EL BLOC DEL CARTERO
Metaverso
Alguien ha decidido invertir mil millones de dólares en desarrollar un proyecto, al que denominan 'metaverso', para cambiar nuestra forma de interactuar en la Red. ... Una nueva versión de Internet en la que, en vez de asomarnos a una especie de gran biblioteca por la que nos movemos a través de palabras rastreadas por buscadores, tendremos a nuestra disposición un mundo virtual por el que nos desplazaremos a gran velocidad en busca de lo que nos interese. Un universo paralelo, diseñado con todo lujo de detalles y efectos digitales, para hacerlo más atractivo que el que nos aguarda cuando salimos a la calle. No en vano, en el proyecto están implicadas las empresas punteras en el desarrollo de videojuegos. Lean esta noticia a la luz de lo que reflexiona la carta de la semana. Y acierten a reprimir un escalofrío.
LA CARTA DE LA SEMANA
Parece mentira que, con lo inteligente que eres, lleves una vida tan poco sana. Hace años que no lees un libro, cuando te educamos para que los disfrutases tanto que recordabas de memoria párrafos enteros y nunca tuviste faltas de ortografía. No practicas ningún deporte ni nos acompañas a hacer ejercicio, a pesar de que nos esforzamos en llevarte al polideportivo cada sábado para competir, divertirte con tu equipo y ganar brillantes medallas. No sabes cocinar ni hacer bien la compra, no has aprendido a usar la lavadora ni la plancha, aunque nos veas hacerlo a diario. Y no sabes coserte ni un botón aunque nos hayas visto incluso zurcirte los calcetines. Apenas muestras el más mínimo interés por eventos culturales ni has dicho de visitar un museo o una exposición en años, a pesar de que creciste visitándolos cada fin de semana. No vas al cine ni al teatro, aunque nos encargamos de recorrerlos contigo y de familiarizarte con todos ellos como si fuesen una extensión de tu casa y la escuela. Aunque tienes tu propio coche, no viajas ni cuando estás de vacaciones; sin embargo, recordarás que procurábamos llevarte a una playa distinta cada verano y te enseñamos a desenvolverte con soltura en hoteles, apartamentos, aeropuertos y estaciones. Tienes una buena carrera, varios idiomas, un buen trabajo y un buen sueldo que, como casi todo en tu vida, gestionas a través del ordenador, del que apenas eres capaz de separarte durante más de quince minutos seguidos, excepto para dormir. Puede que se trate del futuro, que seamos unos anticuados o, simplemente, nos lleves la contraria, pero no te imaginas lo orgullosísimos que estamos y lo preocupadísimos que nos tienes. Que nos tenéis.
Pepe García. Getafe (Madrid)
Por qué la he premiado… Porque de estas paradojas están hechos nuestros días, y quizá no debamos resignarnos.
A cada uno lo suyo
El autor de la frase paradigmática del derecho romano honeste vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere ('vivir honestamente, no causar daño a otro y dar a cada uno lo suyo') es Ulpiano, jurista del siglo III después de Cristo, natural de Tiro (Fenicia), cuyas obras fueron muy utilizadas por los compiladores del Digesto, de Justiniano. La fórmula de Ulpiano nos ofrece una síntesis del derecho romano y, al mismo tiempo, una orientación general sobre la vida en sociedad. En efecto, cumpliendo estos tres preceptos cualquier generación hubiera vivido en paz y prosperidad, sin perder el tiempo en guerras y pleitos. Por ello, estos tres principios deberían guiar la vida de toda persona, de manera que, al final de sus días, pudiera decir: «Viví honestamente, no causé daño a nadie y di a cada uno lo suyo».
Senén Fernández Rodríguez. Vigo
Mis sueños
He leído con mucho interés el artículo La genialidad está en tus sueños, publicado en el número 1746 de XLSemanal, del pasado 11 de abril. Yo he pasado de insomne a soñadora. Lo cuento: pasé una temporada de mucho estrés, no solamente en el trabajo, sino también en mi vida privada, y tuve que llegar a pedir la baja laboral para poder tratarme porque –durante un periodo de mi vida– apenas lograba dormir dos horas y media por noche. Mi médico me trató y poco a poco fuimos consiguiendo que yo durmiera algo más. Y que volviera a soñar. Otro de los factores que hizo que no pudiera dormir fueron varias pesadillas. Recuerdo una en particular, en la que una araña gigante caía encima de un sobrino mío que gateaba. De ahí pasé entonces a tener que luchar con algo raro: tenía terrores nocturnos, miedo a dormir por las pesadillas. Me apunté a hacer deporte para poder tener una rutina, y eso resultó ser fantástico para mí porque aun con ayuda pude regular mis sueños. Leo en el artículo del señor Johan Grolle que solemos, por ejemplo, recordar lo último que hacemos al levantarnos al día siguiente. A mí, por ejemplo, que me gusta mucho la música, al día siguiente tarareo lo último con lo que he soñado. Es algo que no falla. Y cuando duermo muy bien sí sé que mi rendimiento mejora y que, además, eso se transforma en que me encuentro de muy buen humor. Y que mi capacidad creativa mejora. También he sentido que mis sueños me permiten resolver ciertos problemas de distinta índole y es bien cierta esa frase acerca de cuando alguien tiene que decidir algo importante para su vida y expresa eso de «lo consultaré con mi almohada». Dormir ayuda y soñar cosas bonitas enriquece.
Mónica Rubio Ochoa. Valencia
Los mileuristas 2.0
En los últimos tiempos recuerdo con frecuencia un tema recurrente en los programas radiofónicos nocturnos de los primeros años del siglo XXI. Me veo con total nitidez, en mi habitación alquilada de estudiante universitario, preparando apuntes para los futuros exámenes o terminando trabajos de última hora, oyendo de fondo el programa diario. En él se ponía la lupa en la desgracia de la juventud preparada y mileurista. Ese era el drama social que, con toda la razón, esgrimían los periodistas y colaboradores de los programas: la enorme preparación de la juventud y la desgracia de ser mileurista. Eran tiempos en los que los másteres todavía no tenían cabida en el mundo universitario, al menos no como ahora en que son prácticamente una obligación si uno quiere competir realmente con sus iguales por un mendrugo de pan. Han pasado muchos años desde aquello. Ahora, la juventud sigue estando igual de preparada –si es que no aún más, másteres y doctorados mediante–, pero el drama no ha mejorado. Todo lo contrario: antes, mientras estudiabas y soñabas con ser algún día algo más que un acogotado mileurista, una sonrisa de estúpida ilusión se dibujaba en nuestra cara. Era el futuro prometedor. Ahora, ya hastiados de un futuro que no promete nada, con todos los pasos universitarios dados, el sueño de nuestra juventud es llegar a tener lo que hace veinte años se consideraba un oprobio. Un insulto a la inteligencia.
Eduardo Fernán-López. Villalpando (Zamora)