El bloc del cartero
León
Nadie tiene el don de gustar a todo el mundo, y por eso no ha faltado quien ponga reparos a la reciente visita del papa ... León XIV: por afear a los representantes de la ciudadanía la aprobación de normas que reconocen derechos, por no ser lo bastante firme en el rechazo de los abusos en el seno de la Iglesia, por el papel de la mujer en la institución que dirige, por cargar a otros el deber de acoger a los inmigrantes. Sin embargo, el sentir más general es que el papa nacido en Estados Unidos, con su mezcla de cordialidad, paciencia y erudición, ha dado a los españoles el ejemplo de un liderazgo que echan de menos entre sus dirigentes. Además, demostró conocer mejor que ellos nuestra tradición cultural, al rendir a la Escuela de Salamanca el homenaje que aquí se le ha escatimado en su 500 aniversario. Todo un síntoma.
LAS CARTAS DE LOS LECTORES
De rescates y joyas
Tras la ilusionante visita del Papa, toca volver a la realidad. El Pontífice nos ha dejado palabras llenas de sentido, pero, al regresar a la 'anormalidad' política de nuestro país, encontramos un paralelismo penoso en el aeropuerto de Tenerife. Por un lado, la avería del A320 de Iberia propició un gesto noble: el Rey cedió su Falcon al Santo Padre en un rescate ejemplar entre jefes de Estado. En cambio, en ese mismo suelo canario descansan los aviones de Plus Ultra, la aerolínea rescatada con dinero público y vinculada a un Zapatero de quien acabamos de saber que ocultaba joyas millonarias sin declarar. Me quedo, sin duda, con el rescate del Rey y las verdaderas joyas que nos ha regalado el Papa. Por lo demás, solo podemos «alzar la mirada» si lo que vemos aquí abajo supera nuestra paciencia o ciertos umbrales de indecencia. | José María Maldonado Casado. Las Palmas de Gran Canaria
¿La última esperanza?
Siete minutos de aplausos en el hemiciclo. Todos los partidos políticos aplaudiendo a una. Incluso se dan vivas al Papa. Y es posible que entonces cruzase por la mente de alguien: existe la remota posibilidad de que nuestros políticos se entiendan respecto a los principios más básicos. Pero a los pocos días de aquellos aplausos, un tortazo de realidad: el hemiciclo vuelve a ser un patio de colegio. Y fuera, más casos de corrupción. Y, entonces, esas personas que por un instante se ilusionaron con los políticos se desengañan, asaltadas por un interrogante: ¿y si la última esperanza que nos queda para ver un país mejor pasa por algo tan arcaico y denostado como la Iglesia y ese hombre vestido de blanco? Quizá por eso muchos jóvenes hoy se convierten. Igual parte del despertar religioso que tiene lugar entre los jóvenes españoles tenga que ver con ello. Vamos, digo yo, que no sé nada, solo soy uno de esos jóvenes... | Miguel Rico García. Rivas-Vaciamadrid (Madrid)
En la misma piedra
Seguimos tropezando con la misma piedra y empeñados en asesinar ese sueño y realidad de siglos que aún se llama España. ¿No han servido de nada los más de quinientos años de convivencia, esfuerzos, sacrificios, logros y la sangre derramada de hermanos? ¿Hemos enterrado las sabias palabras de Cervantes, Galdós, Unamuno, Ortega o Antonio Machado? ¿Es que en España solo van a contar las palabras de vesánicos 'mesías', políticos corruptos y vendedores de crecepelos independentistas? Y el pueblo español aguantando lo que le echen. Lo mismo siguen siendo ciertas las palabras de Machado: «Nuestro español bosteza. ¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío? Doctor, ¿tendrá el estómago vacío? El vacío es más bien en la cabeza». Cuando despertemos de esta modorra solo encontraremos a España en los libros de historia. | José Fuentes Miranda. Azuaga (Badajoz)
El Papa y la inmigración
Todavía no se han apagado los ecos de la visita del Papa y sigue resonando en mi cabeza la bronca moral que el sumo pontífice ha echado a los países europeos, porque —según él— no estamos receptivos a la migración ilegal que entra en Europa. Pues el Papa además de ser líder religioso, es también jefe de estado del Vaticano (un cargo político) y desde ese puesto podría predicar con el ejemplo y ordenar la apertura total de sus fronteras y así acoger cuantos inmigrantes lleguen a Europa. Y ya puestos, otros microestados europeos —Andorra, Mónaco—, que son tan católicos, podrían seguir las consignas del Papa y darnos lecciones de acogimiento y apertura de fronteras al resto de países europeos. Pero me da que no, que como decía mi padre «no es lo mismo predicar que dar trigo» y el Papa —como buen líder espiritual— predica muy bien, pero no da trigo. Los líderes religiosos y/o políticos del mundo suelen pecar de incoherencia y falta de ejemplo, amén de que aplican a la perfección eso de: «Haz lo que yo digo, pero no hagas lo que yo hago». Imagino que entienden que «la caridad bien entendida empieza por uno mismo». | Pedro Pablo Pellón Pulido. Madrid
Días difíciles
La retrasmisión de la visita pastoral del Papa León XIV, la repercusión de los actos, las imágenes de sus encuentros y la ausencia de todo lo demás hace que estén siendo días difíciles para las católicas feministas, las mujeres y la ciudadanía que vive en el año 2026. Días difíciles para quienes creen en la separación de poderes y observan los ocho minutos de aplausos al pontífice en el seno del Congreso, templo de la democracia, y sobre un discurso en el que los grupos políticos no creen, bien por antibelicista o por contrario al aborto y eutanasia, pero donde buscan mimetizarse en el humo del incienso eliminando el hedor de corruptela que les envuelve. Días difíciles al contemplar el blanqueamiento de una curia que, contraria al mensaje de Cristo, excluye a las mujeres por el hecho de serlo, también a los homosexuales. Días difíciles para quienes no normalizan los altares vacíos de mujeres sacerdotes, diáconas, monjas, laicas y monaguillas. Días difíciles para la constitución española y sus valores superiores, porque en medio de un mensaje con importantes verdades, también se cuela una institución financiada con dinero público a la que le cuesta pronunciar la palabra abusos. Muchas personas necesitamos creer en Alguien, pero es muy importante no borrar los logros conseguidos como sociedad y país por encajar en una iglesia que necesita revisarse urgentemente. | Berta López de Echazarreta Alonso. Burgos
Sin niños, no hay futuro
La reciente advertencia de Funcas sobre la caída de la fecundidad en España, situada ya en torno a 1,1 hijos por mujer, no debería ser una cifra más en el flujo informativo, sino una señal de alarma nacional. No estamos ante una simple tendencia demográfica: estamos ante un problema estructural que compromete el futuro mismo del país. Sin niños no hay relevo generacional, no hay sostenibilidad del sistema de pensiones, no hay dinamismo económico ni tejido social que perdure. Una sociedad que no es capaz —o no encuentra las condiciones— para tener hijos está, en cierto modo, renunciando a sí misma. Hoy somos cerca de 50 millones de habitantes, pero la pregunta que deberíamos hacernos es tan sencilla como inquietante: ¿cuántos seremos mañana? Las causas son conocidas: precariedad laboral, dificultad de acceso a la vivienda, conciliación insuficiente y una creciente incertidumbre vital que retrasa o directamente descarta la maternidad y la paternidad. Sin embargo, lo preocupante es la falta de respuestas eficaces y sostenidas en el tiempo. No basta con diagnósticos reiterados; se necesitan políticas decididas que apoyen de verdad a quienes quieren formar una familia. El debate sobre la natalidad no es ideológico, es existencial. Si no se actúa con urgencia y ambición, España se encamina hacia un envejecimiento acelerado y una reducción progresiva de su población, con consecuencias económicas y sociales difíciles de revertir. Porque, en última instancia, la cuestión es clara: sin niños, no hay futuro. | Pedro Marín Usón. Zaragoza
LA CARTA DE LA SEMANA
¿Por qué la he elegido…? Porque en la espera, y en nuestra capacidad de sostenerla, sigue estando la esperanza.
La espera
Quiero jubilarme. Estoy cansado. Tengo la sensación de haberlo dado todo. Siento que mi labor ya no es la que era. Que mi influencia se esfuma como lo hace la responsabilidad en la sociedad. Me siento querido, pero no es suficiente para levantarme todos los días al trabajo. Todos piensan que nuestro trabajo es bonito, y lo es. Que hacemos una labor muy importante, y así es. Pero nadie tiene tiempo para escucharnos, acompañarnos, reforzarnos… Pero al mismo tiempo una voz me dice… «¡Espera!». Todos los docentes sabemos que la espera es una herramienta esencial en nuestra tarea. Tenemos la esperanza de que algún día florecerá lo que hemos sembrado en nuestro alumnado. Nadie sabe cómo ni cuándo. En una sociedad de prisa constante… ¡encima pedimos espera! ¿Ven cómo es para jubilarme? Bueno… Voy a darme más tiempo.
Vicent Roig Fito. Bétera (Valencia)