo».
Mamen Gargallo Guil. Barcelona
Por qué la he premiado… Por compartir esa mirada, que ve a diario lo que tantas otras prefieren ignorar.