El bloc del cartero
Titán
Desde el momento de su hundimiento hubo quien interpretó la tragedia del Titanic como un correctivo a la soberbia humana que concibió aquel descomunal navío. Ciento once años después, la tragedia a menor escala del Titan, el minisubmarino diseñado para sumergir hasta las profundidades abisales a unos pocos privilegiados y permitirles observar su pecio, suscita opiniones análogas. La vanidad temeraria de unos ricos les cuesta la vida, lo que no deja de encerrar para algunos una lección moral. También moral es la reflexión que propone uno de nuestros lectores: la que extrae de la atención desmedida recibida por el pequeño sumergible, en contraste con la mortandad anónima del enésimo barco que se va a pique con inmigrantes en aguas del Mediterráneo. El Titan como símbolo de nuestro despiste colosal.
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titulosecundario titular="Las cartas de los lectores
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Mundos paralelos
Una vez más, la vida real, la que supera a metaversos, multiversos y demás sucedáneos, ... nos ha trazado una de esas coincidencias que nos sitúa frente al espejo. De un lado, un pesquero con más de setecientas personas. Al otro lado, cinco personas en un sumergible. Los pasajeros del pesquero son gente sin caras, sin nombre, sin biografía, solo números. De los otros conocemos sus nombres, sus caras, nos han contado su vida. Unos han pagado todo lo que tienen; los otros, algo de lo que les sobra. En ambos casos se han hundido en profundas fosas marinas y son desgracias lamentables. Para evitar las muertes de los del pesquero, la movilización de medios fue lenta e insuficiente. En el otro caso varios buques, helicópteros, aviones y robots submarinos punteros fueron prestamente movilizados a nivel internacional. De los setecientos solo se salvaron unos cien; en el sumergible, nadie. No me apena más la muerte de unos que la de otros. No me alegra la muerte de ninguno. Sobrevolados por el miedo que despierta la inteligencia artificial, hoy a mí me aterra más contemplar los mundos paralelos creados por nuestra inteligencia natural. Multiversos en los que muchos quieren cambiar de pantalla y a otros nos paraliza la amenaza de que nos saquen de la nuestra. ¿Cuándo trabajaremos más por mundos comunes sin miedo a extinguir los paralelos? Gracias a aquellos que ya lo hacen, esos que no aparecen tanto en televisión.
G. Martín. Aranda de Duero (Burgos)
Se lo dedico a ella
Mi madre ni se imagina que estoy escribiendo, ahora y en directo, algo sobre ella. La tengo aquí delante cortando patatas para una crema de calabacín en esta noche de verano. Desde la mesa de la cocina y escondida tras el portátil, siempre quise participar en esta sección de XLSemanal, al que mi madre lleva más de una década suscrita. No me engaño: siempre había 'romantizado' la idea de mandar esta carta porque, como dicen los haters, hoy todo el mundo se cree cineasta, escritor y fotógrafo gracias a las redes. ¿Y por qué no? «A ver, ¿qué más quieres de cena?», me pregunta. Le contesto intentando aliviar el quebradero que conlleva la elaboración de un menú familiar y sigo admirándola cada vez más agazapada tras el Mac. No para de moverse, armoniosa y grácil, y si me descuido, lo hace hasta con los ojos cerrados. Coqueta y relajada, lleva un foulard en la cabeza, para cubrir la batalla contra la enfermedad más difícil de pronunciar para mí desde que se la diagnosticaron en 2020. Ojalá todo el cansancio y heridas acumuladas se pudiesen batir en esa crema de verduras que prepara a ritmo non stop, vestida de impoluto blanco, a juego con su nombre de pila. Si este texto es publicado, se lo dedico a ella, porque se merece un gran aplauso, unos minutos de lectura y… que me vaya ya a ayudarla con la cena. ¡Te quiero con locura! Firmado: tu hija desde un rincón de tu cocina.
Amai Rodríguez. Barcelona
Viajando en grupo
Vamos caminando juntos, a veces casi en fila india, detrás del guía. A algunas personas les cuesta seguir el ritmo y aun así, seguimos con gran tesón, con fuerza de ánimo, con mucha ilusión. Y nos vamos apoyando en nuestras parejas, algunas de ellas entrelazando sus manos, como cuando éramos novios...la gran mayoría llevamos juntos en la vida 50 o 60 años y ese cariño se nota en los pequeños detalles: ayudarnos a bajar los escalones, subir una cuesta, protegernos de la lluvia, del frío y del sol. Los miro y me veo a mí mismo, junto a mi pareja, no estamos solos... Sonrío con mucha ternura por nuestra suerte y disfruto del viaje. Somos los últimos mohicanos...
Mario Gómez Vidal. Tudela (Navarra)
Escalofríos
Solemos percibirlos por diversas causas, pero nos dan cada vez más datos ante los que no podemos por menos que sentir escalofríos. Que muere un fumador activo cada segundo, en el mundo y cada tres minutos, un fumador pasivo. Que la suite de un Hotel en Dubái, cueste nueve mil dólares diarios o que el sueldo de los eurodiputados es de ciento cincuenta mil euros al año, más las dietas aparte, son datos, que por mucho calor que haga, te dan escalofríos. La lucha contra el tabaco parece que se está tomando en serio y confiemos en que mejoren los resultados. Que el hotel Burj Al Arab, catalogado como siete estrellas, (por cierto, se han saltado la categoría de seis estrellas,) tenga un costo diario de nueve mil dólares, una de sus suites de setecientos cincuenta metros cuadrados, da escalofríos, a pesar de lo bien climatizado que estará. Pero lo que verdaderamente nos ha dejado escalofriados, es el sueldo que se han asignado sus señorías, para el Parlamento Europeo, y que cuando sepamos las dietas que tendrán aparte, posiblemente nuestros escalofríos desemboquen en una pulmonía.
Antxon Villaverde. Correo electrónico
El verano
Es la época más bonita del año para casi todas las personas. Para mí es la más triste y en la que más sola me siento. Estoy enferma de encefalomielitis miálgica/síndrome de fatiga crónica. Casi no salgo de casa porque mi cuerpo está agotado cada día, como si hubiera trabajado quince horas sin parar. Tengo dolor por todo el cuerpo, me duelen hasta las pestañas. Imposible ir a la playa, impensable ir de vacaciones para estar encerrada en un apartamento o en una pensión. Durante todo el año, nadie se acuerda de mí, pero en vacaciones el olvido es máximo. Todo el mundo quiere alegría, y los enfermos somos un problema, somos la tristeza. Nadie me llama, y los días se hacen muy largos, las horas y los minutos pasan lentamente. Yo no tengo Instagram ni Facebook, porque si miro las imágenes de las vacaciones de los demás me pongo a llorar. Me alegra que todo el mundo sea feliz y se lo pase bien, pero siento pena por mí. También siento pena por otros enfermos en mi situación y por las personas mayores. En esta sociedad, donde manda la psicología positiva y el yo, yo y yo, los enfermos y mayores somos un estorbo.
Lidia Ruiz Sánchez. Correo electrónico
Por qué la he premiado… Porque tal vez no sobre, alguna vez, acordarse de que la luz no es para todos la misma.