El bloc del cartero
Inteligencias
Especula la carta de la semana con el impacto que en nuestra vida tendrĆ” el uso generalizado de herramientas de inteligencia artificial. Cabe preguntarse lo que mejorarĆ”, lo que pondrĆ” en riesgo, lo que destruirĆ”: todas las invenciones humanas, antes o despuĆ©s, obran ese triple efecto. QuizĆ” esta, sin embargo, vaya mĆ”s allĆ” que otras, en tanto que quienes la impulsan aspiran a que reemplace al propio ser humano en aquello que le es mĆ”s consustancial: la capacidad de analizar la realidad, interpretarla y dar respuesta a los problemas que plantea adaptĆ”ndose a sus circunstancias cambiantes. HabrĆ” tareas para las que las mĆ”quinas sean mĆ”s eficientes, pero hay algo que se les escapa: la sabidurĆa que solo la razón humana es capaz de producir, y con la que incluso un analfabeto puede iluminarnos.
titulosecundario titular="Las cartas de los lectores
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Inteligencia artificial
SegĆŗn el INE, hay en EspaƱa alrededor de 700.000 personas analfabetas. Conmemoro a una mujer analfabeta ... que estuvo cerca buena parte de mi vida. Nunca supe por ella que no sabĆa leer ni escribir. Cuando cogĆa un periódico donde vivĆa, se informaba de todo por las fotografĆas. En la radio, su otro medio de información, que escuchaba en la cama antes de dormirse, oĆa programas de fĆŗtbol, al que era muy aficionada. ConocĆa a todos los jugadores y crĆticos de la Ć©poca. Se crio entre dos guerras, la Primera Guerra Mundial y la Guerra Civil. Era la mayor de seis hermanos. Su madre murió en el Ćŗltimo parto. Creció sin ir al colegio. De mediana edad, se marchó a Barcelona, a casa de unos parientes terratenientes. AllĆ aprendió a obedecer y a sonreĆr, nunca se quejó. Se encargó de cuidar la huerta. Descubrió que, si no se trata con respeto, la tierra no da el fruto que se espera. Le pedĆa permiso a la tierra para sembrar. Ahuecaba la tierra con la azada, metĆa la simiente y le daba las gracias por permitir la siembra. SabĆa en quĆ© mes y a quĆ© hora se sembraba. DecĆa que el tomate se recogĆa al caer la tarde. Patatas, judĆas, todo tenĆa un horario porque la Luna influĆa. Con cuidado se subĆa a los Ć”rboles frutales y recogĆa el fruto en una cesta de mimbre. La acompaƱaba una perra de nombre Dama con la que se adoraban. ConocĆa las plantas medicinales, sus efectos en el cuerpo, y las aplicaba a la familia. En sus ratos libres, por la noche, junto a la chimenea, bordaba flores en manteles, servilletas, juegos de cama... Unas flores de colores vivos como las que recogĆa en el campo. Mantengo viva la admiración hacia esa mujer analfabeta con cuya sabidurĆa natural atendió a los suyos.
Pilar Valero Capilla. Zaragoza
GƩlido domingo de enero
Como ciudadano kiwi, quiero expresar mi gratitud a Jacinda Ardern por su liderazgo en Aotearoa-Nueva Zelanda en este Ćŗltimo lustro lleno de retos sin precedentes. Su elección en 2017 fue un soplo de aire fresco en un calentamiento climĆ”tico de escepticismo ciudadano y cinismo polĆtico que abordó con desenfado y empatĆa. Se enfrentó al supremacismo blanco en el peor atentado terrorista en el paĆs, poniĆ©ndose el hiyab y acompaƱando a la comunidad musulmana, con un mensaje inequĆvoco: son nosotros. Siempre defendió los intereses de los mĆ”s dĆ©biles. Fue madre. Puso a dos remotas islas en los mapamundis mĆ”s allĆ” del circuito turĆstico. Al comunicar su dimisión no evocó ninguno de sus logros, reconociendo haberse quedado sin energĆa para continuar. Gracias a su rapidez y contundencia en la pandemia se salvaron incontables vidas. Clarividente y firme, ingenua y carismĆ”tica, buena en el mejor sentido de la palabra, su carta de presentación y despedida fue la misma: te tangata, te tangata, te tangata ('la gente, la gente, la gente').
IvÔn Iniesta López. Madrid
El agujero
Hace unos dĆas paseando por la calle me fijĆ© que mi guante de lana derecho tenĆa un pequeƱo agujero en el dedo Ćndice. No era la primera vez que me sucedĆa, heredados de mi padre hace unos aƱos, ya tenĆan algĆŗn agujero zurcido cuando Ć©l me los dio. No le di mucha importancia, porque siempre mi abuela estĆ” ahĆ para zanjar rĆ”pido a todos esta Ćndole de problemas con su inestimable experiencia. Nacida a principio de los aƱos 30, y ama de su casa durante mĆ”s de 70 aƱos en un pequeƱo pueblo de menos de mil habitantes, habĆa estudiado interna durante tres aƱos al concluir el colegio para saber hacer todas las tareas del hogar. Apenas una semana despuĆ©s de darme cuenta del agujero, recibo a las 8 de la maƱana una llamada de mi padre: Ā«La abuelita ha fallecido esta noche, seguramente de un infartoĀ». SĆ© que me dijo antes, despuĆ©s y en medio algunas palabras, pero es lo Ćŗnico que soy capaz de recordar de esa conversación. En un instante, de un zarpazo repentino e inesperado completamente, me habĆa quedado sin abuelos. Una generación de personas que se crio con muchos agujeros y carencias de todo tipo. Sin embargo, siempre han ido por delante de nosotros predicando con el ejemplo. Teniendo muy poco, aceptando lo que les habĆa tocado vivir, pero siempre siendo muy generosos, pensando en los demĆ”s antes que en uno mismo. Delicados en el trato, pacientes, diligentes y con buena cara ante las incesantes dificultades de la vida. Espero que su ejemplo y sabidurĆa la tengamos siempre presente, porque en estos tiempos que no sabemos que lo tenemos todo, es mĆ”s necesaria que nunca.
Ignacio Leonardo Pueyo BestuƩ. Zaragoza
El salón de la tĆa Ćgueda
A mediados de los aƱos 70 recuerdo que era frecuente que toda la familia fuĆ©semos a merendar a la casa de la tĆa Ćgueda. Era un piso pequeƱo y antiguo pero acogedor y lleno de encanto. Una de sus estancias āla mĆ”s amplia y, de alguna manera, tambiĆ©n la mĆ”s nobleā la tĆa lo llamaba el salón pero no se podĆa entrar, y mucho menos nosotros, los niƱos, a jugar. Y es que al salón sólo se entraba por dos motivos. Uno de ellos era limpiar cuidadosamente el polvo de todos los elementos, algo que se hacĆa exclusiva y solemnemente por parte de la tĆa Ćgueda en persona. El otro motivo era recibir visitas de cierta relevancia y compromiso, durante las cuales la tĆa sufrĆa lo indecible ante la posibilidad de que, accidentalmente, una gota de cafĆ© acabase en la chenilla. Cuando Ćbamos nosotros ocupĆ”bamos una sala adyacente mucho menos decorosa y mucho mĆ”s funcional, que la tĆa llamaba la salita. AƱos despuĆ©s fui comprobando que esta dinĆ”mica de inmovilizar la mejor estancia de la casa para dedicarla casi en exclusiva a mero continente de los mĆ”s relevantes objetos domĆ©sticos patrimoniales de la familia, era algo muy extendido. Ello se enmarcaba en el contexto de una sociedad espaƱola que, habiendo dejado atrĆ”s la posguerra, ya veĆa posible aspirar a un crecimiento socioeconómico, plasmado en la progresiva colección āy cuidadosa exhibiciónā de todo aquel ajuar que comunicaba la creciente prosperidad de una incipiente clase media. A pesar de los apuros que sufre el sector cultural en la actualidad, hubo un tiempo en el que casi cada casa tuvo su propio museo.
Guillermo FernÔndez. Correo electrónico
ĀæRobot o persona?
Una nueva herramienta de inteligencia artificial (IA) estĆ” siendo muy utilizada en todos los sectores productivos: ChatGPT. Muchas tareas que antes eran realizadas por personas ahora se estĆ”n automatizando, incluidas la redacción de textos y generación de contenido, lo cual tiene muchas ventajas. La IA permite procesar grandes cantidades de datos mĆ”s velozmente de lo que harĆa una persona y ayuda a detectar patrones y tendencias que podrĆan pasar desapercibidos para un humano. Nos ayudarĆ” a avanzar y crecer. Preocupa a la vez que la IA reemplace a las personas en muchas tareas, hasta resultar casi imposible diferenciar quiĆ©n las ha hecho. Como ante cada avance tecnológico, se perderĆ”n puestos de trabajo, pero se crearĆ”n otros nuevos. La cuestión es: ĀæestĆ” preparada nuestra sociedad para que incansables mĆ”quinas realicen mejor y mĆ”s rĆ”pido nuestro trabajo? Y mĆ”s importante, Āæpodremos diferenciar cuĆ”ndo una tarea ha sido realizada por una persona o por una IA, si este artĆculo lo ha escrito quien abajo firma o el ChatGPT? Juzguen ustedes mismos.
Vicente Ortiz Guerrer. Murcia.
Por qué la he premiado⦠Por la reflexión, las preguntas y esa duda final, que nos acompañarÔ en adelante.