El bloc del cartero
¿Minusválidos?
En el último siglo y medio, la tecnología desarrollada por el ser humano nos ha traído una multitud de invenciones. Artilugios y artefactos que quienes vivieron antes nunca conocieron o ni siquiera imaginaron. Salvo aquellos cuya utilización es simple e intuitiva –el teléfono, por ejemplo–, no se nos ha impuesto la necesidad social de aprender a manejarlos. No existe la obligación de aprender a pilotar aviones o a manejar retroexcavadoras, pero tampoco la de obtener el permiso para conducir automóviles, por muy comunes que estos sean. Sin embargo, el uso competente de las invenciones derivadas de la revolución digital tiende cada vez más a exigírsenos por la vía de los hechos. Dice la carta de la semana que eso hace del cibertorpe un minusválido. Lo que viene a ser, mal mirado, un giro siniestro del progreso.
Las cartas de los lectores
La inutilidad de la filosofía
La primera conclusión que he sacado tras leer la entrevista a Yuval Harari es el interés de muchas organizaciones e instituciones en hacernos creer en ... la inutilidad de la filosofía. ¿Por qué? Antes de leer esta entrevista, mi respuesta podía ser: «Para reducir nuestra capacidad de discernimiento o para no cuestionarnos el porqué de los distintos avatares de nuestra vida». Yuval Harari nos da algunas pinceladas de por qué hoy la filosofía sí es imprescindible. Cito: «La economía es global y compleja; resulta difícil entender que un magnate del otro lado del mundo sea responsable de lo que te está pasando a ti. Es más fácil culpar a los inmigrantes». «Porque los ingenieros, a veces, pueden ser muy ingenuos o estar desinformados, puede que potencien cualidades como la productividad o la disciplina y desprecien otras como la sensibilidad o la compasión». «La verdad es dolorosa y complicada y preferimos ignorarla. Los políticos que cuentan la verdad pierden las elecciones». Termino dándole las gracias a Carlos Manuel Sánchez por esta entrevista tan necesaria en estos momentos.
María Teresa Pérez Álvarez. Tordesillas (Valladolid)
¿Por qué tanto miedo?
En las regiones bilingües de Europa, no suele haber polémicas en la escuela como en Cataluña. La razón es muy sencilla: los padres pueden escoger libremente la lengua de educación de sus hijos sin imposiciones de los políticos. En Gales, por ejemplo, hay dos lenguas oficiales: galés e inglés. A nadie se le ocurre imponer el galés como única lengua. Los padres pueden elegir con libertad y según consideren la lengua local (el galés), la lengua más internacional (inglés) o una y otra en diversas proporciones. Lo mismo en Bruselas: los padres pueden optar entre flamenco o francés; en Tirol, entre italiano y alemán. Así funcionan las regiones bilingües en la Europa democrática. ¿Por qué en Cataluña los nacionalistas no nos dejan elegir a los padres? ¿Por qué ERC y JxC tienen tanto miedo al derecho a decidir de los padres? ¿Quizá porque la enseñanza única y exclusivamente en catalán que nos imponen no la escogería casi nadie, como muestran todas las encuestas públicas y privadas?
Carmen Maciá. Barcelona
La vecina del piso de abajo
Ayer vino a despedirse la vecina del piso de abajo. Me puse un poco triste. Se va a vivir a otro piso de alquiler más barato y cerca de sus hijos. Es de esas personas a las que le podías pedir un huevo, sal o harina a cualquier hora. Y te invitaba a café. Yo tenía las llaves de su casa, porque confiaba en mí. Era gritona, simpática, divertida. Me enteraba de sus conversaciones con sus amigas, porque hablaba muy alto. Y la oía cuando entraba gritando, saludando a su perro. Al tender la ropa, hablábamos de cómo nos había ido el día y de nuestras cosas. Al volver de vacaciones, le traía un detalle y ella, embutidos o dulces típicos de su pueblo. Ya no existen vecinas así, ahora te encuentras a alguien por la escalera y, como mucho, te da los 'buenos días'. La echaré mucho en falta por su calor humano. Le deseo lo mejor en su nuevo hogar.
Lidia Ruiz Sanchez. Barcelona
El nombre del perro
Sus ojos verdes pierden claridad a medida que la demencia avanza. Son muchos años, enfermedades y experiencias. En la tarde invernal aprovechamos las últimas horas de sol tibio. Sentado a su lado y acariciando su mano hago preguntas y espero respuestas. ¿Quién soy yo, mamá?, ¿te acuerdas de tus nietos?, ¿de tus padres? A veces acierta, cada vez menos, y a veces no sabe qué contestar, cada vez más. Pero hay una pregunta talismán. ¿Cuál es el nombre del perro que tenías de niña en casa de los abuelos en Erla? Entonces su mirada se ilumina y siempre acierta: «Se llamaba Tuney». Somos seres biológicos y biográficos. Somos animales narradores. Sin narración no hay racionalidad ni moralidad y la narración precisa palabras que cristalizan nuestra dignidad como personas. Palabras; aunque solo sea el nombre del perro.
F. J. Barón Duarte. A Coruña
Ómicron
Nunca pensé que una pandemia me llevaría al verano en que aprendí con mi madre el alfabeto griego. Delta y ómicron retumban en mi cabeza con eco negativo y me entristece porque aprender griego fue lo más emocionante de mi adolescencia. Tanto que sigo anotando cosas usando ese alfabeto. Ella me enseñó a leer de muy pequeña y ahí estuvo toda mi vida de estudiante. Adelantada a su tiempo, cultísima, siempre queriendo aprender. Despertó en sus hijos la curiosidad. Me duele su ausencia, pero me alegro de que no sufra este ómicron deleznable.
Macamen Alonso. Pontevedra
Padres desesperados
Escribimos esta carta a nuestros familiares por responsabilidad, economía, ecología y por el bien de nuestra hija de tres años: «Para estas navidades nos gustaría que no comprarais muchas cosas y, sobre todo, que no sean de marca. Haced regalos, pero con cabeza (juguetes sencillos con los que se inventa historias, ya que de los electrónicos en cinco minutos se cansa). Es hija única y caprichosa, no queremos que se convierta en una niña emperatriz ni que viva pegada al móvil o la tele. Juega con un corcho y unas pinzas y deseamos que siga siendo así el mayor tiempo posible. Si queréis gastar más, preferimos que lo ingreséis en una cuenta para cuando sea mayor. Para años futuros, ya escribirá una carta a los Reyes y será cuestión de decidir quién le regala cada cosa. Por favor, no derrochéis. Espero que lo entendáis. El mejor regalo sois vosotros. Muchas gracias».
David Tuero Rodríguez. Gijón (Asturias)
Navidades
Ahora que se acercan las navidades quiero pedir que seamos más solidarios con los que tienen menos. Ayudemos también consumiendo para, entre todos, reactivar la economía. Me preocupan los míos, pero también los niños que fallecen de hambre y los que piden por las calles. Necesitan de nuestra ayuda. También quiero pedir que nuestros políticos se aclaren y trabajen por el bien común. Además, pido por los enfermos, para que sean tratados con dignidad. Por los médicos, enfermeras y personal sanitario que tanto nos han demostrado en estos tiempos duros de pandemia. También pido al volcán de La Palma que deje de rugir y gracias a todos los que han ayudado a los palmeros. Pido también por las personas con discapacidad, que puedan llevar una vida digna. Y que entre todos hagamos un mundo más justo, más libre y mejor.
Mónica Rubio Ochoa. Valencia
Minusválido digital
Me llamo Miguel Ángel, estoy jubilado, tengo 67 años y soy un minusválido digital. Me siento inerme, desamparado e inútil frente a 'Appas', 'Feisbuks', 'Guasaps' y similares. El problema es que no te dejan vivir al margen de estos inventos: si quiero sacar dinero del banco, hay que usar una tarjeta; vale, esto ya lo he asumido desde hace tiempo, pero desde hace cosa de un año no he podido hacer la compra del supermercado por Internet. Al parecer, necesito una 'Appa' en el móvil para cerrar la compra (añadiré que mi móvil es de prepago, pues solo lo uso para hacer y recibir llamadas). Si preciso hacer una gestión con el Ayuntamiento u otros organismos oficiales, me piden que «entre en una página web» y «acceda a un portal». ¡Cómo demonios se entiende esto! No puedo estar recurriendo constantemente a hijos, sobrinos o nietos para que me resuelvan estas papeletas… Así pues, ¿qué solución nos queda a los minusválidos digitales? Espero que alguien nos la dé.
Miguel Ángel Martínez Rueda. Madrid
Por qué la he premiado… Porque, como el grito de socorro que es, cuando menos merece recibir alguna respuesta.