El bloc del cartero
Madres
Nos sugieren los lectores una mirada asĆ, en plural, al fenómeno de la maternidad; una mirada diversa y compleja que puede, por quĆ© no, extenderse al Ć”mbito de la figura paterna. Nos guste o no, hemos dejado atrĆ”s el tiempo en el que ser madre o padre era un lugar en el mundo marcado por unas convenciones fijas y antiguas que funcionaban mejor o peor, pero nos ofrecĆan una referencia estable. Todo se ha vuelto mĆ”s lĆquido y tambiĆ©n los perfiles de madres y padres se licĆŗan, tiemblan y nos hacen temblar con ellos, como hijos y como progenitores. Tal vez quede, sin embargo, una brĆŗjula que nos ayude a navegar por este mapa movedizo. La apunta una lectora cuando le brinda a su hija adoptada la mejor arma para hacer frente a las dudas a las que la invitan los maliciosos: madre, o padre, es quien vela por ti.
titulosecundario titular="Las cartas de los lectores
"]
Deslocalización
Al respecto de las dudas aquĆ expuestas sobre la deslocalización de la cabecera del grupo Ferrovial, puedo ... aportar que hace unos aƱos un amigo fue contratado para trabajar en Lima, PerĆŗ, como directivo de una empresa. TenĆa dos opciones, me contó: cotizar a su jubilación en la caja comĆŗn, similar a nuestro sistema, o que un porcentaje de su salario fuera ingresado en una cuenta nominativa. La cantidad destinada a su pensión futura, por ley, debĆa colocarse en inversiones en paĆses cuya deuda tenga la calificación de AAA. EspaƱa no la tiene.
Francisco HernƔndez Berrocoso. Plasencia
Madres
El mundo estĆ” lleno de madres. Biológicas, adoptivas āentre las que no se deberĆa hacer diferenciaā y todas cuantas hay por el mundo que 'prohĆjan' a los jóvenes que las rodean. Es el caso de la mĆa, que se empeƱaba en hacer comida para todo el camping cuando mi hermana y yo nos Ćbamos un fin de semana con las tiendas, o el de una mujer de la limpieza que le decĆa a mi amiga Sara, auxiliar de enfermerĆa, que se echara en una camilla por la maƱana despuĆ©s de salir de noche, que, mientras, ella vigilaba por si se acercaba alguien. Hay tĆas ācarnales o noā que te tratan casi como una hija mĆ”s y te ayudan a preparar una oposición que se te hace cuesta arriba, madres de las que lo Ćŗltimo que queda es la foto del WhatsApp y cuyo nĆŗmero no se han atrevido a borrar aĆŗn. A todas ellas dedico este texto, pero en especial a la mujer que me trajo al mundo y me crio, para que sepa que la quiero y no acabar escribiendo estas palabras en un chat vacĆo.
Irasema Pino Ponte. A Caeira, Poio (Pontevedra)
Lo que significa ser madre
Hace aƱos, un dĆa de mayo, mi hija salió del colegio llorando. Cuando logrĆ© calmarla, le preguntĆ© quĆ© le pasaba. Su mano reposaba en la mĆa y, mirĆ”ndome muy seria, me contó que los niƱos le decĆan que yo no era su madre porque no habĆa estado en mi barriga. EntendĆ su desesperanza, la abracĆ© muy fuerte y hablĆ”ndole despacio le empecĆ© a enumerar las cosas que hacĆamos juntas y las que yo hacĆa por ella. Le recordĆ© los cuentos que le leĆa antes de dormir y cómo juntas esperĆ”bamos a Peter Pan porque estĆ”bamos seguras de que un dĆa nos visitarĆa; le pedĆ que me cantara alguna de las canciones que todas las maƱanas a pleno pulmón cantĆ”bamos camino del cole, le recordĆ© que una mamĆ” se ocupa de amar, cuidar, limpiar, jugar, cocinar, de reĆr y tambiĆ©n regaƱar; que, por muy cansada que estĆ© por el trabajo, siempre tiene energĆa para ella. Y, si yo hacĆa todo eso, entonces no importaba de dónde saliera si habĆa tenido que cruzar medio mundo para encontrarla o esperar cuatro aƱos para susurrar su nombre. Yo era su mamĆ”, con todas las letras, y nadie podĆa decirle lo contrario. En ese momento, me miró con sus preciosos ojos rasgados y sonrió.
Mar Eguiluz. Correo electrónico
La parte mƔs dƩbil
La cuerda siempre suele romperse por la parte mĆ”s dĆ©bil. Los mĆ”s vulnerables, quienes no tienen capacidad de defensa, son vĆctimas de decisiones interesadas tomadas al margen de su propio bienestar. Es lo que va a ocurrir, si nadie lo remedia, con las personas con discapacidad intelectual mayores de 21 aƱos de Castilla y León. Soy cuidadora de un centro de atención a estos hombres y mujeres, que no son ni enfermos ni ancianos, sino personas con capacidades diferentes. Por eso quienes trabajamos hasta ahora con ellos hemos sido formados de acuerdo con los parĆ”metros de expertos como Robert Schalock y Miguel Ćngel Verdugo, para procurarles una calidad de vida que pasa por conseguir su bienestar emocional, su desarrollo personal y su inclusión social. En estos centros acuden a clase, a talleres, a campamentos, a competiciones, van de vacaciones a la playa... Pues bien: las personas con discapacidad intelectual mayores de 21 aƱos van a pasar a ser consideradas como dependientes en lugar de discapacitados. Y ello implica que quien tenga un grado medio y nada de formación especĆfica pueda desempeƱar este trabajo. Dicho de otra manera: la Junta no reconoce la titulación de grado superior que en su dĆa se nos exigió para el acceso a dichos puestos y se nos rebaja la categorĆa a grado medio. AsĆ, con el beneplĆ”cito de UGT, CC.OO. y CGT, se suprimen de un plumazo los derechos laborales de quinientas cuidadoras (un 95 por ciento somos mujeres), y, lo que es peor, los derechos fundamentales de miles de personas con discapacidad intelectual.
Laura Gonzalo Alcazar y Rosina HernƔndez Delgado. Soria
Divagar
No sĆ© si usted es capaz de recordar la Ćŗltima vez que se aburrió verdaderamente, la Ćŗltima vez que se detuvo a pensar en el curso de la vida en general, que su mente no estaba del todo fijada en algo. Personalmente me siento como un personaje de George Orwell, bombardeado constantemente por imĆ”genes que impiden que mi mente divague, que desarrolle pensamientos genuinos y originales. Y lo peor: este bombardeo no es algo de lo que no pueda escapar, es una acción completamente voluntaria que realizo a todas horas y en todo lugar. En clase, en casa, en el transporte pĆŗblico, antes y despuĆ©s de la ducha y, si mi móvil fuese impermeable, seguramente tambiĆ©n durante la ducha. Constantemente me encuentro viendo vĆdeos, escuchando mĆŗsica, jugando a algo o incluso aprendiendo idiomas. Cosas que en sĆ mismas no son malas y que incluso podrĆan ser enriquecedoras, pero, una sobre otra, poco a poco acaban por rodear mi mente y reducirla a base de fotones. Lo que mĆ”s me preocupa, sin embargo, es que sĆ© que no soy el Ćŗnico, porque en los raros momentos en los que consigo levantar la mirada en el metro observo caras de personas que no llegan a aburrirse ni a entretenerse; habitan un rĆ”pido y luminoso limbo que me confirma que, como yo, saben solo vagamente a dónde van.
Ignacio de Zabala GonzƔlez. Aravaca (Madrid)
Por qué la he premiado⦠Porque es bueno que quede quien se aburra, quien divague, quien se haga preguntas y, ademÔs, nos lo cuente.