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El bloc del cartero

Inteligencias

Lorenzo Silva

Especula la carta de la semana con el impacto que en nuestra vida tendrÔ el uso generalizado de herramientas de inteligencia artificial. Cabe preguntarse lo que mejorarÔ, lo que pondrÔ en riesgo, lo que destruirÔ: todas las invenciones humanas, antes o después, obran ese triple efecto. QuizÔ esta, sin embargo, vaya mÔs allÔ que otras, en tanto que quienes la impulsan aspiran a que reemplace al propio ser humano en aquello que le es mÔs consustancial: la capacidad de analizar la realidad, interpretarla y dar respuesta a los problemas que plantea adaptÔndose a sus circunstancias cambiantes. HabrÔ tareas para las que las mÔquinas sean mÔs eficientes, pero hay algo que se les escapa: la sabiduría que solo la razón humana es capaz de producir, y con la que incluso un analfabeto puede iluminarnos.

titulosecundario titular="Las cartas de los lectores

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Inteligencia artificial

Según el INE, hay en España alrededor de 700.000 personas analfabetas. Conmemoro a una mujer analfabeta ... que estuvo cerca buena parte de mi vida. Nunca supe por ella que no sabía leer ni escribir. Cuando cogía un periódico donde vivía, se informaba de todo por las fotografías. En la radio, su otro medio de información, que escuchaba en la cama antes de dormirse, oía programas de fútbol, al que era muy aficionada. Conocía a todos los jugadores y críticos de la época. Se crio entre dos guerras, la Primera Guerra Mundial y la Guerra Civil. Era la mayor de seis hermanos. Su madre murió en el último parto. Creció sin ir al colegio. De mediana edad, se marchó a Barcelona, a casa de unos parientes terratenientes. Allí aprendió a obedecer y a sonreír, nunca se quejó. Se encargó de cuidar la huerta. Descubrió que, si no se trata con respeto, la tierra no da el fruto que se espera. Le pedía permiso a la tierra para sembrar. Ahuecaba la tierra con la azada, metía la simiente y le daba las gracias por permitir la siembra. Sabía en qué mes y a qué hora se sembraba. Decía que el tomate se recogía al caer la tarde. Patatas, judías, todo tenía un horario porque la Luna influía. Con cuidado se subía a los Ôrboles frutales y recogía el fruto en una cesta de mimbre. La acompañaba una perra de nombre Dama con la que se adoraban. Conocía las plantas medicinales, sus efectos en el cuerpo, y las aplicaba a la familia. En sus ratos libres, por la noche, junto a la chimenea, bordaba flores en manteles, servilletas, juegos de cama... Unas flores de colores vivos como las que recogía en el campo. Mantengo viva la admiración hacia esa mujer analfabeta con cuya sabiduría natural atendió a los suyos.

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