El bloc del cartero
Locos
Quien no escuchó a Jesús Quintero, alias el Loco de la Colina, en aquel mítico programa de radio que inmortalizó su apodo, no sabe hasta dónde puede llegar la comunicación radiofónica. Nadie buscó nunca al otro, el entrevistado o el que escuchaba, con tanta pasión y tanta hondura. Nadie como él supo convertir los silencios en sustancia tan significativa como las palabras, convencido de que estas se vuelven preciosas por ellos, como la oscuridad le otorga a la luz su valor incalculable. De locos era ya entonces acercarse a otro, a cualquiera, y prestarle atención y ponerlo en el centro de todas las escuchas. Más de locos lo es hoy, en un planeta atestado de cuerdos que no se escuchan más que a sí mismos mientras demandan la constante atención ajena. Cuánto vamos a añorarlo.
Cartas de los lectores
El Loco
Así empezaba: «Buenas noches, pasaba por aquí, vi tu luz encendida y pensé que a lo mejor no tenías sueño y te apetecía charlar un ... rato...». El Loco de la Colina, el Ratón Colorao, ha muerto. Ese verso suelto, Jesús Rodríguez Quintero, me alegró e iluminó las noches de principios de los ochenta mientras estudiaba Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de Granada. A veces tenía que parar de estudiar y escucharlo porque me sorprendía con alguna pregunta inesperada, un poema o canción desconocida. Era mágico, envolvía la noche con palabras, música y silencios hasta hacerte sentir que no estabas solo. Su forma de hablar, tan pausada, y los contenidos de las entrevistas eran algo nuevo para mí. Los invitados se abrían de par en par a las preguntas y a las formas de este mago del lenguaje. De ahí nació mi amor a la radio. Descanse en paz un maestro irrepetible.
Nicolás Miguel González Lorenzo. El Ejido (Almería)
He podido conocer a mis nietos
En medio de una guerra que está matando a tantos inocentes, te encuentras en el periódico con algo tan grande como los trasplantes, de todo tipo, importantes todos. Una serie de angustias, miedos y agobios que son solucionados por médicos y equipos excelentes que lo dan todo por ti. Yo tengo que agradecer esa ayuda infinita recibida hace más de treinta años. Así he podido ver a mis hijos casados y conocer a mis nietos, algo impensable cuando me diagnosticaron una leucemia… El caso es que entonces dije: «Me curaré». Y así fue. Por esto vale la pena vivir, trabajar y esforzarse, decían los cuidadores cuando nos veían mejorar. ¿Por qué, entonces, existe gente que solo busca matar para figurar como poderosa mientras otros se dejan la piel para salvar a los que lo necesitan?
Cristina P.-O.G. León
El carrito andador
Desde hace años, por circunstancias familiares, mi vida transcurre cerca de los ancianos. Y hay un objeto que me llama la atención e invita a reflexionar. Haciendo una pequeña broma, no será de extrañar que dentro de poco el 'carrito andador' sea el vehículo más vendido en España. Cada vez hay más ancianos... y más carritos. Habría que hacerle un monumento al inventor. Este artilugio permite que nuestros mayores no tengan que permanecer anclados en un sillón: les facilita la movilidad, con las ventajas del ejercicio físico y las relaciones sociales. Y, además, es toda una metáfora. Con los años, nuestros apoyos se tambalean. Y hay que tener humildad para pedir el auxilio, algo que los ancianos rechazan de primeras. Se engañan y confían en unas fuerzas que ya no tienen. También nosotros nos cegamos con el orgullo y nos cuesta pedir ayuda. La amistad, la familia y la fe son nuestro carrito: nuestro mejor amigo/a, esposo/a, hijos, padres y hermanos. Y nuestro Dios. Siempre dispuestos para sostener una vida cansada.
Antonio José García Gómez. Villafranca de los Barros (Badajoz)
Trenes gratis en Galicia
Y para todos por igual. Y mientras ricos y pobres se benefician de viajar gratis, el resto, aquellos que pagan, quedan fuera. El cartel de no hay billetes se ha colgado en las ventanillas de las estaciones, para vergüenza de políticos que, por ganar votos, dejan sin derechos a una buena parte de la población. A esos que se dan en las narices con el cartel de no hay billetes. Y cuando consiguen un asiento para viajar de Santiago a Vigo, por ejemplo, ¡oh casualidad! se encuentran pasajeros invisibles, fantasmas que van sentados a su lado, o en el asiento de enfrente, y a los que pueden dar codazos o pisotones, ya que no irán a quejarse, ni al revisor ni a nadie, porque, sencillamente, no existen. Ya está bien de tanta farsa politiquera, de regalos que fomentan la picaresca. Hay que reservar asientos para los que pagan, y no solo para los gorrones. De las subvenciones de nuestros gobiernos, esta es una de las más injustas. Trenes para todos, sí. Gratis sólo para los que puedan demostrar, mediante la correspondiente certificación de Hacienda, que no lo pueden pagar.
Xiana del Cabo. Correo electrónico.
Demos las gracias
Si eres viejo, eres un estorbo. Por eso existen las residencias de ancianos, guarderías de niños envejecidos. Un anciano no es más que un niño envejecido. Siempre deberíamos sentirnos y comportarnos como niños, no como adultos, por muchos años que tengamos. Odié a la gente que me decía: «A ver si maduras». Para mis adentros, siempre respondía: «Para eso ya está la fruta...». Esta vida es maravillosa. Un regalo. Pero, en mi opinión, es como si fuera una estafa. Vives ahora, que dentro de pocos segundos estarás convertido en polvo o en un nicho o bajo tierra. Perdí parte de mi juventud en el Seminario Mayor de Vitoria. Analizábamos argumentos de filósofos, teólogos y otros pensadores y, si Dios existe, todo adquiere sentido; si no, todo es absurdo. Pese a ello, la vida sigue teniendo sentido. Debemos dar las gracias cada mañana por haber existido, por la salud de la que se goza, por haber conocido este mundo, por comer, por haber conocido a personas maravillosas, por tener una familia, por vivir en una sociedad demo-crática, tener derechos, un trabajo, amigos, por haber adquirido conocimientos, por haber dejado una huella que otros verán.
Juan Carlos Audikana Hueda. Vitoria-Gasteiz