EL BLOC DEL CARTERO
Perímetros
Se pregunta una lectora si, descartado el confinamiento domiciliario –que contiene el virus, pero se cobra un duro peaje–, es sensato perimetrar territorios, a veces ... enormes, donde se vigila poco o nada, antes que hacerlo con los comportamientos que tenemos en el área donde se nos deja estar. Es posible que en este, como en otros aspectos de la gestión de la pandemia, no hayamos estado finos: a fin de cuentas, todos, incluidos quienes nos gobiernan, somos novatos con esta calamidad. También es posible que no hayamos sabido maniobrar bien en otro terreno, el de la lectura y su fomento entre los jóvenes, donde también hemos fijado perímetros que quizá no eran la herramienta más útil. No viene mal, nunca, tratar de ampliar el horizonte.
LA CARTA DE LA SEMANA
Son 44 mayores, mujeres y hombres. Viven en una casa a la que llaman 'Residencia', donde descansan sus últimos años. Comen, duermen y comparten la vida que tuvieron. Algunos siguen preocupados por sus vacas, por apañar las castañas o regar las patatas, y la mayoría recuerda el dolor que a todos produjo la Guerra Civil o la dureza del trabajo en el campo. No son débiles: pese a sus años, mantienen su capacidad de sacrificio y esfuerzo, y ahora luchan por mantenerse en pie, dar pequeños pasos, girar sin desequilibrarse y seguir viviendo. Pese a tener las visitas restringidas, nos ha visitado hace días la COVID. Todo ha cambiado. Si estás en la segunda planta eres 'positivo' o 'sospechoso'. En la tercera, 'negativo'. Y en la cuarta quizá te has curado. En este esfuerzo titánico por salir adelante, ya hemos perdido a dos de los nuestros. Los 42 restantes soportan con admirable estoicismo tos, fiebre, diarrea o disnea. A lo que no hallan respuesta es a la insistente pregunta: ¿por qué hemos merecido esto? Que nadie dude de que juntos subiremos de planta.
Luis A. Rodríguez Arroyo. Santo Tomás de las Ollas (León)
Por qué la he premiado… Por hacerles sentir que no están solos, que su lucha es ejemplo y nos ilumina.
¿Hasta cuándo?
¿Cuándo va a dejar de ser la educación un arma política? ¿Cuándo se va a hacer una reflexión educativa real donde se aborden los cimientos del sistema educativo y no salgan a la luz solo aquellos aspectos que proporcionan un conflicto mediático? ¿Cuándo se va a contar con el profesorado para ello? ¿Cuándo nos vamos a preocupar del estado cultural de nuestro país? ¿Cuándo va a interesar que nuestros jóvenes puedan ser los dueños del mañana? ¿Cuándo se va a dar la misma importancia a todas las materias sin que queden eternamente arrinconadas las humanidades? Llámenme ilusa o quizá soñadora, pero me gustaría pensar que aún queda un mínimo de esperanza...
María Irisarri Quesada. Correo electrónico
Un perímetro policial
Moriremos en enero. O febrero, a más tardar. Así de crudo. Salvo que nos quedemos en casa hasta la erradicación del virus. O que, en lugar de confinar por perímetros, se haga un perímetro policial, un cinturón que controle los hábitos de los ciudadanos. De nada sirve que no podamos viajar de un pueblo a otro si donde nos quedamos hacemos lo que nos da la gana. Si viajo en mi coche, durante el trayecto no voy ni me van a contagiar... Y si al llegar al lugar de destino cumplo a rajatabla las normas es casi imposible propagar o contraer la enfermedad. De modo que: hacer una desescalada, volver a la normalidad sin control, sin agentes que vigilen a los infractores que se quitan la mascarilla nada más entrar en un bar y ya no se la vuelven a poner más que al marcharse. La ignorancia no les permite ver la cantidad de partículas, llámense 'aerosoles', que circulan en el ambiente. Con lo fácil que sería tomarse un café y volver a ponerse la mascarilla para seguir las interminables tertulias o voceríos que se gastan algunos. Tampoco es normal que los jovencitos se paseen en grandes grupos y sin mascarillas, o con ellas a modo de recogebabas, sin que nadie los controle. Y así un sinfín de irresponsabilidades que, de no cortarse de raíz, seguirán contribuyendo a que la pandemia siga llevando a la tumba a miles de personas. Tras las fiestas, el duelo volverá a asolar cantidad de hogares. Mascarillas, gratuitas y obligatorias, más allá de las vacunas. No convendría relajarse antes de que la inmunidad sea no solo anunciada, sino efectiva. Y eso está aún por ver. De momento, tenemos a la vista una guerra entre farmacéuticas. La lucha por hacer caja y salvar a la humanidad... no ha hecho más que empezar.
Xiana del Cabo. Correo electrónico
Lectura
Según un reciente estudio, solo el 40 por ciento de nuestros adolescentes de entre 15 y 18 años leen de modo 'habitual' (habría que ver a qué llaman 'habitual'). Uno de los porcentajes más bajos de los países más o menos 'civilizados' (habría que ver a qué llamamos 'civilizados'). China, como era de esperar, está a la cabeza. Los nuestros no leen porque ni les gusta ni interesa. Es una noticia terrorífica… muy triste. Lo digo porque he visto una iniciativa de la Dirección General del Libro y Fomento de la Lectura en la que un escritor o escritora, elegidos por un instituto de secundaria, hablará sobre su obra y mantendrá después un coloquio con los estudiantes. Antes prepararán la actividad con una lectura adecuada a los chavales. Me parece una iniciativa buenísima. En los institutos, creo que se confunde el hecho de aprender historia de la literatura con las lecturas obligatorias. Y eso hace que los alumnos a veces odien los libros. Y para siempre. Buena iniciativa, así, porque el chaval que se aficione a la lectura tendrá cultura y comprenderá mejor el mundo que nos toca vivir. Aprenderá de la historia, para no repetir los mismos errores. Podrá viajar a otras épocas y culturas. Y, al viajar, tendrá amplitud de miras, que lo alejarán de extremismos, nacionalismos rancios y de profetas iluminados. Será más difícil de manipular. ¡A ver si lo conseguimos!
Roberto Ibáñez Ferrer. Albacete
Así no llegamos
Se dice que una ley injusta es, en sí, una especie de violencia. «No queremos instalar un confinamiento como el de marzo, y esperamos no llegar a eso». Lehendakari dixit… Y eso está bien: nadie desea que la pandemia continúe. Dicho esto, debo añadir que meter a todo el mundo hostelero en el mismo cajón es una decisión salomónica difícil de entender y un atropello a quienes hacen las cosas bien y cumplen las normas. ¿Acaso el gremio de hostelería tiene cuernos y rabo? ¿Los demás son etéreos o gozan de alguna credencial divina? ¿Por qué los propietarios o regentes hosteleros, si cumplen a rajatabla los mandamientos de distancias, mascarillas y horarios, son castigados de igual modo que los irresponsables que no lo hacen? Todos conocemos casos. ¿Los empleados o dueños que hacen la vista gorda ante una negligencia del cliente por temor a perderlo?: sanción ejemplar o cierre. Punto. Pero nunca a los demás que sí cumplen. Particularmente en los barrios, se echa de menos la presencia disuasoria de Policía Municipal por áreas de bares. Son tan difíciles de ver como un aumento de sueldo… Y así no llegamos.
Alberto Fdez. Araújo. Barakaldo (Vizcaya)
Los próximos seréis vosotros
Esta es la historia del fin de dos pandemias. Como enfermo de VIH asisto ilusionado a la carrera científica por la vacuna de la COVID-19. Este nuevo virus tiene consecuencias médicas y socioeconómicas devastadoras e incalculables. De lo que estoy seguro es de por lo que están pasando los enfermos y sus familias. Miedo. Duda. Incertidumbre. Y estigma, sobre todo. De eso sabemos mucho quienes convivimos con el VIH. De nada sirve que los tratamientos nos cronifiquen la enfermedad y no seamos ya transmisores. A más de treinta años de su aparición, aún sentimos la discriminación y el rechazo, muchas veces donde y de quien menos lo esperábamos. El despliegue actual de medios solo puede terminar en victoria. Quiero creer que cuando dobleguemos esta crisis todos los esfuerzos y recursos serán destinados a la cura funcional del VIH. Alguien saldrá en la tele y lo dirá: «Hemos terminado con el coronavirus, los próximos seréis vosotros». Necesito visualizar eso para seguir. Por mí, por los más de tres mil nuevos diagnósticos anuales de VIH en España. Con lo que no terminaremos, ni hoy ni mañana, es con la falta de empatía. Para eso aún nos queda mucho por delante. Muchísimo.
J. Antonio Sánchez Vázquez. Correo electrónico