El bloc del cartero
Memorias
No hay una memoria de algo, sino tantas como personas lo recuerdan; en esto podemos convenir, y es un buen punto de partida para prevenir el dogmatismo memorístico que tanto mal hizo, hace y hará. Sin embargo, una sociedad que se pretenda democrática debería poder establecer algunos consensos básicos para la dignidad de las personas. El gobierno autocrático basado en la venganza no merece homenaje ni reconocimiento. Tampoco quien quiere hacer prevalecer un proyecto de construcción de una sociedad aterrorizando a quienes la componen. La ley ha desterrado por fin cualquier complacencia con los atropellos del franquismo, sin olvidar esos simulacros de juicio que hicieron criminales a inocentes e incluso a personas honorables. Falta, ahora, que se deje de honrar a otros verdugos.
Las cartas de los lectores
Crece la democracia
El PP promete derogar la Ley de Memoria Democrática. España es el segundo país con más muertos en las cunetas. Más de 100.000. ¿Qué ... menos que que una víctima, de cualquier bando, que quiera dar reposo a un ser querido asesinado por el Estado reciba ayuda estatal? Además, no se podrá enaltecer la dictadura; serán nulos los juicios franquistas carentes de garantía procesal; se retirarán condecoraciones y títulos nobiliarios otorgados por el dictador a asesinos y torturadores; podrán recobrarse latrocinios, expropiaciones y expolios sobrevenidos por razones ideológicas; se obtendrá reconocimiento e información del Estado para poder localizar, identificar y dignificar a sus víctimas… Con la aprobación de la ley, que no es revanchista sino reparadora, crece la democracia, y el franquismo golpista y su perpetua violación de derechos humanos será ilegal. Aunque tarde, es oportuna. Siempre lo es combatir injusticias. ¿Ven algo malo, señores del PP?
Miguel Fernández-Palacios Gordon. Madrid
Todos los viernes
Cada viernes a última hora de la tarde, se organiza una manifestación, por el centro de San Sebastián, de familiares de miembros de ETA, con sus fotos y nombre en carteles, pidiendo mejoras y demás, mostrando 'orgullosos' a sus familiares, asesinos, extorsionadores, y autores de delitos de terrorismo. Todo con música y escoltados por la Policía y reteniendo el tráfico e impidiendo su normal discurrir. Imagino que esto sería impensable con los terroristas islámicos en Nueva York, París, Madrid o con los diferentes grupos asesinos que han hecho sufrir al mundo. Estoy seguro de que no se permitiría en ninguna ciudad del mundo democrático. ¿Por qué debemos soportarlo desde hace años en Donosti? ¿Qué creen que sienten las familias de las víctimas?
Ion. Donosti
Todos seremos mayores
Soy un jubilado de 83 años, como muchos jubilados humildes, de barrio, tenemos nuestros pequeños ahorrillos conseguidos después de una vida llena de esfuerzos. Ya cansado de que la cuenta bancaria siempre disminuya por comisiones de mantenimiento, de tarjeta..., decidí preguntar a mi banco de siempre si había algo donde tener mi dinero protegiendo siempre mi capital. Me garantizaron, encantados, que el capital no se tocaba, que solo podían subir o bajar mis intereses. Bien. Después de un 'firme aquí y aquí y aquí', un año después he perdido 5000 euros. Su respuesta: eso es lo que yo asumí. Soy una persona absolutamente independiente en mi vida diaria, pero con estos sucesos te hacen sentir absolutamente inseguro, la sociedad debería ayudar a sus mayores a que puedan seguir siendo independientes con sus limitaciones y no intentar engañarles, todos seremos mayores algún día.
Félix. Bilbao
Donde dije digo
Confieso que en mi vida he sido poco aficionada a consumir estas rocambolescas historias que son las fotonovelas, telenovelas y demás excéntricos novelones. Me acuerdo de cuando en mi adolescencia, siendo estudiante de bachiller y posteriormente de Medicina, oía a mi madre escuchar una novela radiofónica que se titulaba Lucecita con tal vehemencia que me ponía nerviosa. Me hablaba de los personajes como si de parientes se trataran. Esto era inadmisible en una mujer universitaria que se creía una intelectual. Cuando me acuerdo de aquellas viejas ideas y me veo ahora con muchos años más, con pérdidas importantes en mi vida y una soledad aceptada, pero indudablemente triste, siento cada vez más afinidad por estos relatos que combinan amor, poder, venganza y traición, componentes que los convierten en ‘adictivos’. Pero es que, además, descubro que estos folletines forman parte de muchas novelas de grandes escritores. Véanse los diversos culebrones en cada una de las series de los Episodios Nacionales de Galdós. Gabriel Araceli y su amada Inés; Salvador Monsalud y Solita y Fernando Calpena y su amadas Aura y Demetria. Todos ellos han hecho que me haya enganchado a esta magnífica obra tanto como algunas series interminables de Netflix; por ejemplo La Esclava Blanca, Café con aroma de mujer o Pasión de Gavilanes. Y después de todo, como dice el refrán, «donde dije digo, digo diego». Tengo que rectificar y reconocer los buenos ratos que estas historias me están dando y me han dado, sobre todo durante la época de la pandemia en la soledad de mi hogar.
Ana Isabel Aller Blanco. Huesca
La tómbola
Viajar gratis en tren ha pasado de ser un 'derecho fundamental', consolidado hasta 2022, a un privilegio reservado a los más rápidos y previsores, con vidas planificadas en cuadrícula. Así, la aplicación de Renfe se ha convertido en una tómbola: un día te llevas el perrito piloto y otro día te vas con las manos vacías. Pero a esta trama, que huele a algodón de azúcar y almendras garrapiñadas, le faltaba un protagonista clásico, un cliché en toda regla: el aprovechado. En este papel se han metido hasta el fondo ciertas agencias de viaje. Su truco es tan magistral como antiguo y lucrativo: la reventa, solo que en lugar de entradas para ver a Rosalía el objeto de la especulación son los asientos de los trenes. Estos abusones hacen reservas masivas y las plazas libres desaparecen de los vagones como por arte de magia. Ahora las ves, ahora no las ves. Y cuando el usuario recurrente con abono gratis quiere viajar, se encuentra con que el tren está lleno. Pero, sorpresa, en las webs de esas agencias sí hay plazas, y muchos usuarios que no tienen otra opción acaban pagando. Entonces me sorprendo a mí misma pensando en los otros caraduras, los que reservan asiento y luego no viajan, y hasta me apetece aliarme con ellos contra los listos que retuercen el sistema para sacar tajada.
Flor Robleda Jiménez. Ourense
Felicidad extrema
Últimamente YouTube (o, más bien, su morboso algoritmo) no para de sugerirme vídeos sobre los estragos del fentanilo en Estados Unidos. La hipnótica visión de los 'yonquis', totalmente abstraídos, con sus torsos pendulantes como banderas a media asta, clavados en las aceras a lo largo del barrio de Kensington, Filadelfia, me hace preguntarme qué lleva a alguien a terminar así. Busco incluso en la Red los efectos de la dichosa droga, y en la web de NIDA (National Institute on Drug Abuse) encuentro, el primero, «felicidad extrema», y me asalta una total incomprensión. El concepto se me hace abrumador, insondable. Me da por pensar que quizá se habla mucho, con forzada compasión, del deplorable estado de los 'yonquis', de sus poblados, de sus posibilidades de reinserción en la sociedad, y muy poco de su búsqueda de la felicidad, de por qué han llegado a ese punto, de por qué engancha lo que les engancha. Me pregunto si seremos capaces alguna vez de empatizar realmente con ellos. Nosotros, visible y sobria sociedad que paga sus impuestos, que huye de desvíos y desviados y conduce su vida con responsabilidad y rectitud. ¿No es acaso muy alta nuestra atalaya?
José Ángel Maneiro. Pontevedra
Por qué la he premiado… Por hacerse la gran pregunta, la que solemos esquivar a la vista de quien tomó el desvío