El bloc del cartero
Incendiados
Los montes arden durante días más allá de la capacidad de extinción. Quienes los enfrentan desde la inferioridad de medios están en su sitio, dando ... el callo frente a las llamas, hasta que se abren las llamadas 'ventanas de oportunidad' para tratar de atacarlos. Por una vez, las autoridades están coordinadas, tras la declaración de la emergencia nacional, en otras ocasiones eludida por motivos inconsistentes. El fuego se acaba conteniendo, no sin causar destrozos enormes y sacar durante días de sus casas a decenas de miles de personas. Y cuando las llamas se apagan, a la espera de las siguientes, seguimos incendiados. Los exégetas de la catástrofe, cada uno con su camiseta bien enfundada, se la cargan al equipo contrario. Y así hasta el verano próximo. El fuego triunfa con facilidad sobre un adversario dividido.
LA CARTA DE LA SEMANA
¿Por qué la he elegido…? Porque nada nos otorga más grandeza que ser conscientes de nuestras limitaciones.
Mejor persona
Desde hace más de un lustro soy cuidador de una octogenaria en edad de merecer la justa recolecta por tantos años de siembra dedicada a los demás. Mi madre. Me considero buen cuidador, pero no un cuidador bueno. Creo que cumplo con rigores del cuidado como atención disciplinada y disponibilidad absoluta. Pero soy impaciente, algo irascible e intransigente. Ahora que tanto nos intranquiliza la irrupción de la IA en nuestras vidas, asediadas por androides que nos mirarán por encima del hombro, igualándonos e incluso superando nuestras capacidades, sueño con que no se nos equiparen. Por favor, que nos superen, que no sean como nosotros. Que la tecnología más puntera posibilite una 'persona artificial' que cuide de mi madre mejor que yo, que sea mejor persona que yo.
Jon Arza Pérez. Pasai Antxo (Gipuzkoa)
OTRAS CARTAS DE NUESTROS LECTORES
El paño
Me sorprendió el dato de la audiencia televisiva en el País Vasco de la semifinal Francia-España. La vieron tres de cada cuatro telespectadores en esa franja horaria. Pero aún fue mayor la de la final, con más de ocho de cada diez. Ambos acontecimientos se produjeron al unísono con una campaña soberanista vasca, donde centenares de personas se manifestaron en pro de la oficialidad de la selección de Euskadi. Digo yo que, tras nacer y vivir aquí desde hace 65 años, algo conozco 'el paño', o esos datos están 'cocinados' o una parte muy significativa de mis conciudadanos vascos practica en este asunto el viejo refrán: «Consejos vendo que para mí no tengo...». | Patxi Rojo. Bilbao
Dinero y felicidad
El dinero da la felicidad, si sabemos ser felices con lo que tenemos, claro. La muerte es inevitable, no es más que el fin de la vida; la salud es otra cosa, depende en parte del tratamiento que podamos pagar y cuándo. Si tengo un problema en la rodilla, cuando me den cita en el especialista otra persona con dinero ya estará recibiendo el alta en una clínica privada; tal vez esa persona no corra una maratón, pero casi seguro que yo estoy coja. El 2 de octubre se cumplen cinco años de mi contrato de alquiler y no tengo donde ir. El dinero podría darme la felicidad con una casita donde vivir. ¿Le ha dolido alguna vez tanto el llanto que le apretaba la garganta? Ojalá pudiese bajar a la playa y gritar a ver si se me abren la garganta, la cabeza y el corazón, pero es julio y esto está lleno de turistas. El viernes me ingresan la pensión, tal vez grite el sábado. Tengo más pena que miedo, estoy cansada de estar cansada, estoy cansada de sobrevivir, quiero vivir, conocer a mis nietos, no solo verlos un rato al mes, quiero pasar las navidades con mis hijos y hermanos, quiero no tener que autoconvencerme de que lo que no tengo no es necesario. | Mercedes Aldana Díaz. Huelva
Nadie le había dado vela
Un incendio en la Comunidad de Madrid que pugna con juntarse con el que lleva varios días asolando Ávila. Ambas comunidades, Madrid y Castilla y León, han cedido el mando de la gestión para extinguir el incendio al ministro del Interior y que así coordine fuerzas nacionales y extranjeras. Todos a una para ayudar a sofocar esta catástrofe. ¿Todos? No, siempre hay alguien que da la nota; en este caso un ministro que, en vez de arrimar el hombro como todo el mundo, se dedica a sembrar cizaña. Desconocemos el motivo de este ruin comportamiento: si es por tapar sus carencias o porque le deja mucho tiempo libre su cargo. Que ponga cada uno todo lo que pueda para acabar con esta lacra que carboniza España y luego, cuando ya estén los fuegos extinguidos, que opine lo que quiera; pero ahora no, por favor. | Luis Felipe Muñoz de la Calle. Segovia
El sexo de los ángeles
Mientras incendios, sequías e inundaciones amenazan nuestro territorio, negacionistas y oficialistas continúan discutiendo sobre el sexo de los ángeles. Es la vieja parálisis bizantina: filosofar sobre la naturaleza del peligro mientras los turcos ya están a las puertas. La confrontación identitaria puede dejarse para las redes y las tertulias. Gobernar consiste en otra cosa: decidir qué debe hacerse, cuánto costará, en qué plazo y quién responderá de los resultados. Proclamar incesantemente la catástrofe climática sin mostrar una respuesta ejecutiva proporcionada inocula ansiedad e indefensión. En un país con un altísimo consumo de benzodiacepinas, no es sensato basar la comunicación pública en el miedo permanente. Los gobernantes no son portavoces de una asamblea de estudiantes. Tienen la iniciativa legislativa, la Administración y el presupuesto; su obligación no es convocarnos a compartir su preocupación, sino emplear esos instrumentos. La escucha a la sociedad no puede convertirse en coartada para aplazar decisiones ni diluir la responsabilidad del Ejecutivo. Si existe una emergencia, apruébense reales decretos-leyes para lo urgente y preséntense proyectos de ley con memoria económica, plazos e indicadores verificables. Y recupérense unas Cortes vergonzosamente inoperantes, más entregadas al espectáculo que a la deliberación: como en el cine mudo, los partidos se arrojan tartas de merengue mientras los problemas esperan fuera del hemiciclo. Dejen de pedirnos un pacto de adhesión moral al relato gubernamental. No necesitamos que los partidos proclamen su fe climática, sino que legislen sobre gestión forestal, agua, ordenación del territorio e infraestructuras, explicando cómo se financiará cada actuación. El fuego avanza y el agua escasea. Que el Gobierno gobierne, que las Cortes debatan y que cada partido se retrate votando medidas, no identidades. Solo así caerán las caretas y sabremos quién aporta soluciones y quién se limita a llevar la contraria..| Manuel Baturone Castillo. Cádiz.
Pastoreo
Me dirijo a ustedes, todos los ciudadanos españoles, con motivo de las últimas medidas restrictivas sobre el consumo de tabaco anunciadas por el Gobierno. Una vez más, bajo la bandera de la salud pública, se avanza en la prohibición de fumar en playas, terrazas y marquesinas; ahora, como novedad, se prohíbe la compra —ya estaba prohibida— y el consumo público de tabaco a los menores de 16 años y se imponen multas de 600 euros a los padres de los infractores menores de edad. Opino se trata de una delegación de autoridad bastante curiosa: los legisladores no dan ellos mismos la bofetada o la bronca fascista; traspasan la responsabilidad (y la sanción económica) a los padres. Mientras tanto, una parte de la adolescencia, ya de por sí rebelde ante cualquier atisbo de autoridad, recibe un nuevo motivo de confrontación con sus progenitores; miedo u odio: pedagogía del Pleistoceno. El contraste resulta llamativo. Un Gobierno que no se cansa de presumir de libertad y de derechos va recortando, día tras día, parcelas de esa misma libertad. Se prohíbe, se multa, se vigila y se castiga al ciudadano a través de su bolsillo y de su intimidad familiar. Y lo más inquietante es que una parte importante de la ciudadanía lo ve bien. «Por la salud», «por los niños», «por el bien común». Así vamos construyendo, paso a paso, la realidad que George Orwell describió en 1984: un poder que lo regula todo en nombre del bien superior, mientras la gente aplaude las cadenas que le hacen sangrar el cuello. La pedagogía que se nos propone es clara: mejor que la Administración no te quite 600 euros, así que sé un buen padre y vigila. No se erradica el tabaquismo con estas medidas (la historia lo demuestra), pero sí se consigue otra cosa: acostumbrarnos a obedecer, a temer la sanción y a interiorizar que el Estado es el gran educador y castigador. Nos hacen temerosos y sumisos. No es el imperio de la ley. Es pastoreo. Y las ovejas, convencidas de que deciden su propio destino, balan contentas mientras se estrecha el redil. | Vicente Palacios Asunción. Logroño
El saludo de la enxaneta
Desde que tengo relación con Cataluña (ahora casi me puedo considerar parte de esta tierra), me ha parecido algo genuino la capacidad asociativa de sus gentes, lo que les otorga fuerza para reivindicar, luchar por lo justo y conseguir logros, de otro modo impensables. Al hilo de esto, siempre digo que estar situados junto al Pirineo y tener por vecinos a los franceses supone un punto a favor. No olvidemos que catalanes insignes como Albéniz, Granados o Pedrell, junto a colegas andaluces como Falla, hubieron de marchar a París, lo que supuso una condición imprescindible para la culminación de sus carreras. Y, así, las similitudes que da la proximidad, como la lingüística entre el catalán y el francés, había de tener su continuidad tanto en el espíritu, siempre emprendedor, como en la noble capacidad para trabajar juntos por el bien común. Lo que comento podemos trasladarlo al ámbito lúdico. Ahora se ha celebrado la fiesta mayor mataronesa, en honor a las santas Juliana y Semproniana, de la que resalto dos momentos claves. Musical, el primero: resultan un lujo los conciertos de sardanas, celebrados en plena calle, tal es la idiosincrasia de las cobles. La danza colectiva refuerza los vínculos entre los paisanos, quienes se disponen a bailar naturalmente, al poco de escuchar la introducción del flabiol. El otro momento se refiere a los castellers que, en el caso de Mataró, se personifica en los Capgrossos, ya treintañeros. Es emocionante observar cómo estas personas aúnan esfuerzos y comparten sentimientos de grupo casi tribales, para intentar la proeza de acercarse al cielo. Y si esa emoción resulta siempre inevitable incluso para un ubetense que ha crecido entre procesiones de Semana Santa y estribillos de sevillanas, he de reconocer que el clímax se produce cuando la enxaneta, la niña que con ligereza y aplomo asciende en último lugar para coronar el castell; la más valiente de todos, con ingenuidad infantil pero con sorprendente sabiduría levanta la mano ante los aplausos ensordecedores de la multitud de ojos vidriados, y parece anunciar: «¡Otra vez lo hemos conseguido!». Gracias, Enxaneta, por tu saludo». | Gabriel Barbero Consuegra. Úbeda