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Que una joven de 25 años trate de suicidarse y tras fallar en el intento y quedar impedida y traspasada de dolores pida que la ... ayuden a morir es un fracaso que a todos nos interpela, cuando su guarda, su custodia y su tutela la han asumido los poderes públicos, postulándose para suplir la supuesta incompetencia de sus progenitores. Nadie rinde cuentas por ese fracaso –anteella, en primer lugar– y sólo supimos de ella cuando su padre intentó impedir el acto irreversible que iba a producirse con arreglo a la ley y tras cumplir los trámites en ella previstos, según han acabado dictaminando los tribunales. Ahora Noelia ya no está, y cada cual lo valora desde la propia moral, la propia fe o el propio espanto. Lo que importaba, lo que ya se ha perdido, era su vida. Nada que ahora digamos va a devolvérsela.
Noelia solo tenía 25 años y muchos problemas ya desde su infancia. Padres separados, internada en un centro de acogida porque nadie de su familia se podía hacer cargo de ella, violada en grupo (asunto sin aclarar por cierto), intentos de suicidio con resultado ya conocido... Los mismos que deberían haberla protegido son los que la han ayudado a morir. Qué vergüenza. Ya no por motivos religiosos, pero creo que cualquiera en plenas facultades puede decidir poner fin a su vida, pero no alguien de 25 años a quien la sociedad le ha dado la espalda, pero sí ha puesto los medios legales y materiales para hacerla desaparecer. Algunos políticos se felicitan hoy porque «se ha cumplido la voluntad de Noelia». ¿La voluntad de Noelia? Fracaso de la sociedad, de las instituciones y de todos nosotros. DEP. | Ángela B. P. Correo electrónico.
¡Buen viaje, amiga mía! Sé que, vayas donde vayas, será un edén. Has luchado por mantenerte en este lugar de nadie y de todos. Has soportado todo lo soportable. Sé que no has vivido ni un solo día sin dolor. ¡Ha sido demasiado! Te comprendo y me pongo en tu lugar, que es lo que debemos hacer para comprender ciertas situaciones que no entran en nuestro cerebro. Cuando se pone en juego nuestro propio sufrimiento, o cuando se está al borde del precipicio, se pueden entender situaciones que antes no asimilábamos. Habrá quien se rasgue las vestiduras por no entenderlo. Están limitados de pensamiento por su anacrónico código moral. Te has ganado ese lugar donde ahora te encuentras, sea el que sea, porque así lo querías. Pronto nos veremos, sin duda. Y ahora sé lo feliz que nunca pudiste ser en este lugar de nadie y de todos. | Rafael Alcalá Álvarez. Málaga.
Recientemente estuve ingresado unos días tras los que se me implantó un marcapasos. Los cuidados de los doctores fueron tan impecables como los de las enfermeras, siempre afectuosas, atentas, cercanas. Primero pensé que mis 94 años influían en esta agradable actitud; después vi que su trato era igual con todos los enfermos. Un detalle lo confirma. Médico y enfermera me estaban realizando un reconocimiento antes de la operación. El doctor, que me mantenía en una necesaria posición algo molesta, me dijo amablemente: «Si le hago daño, se queja». La enfermera, que me sujetaba la cabeza cuidadosamente, repuso: «Le estás haciendo daño, pero no se queja». Cuando acabaron, no pude menos de besar la cercana mano de la enfermera y ella dedicarme una fugaz sonrisa. Hoy que médicos y enfermeras están sometidos a agotadoras guardias y a un trabajo no siempre agradable, hay que, al menos, agradecer y corresponder a su entregada vocación. | Juan José Osácar Flaquer. Zaragoza
En la mirada de los niños y niñas un muñeco de madera ataviado con ropas extrañas y fumando un puro de grandes dimensiones. Un acto tradicional de la Semana Santa, concretamente del Sábado Santo, que se celebra en la ciudad navarra de Tudela. En la mirada de los jóvenes divertimento de salir con la cuadrilla y consumar la fiesta con carne a la brasa en los campos contiguos al casco urbano. En la mirada de los adultos, un año más de tradición. Leche con canela, chocolate, churros, marcan el después del acto. Siempre pendientes de los más pequeños y de los familiares invitados a ver a ese Judas Iscariote que, delante de un numeroso público, espera, en la Plaza Nueva, el encendido del puro- petardo, que es el momento en el que todo salta por los aires. En la mirada de los mayores, un año más de cuenta atrás. Celebrando el reencuentro con sus grandes momentos de infancia. Recordando a sus padres ausentes. Donde unos ven un muñeco divertido y estrafalario, otros ven el destino de las malas obras y la advertencia del inexorable tiempo. El Volatín recuerda que lo subieron al palo en una fecha cercana al mil setecientos y todavía le siguen descogotando por traicionar a Jesús después de haber pasado tantos años. Gran memoria acontece a los malos actos. Sirva de advertencia para quienes, queriendo obrar en infortunio, la historia les reserva un lugar preferente en el mismo palo. | Alicia Baigorri. Tudela (Navarra)
Jose, que no José, conduce el taxi que nos llevará al Zaidín. Es un tipo hábil. Auténtico y honrado. Un chaval de treinta y dos años. Le llevo veinticuatro, pero pudiera parecer que la diferencia de edad no sea tanta; y no, precisamente, porque yo aparente ser más joven de lo que soy. Jose, con la verborrea que le caracteriza, equivoca su ruta por un milímetro ante las miradas de Cristóbal Colón y la reina Isabel, y ahora no puede girar hacia la calle Recogidas desde el semáforo en rojo, cuyas cámaras nos incomodan. Pero no oculta un descuido que ni por asomo nosotros habríamos intuido. En apenas quince minutos nos relata su trayectoria como chófer de empresa, primero; como conductor de ambulancias, después; y, desde enero, como taxista con flamante licencia. Su nueva situación laboral le permite la práctica deportiva, en honor y recuerdo de su etapa de futbolista adolescente y de avezado jugador de futbito: hace cientos de kilómetros con la bici; nada, y corre medias maratones. De hecho, entrena cuatro días a la semana para poder competir con dignidad. Eso de estar tantas horas al volante, él lo sabe, puede terminar pasándole factura. Ufano nos cuenta que estos días ha asistido a las semifinales de la Copa de España de fútbol sala, aunque hoy no presenciará la final entre el Barça y el Jaén: las entradas se agotaron hace tiempo. Al detener el coche por última vez, el taxímetro marca una cantidad a la que el conductor araña un descuento, para disculpar el error que él mismo ha subrayado con quijotesca elegancia, algo tan en desuso hoy como algunas expresiones del DRAE. Salimos del Toyota (parece que en Granada todos los taxis tienen rasgos nipones), a los pies del centro cívico donde Claudia tocará esta mañana con la Orquesta Escuela, y no puedo evitar estrechar con efusivo afecto la mano de Jose, que hoy me ha dado una lección de vida, además de varios motivos para comenzar a cuidarme físicamente e intentar ser un poco más honesto. ¡Que Dios bendiga a la buena gente! | Gabriel Barbero Consuegra. Úbeda (Jaén)
De eso trata la poesía, de tejer cuidadosamente las palabras evitando la formación de nudos o, lo que es peor, que se rompan los hilos mientras se trenza la obra. Se asemeja al trabajo de un orfebre por su meticulosidad, por el sumo esmero a la hora de encajar la palabra apropiada en el lugar adecuado del verso, ni una más ni una menos. Ha de quedar una composición armoniosa, bella, que discurra obedeciendo el ritmo y el gusto de su creador. Cada 21 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Poesía, así que en ciudades y pueblos lo celebramos con numerosas actividades de todo tipo, encuentros y recitales en torno a ella. Bien está. La poesía busca la belleza a través de la expresión de sentimientos y emociones universales: amor, odio, tristeza, miedo, alegría, melancolía y un larguísimo etcétera. En verdad, es un género minoritario tanto por el número de escritores que lo practican como por sus escasos lectores y, sin embargo, quién no recuerda haberse estremecido al escuchar o leer un poema. ¿Quién no ha soñado alguna vez con la mar anhelada de Alberti o la pupila azul de Bécquer? Me atrevo a asegurar que, cuando la fuerza de un verso te agarra, no te suelta jamás y su sombra te acompaña por siempre. Ahora que nos visita Flora, diosa romana de la primavera, arrojo un ramillete de versos de grandes poetas como retazos de sus vidas. Yo no sé lo que busco eternamente en la tierra, en el aire y en el cielo (Rosalía de Castro). Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde (Jaime Gil de Biedma). Llegué al dolor por la alegría (José Hierro). Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa (Santa Teresa de Jesús). Hoy es siempre todavía (Antonio Machado). Pura delicadeza. | Isabel Pascual Cebrián. Correo electrónico
¿Por qué la he elegido…? Porque la capacidad brilla al ponerse a prueba, y entonces deja en evidencia al prejuicio.
En el océano de la docencia se tiende a justificar el tedio del aprendiz, como si la falta de impulso viniera de fuera y la motivación fuese un don y no una llama que también se aprende a encender. Lo he aprendido en el aula. Vino del mar. El mismo mar que le había arrebatado a su hermano en uno de esos viajes desde Mali. Con la pérdida aún latiendo, preguntó a su madre si debía partir en busca de mejor vida. Y ella, con el corazón quebrado, asintió desde el amor más hondo. Llegó con una sonrisa que ni niega el dolor ni le cede el mando. Aprendió de modo ejemplar una lengua, y su puntualidad es, más que llegar a tiempo, una prestancia silenciosa y generosa. Buscó trabajo y agradeció. Se llama Amar y todo encaja. Vivir es adaptarse sin perderse, resistir sin endurecerse y seguir sonriendo cuando nada invita a ello. Gracias, Amar. Nunca tu nombre podrá definir mejor la inmensidad de un corazón que tuvo un sueño en altamar. Para mí, eso es alta capacidad.
María Portero Santabárbara. Zaragoza
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Articulista de Opinión
Lorenzo Silva es escritor y columnista español conocido especialmente por sus novelas policíacas protagonziadas por los guardias civiles Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro. Ganador del Premio Nadal y del Premio Planeta
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