EL BLOC DEL CARTERO
Negociar
Es el verbo que menos se ha conjugado entre nosotros desde hace un tiempo. Se han concluido, es verdad, pactos para dar satisfacción a intereses ... partidistas más o menos concurrentes. Investiduras presidenciales; leyes de presupuestos; traspasos de competencias; en breve, indultos. Sin embargo, ni una sola negociación que dé lugar a verdaderos pactos de Estado, ya sea sobre educación, sobre justicia o sobre esas cuestiones que ni siquiera cabe plantearse de otra manera, como la reforma constitucional. Como mucho, un vago compromiso sobre las pensiones, practicable solo porque la verdadera toma de decisiones se aplaza. A estas alturas nadie parece tener especial interés en alcanzar esa clase de acuerdos, pero, por si alguno hubiera, escuche la palabra mágica que propone uno de nuestros lectores: ceder.
LA CARTA DE LA SEMANA
La gota de agua
Como celador en la UCI de un gran hospital, y como todos los días desde hace meses, me someto a un esfuerzo invisible, unos ratos, de una intensidad desbordante y, otros ratos, de una rutina anodina. Te 'vacunas' pasado un tiempo: los mecanismos de defensa de tu cabeza hacen que a quienes les cuentas tu experiencia les cueste entender tu frialdad o entereza. Los mismos pacientes que están allí desde hace más de cuarenta días, en su mayoría, apenas avanzan; no interactúan, solo esperan. Aquellas temporadas en las que a diario metía cuerpos en dos y tres sudarios de plástico blanco perfumados en lejía hasta la saturación ya pasaron. Hoy me sorprendo al ver, tras varios días de descanso, que siguen allí los mismos pacientes, como esperando a que la gota de agua que pende de la punta de una hoja caiga. Y paradójicamente veo que la gota somos los que estamos allí trabajando. En bucle, una y otra vez, y la gota que no cae. Nuestro cansancio físico ya no se lleva igual, pero lo que peor llevamos con diferencia es que nuestras cabezas se resienten. A los mensajes de televisión hace tiempo que dejamos de hacerles caso. No escuchamos a comités ni demás discursos políticos. Todo nos suena muy lejos, a hueco. Ya solo esperamos a que caiga la gota de agua.
José Luis del Campo Pérez. Valladolid
Por qué la he premiado… Por ofrecernos esa mirilla para ver lo que apenas se nos cuenta y no deberíamos olvidar.
Negociación
Cediendo se siente uno bien. Se siente liberación... y bondad. Se queda uno a gusto consigo mismo. Si no se está habituado, lo que se siente al principio no tiene nada que ver con eso: se siente frustración y rabia por no haber mantenido la firmeza. Si se tiene hiel en el alma, rencor, oscuridad como la que hay detrás de un muro de reproches, lo que se siente es derrota. Pero, una vez que se va adquiriendo el hábito, se vive mejor. Se duerme mejor. Se quita uno preocupaciones. Se siente uno justo. Negociar es fácil si hay voluntad. Salen propuestas de 'yo te doy, tú me das' continuamente cuando se es voluntarioso. Acompaña siempre bien el optimismo. Es fácil alcanzar acuerdos si la voluntad es de ida y vuelta. Los acuerdos son sencillos por lo general, ya que las cuestiones suelen ser banales. Si el asunto es complicado, la negociación se puede prolongar un buen tiempo; pero con ganas se consigue el beneficio mutuo. Un acuerdo beneficia hasta el punto de que se olvida el dolor de la cesión. Viene a ser como un hijo para una mujer: una vez que está, olvida el sufrimiento del parto. El acuerdo es el fruto de la negociación y su consiguiente cesión. Es un fruto dulce. Tan dulce que crea adicción. Sana. Adicción sana.
Ángel Nieto Leal. Valladolid
Los gestos invisibles
Hoy, me ha llamado mi amigo. Desde hace unos días, sus pensamientos y emociones formaban una armazón donde era difícil diferenciar lo real de lo ficticio. Por ello tenía concertada una visita urgente con su psiquiatra. Tras evaluarlo, la doctora le recetó una medicación inyectable para ese mismo día. Pero, dado su estado mental, las posibilidades de que mi amigo fuese a la farmacia y volviese al centro de salud mental eran mínimas. La psiquiatra entonces se levantó de su silla, colgó su bata, se puso el abrigo y fue con él a la farmacia. Regresaron al centro de salud y una enfermera le administró la medicación. Al colgar el teléfono, pienso en estos pequeños actos, muchas veces ignorados, que definen la dimensión de la vocación y que son tan necesarios para la humanización de la asistencia sanitaria.
Germán López Cortacans. Salou (Tarragona)
La inmersión 'consensuada'
Durante décadas, el nacionalismo catalán nos ha vendido un mantra: que todo el mundo en Cataluña apoya la inmersión y que había un 'consenso amplísimo'. Nos lo han repetido mil veces. Pues resulta que nada de nada: hace unos días una macroencuesta en Cataluña reveló que la gran mayoría de los padres catalanes prefiere que sus hijos aprendan en las dos lenguas oficiales, en español y en catalán, y no solo en catalán. De hecho, el apoyo a la inmersión pura y dura con todas las asignaturas en catalán y donde no se pueda dar ni siquiera un triste 25 por ciento en castellano es minoritario en Cataluña y apenas lo apoya uno de cada diez catalanes. Justo lo contrario de lo que nos vendían. El «consenso amplísimo» en una sociedad bilingüe como la catalana es el de una escuela respetuosa con ese bilingüismo y no la inmersión monolingüe impuesta desde Pujol.
Antonio Peiró. Lleida
A hurtadillas
La concesión del Premio Cervantes al insigne escritor catalán Joan Margarit, en Barcelona, en una austera, íntima y privada ceremonia, con el pretexto de las restricciones por la pandemia o de que no se quería abrumar al homenajeado, de avanzada edad, deslució el acto más relevante de las letras españolas y su reivindicación como lengua universal. Una lengua a la que se viene dispensando un trato degradante tras la supresión del castellano como lengua vehicular en las aulas, con la aprobación de la polémica ley Celaá. Quienes nos orgullecemos de haber completado nuestra lengua vernácula, el catalán, con el enriquecedor aprendizaje de la lengua cervantina, a través de los dictados y las magistrales enseñanzas de un inolvidable profesor salmantino que impartía en Cataluña y que nos cautivaba con la riqueza lingüística y el profuso vocabulario, lamentamos esa visita oculta, cuasi clandestina de los Reyes, que impidió efectuar la entrega de tan merecido premio con toda solemnidad, con el realce y la dignidad que requiere un acto de tal trascendencia.
José María Torras Coll. Sabadell
Hacer un mundo más humano
La reciente votación de la Ley Orgánica para la regulación de la Eutanasia aprobada en el Pleno del Congreso de los Diputados añade una dificultad más para vea el futuro con optimismo. Ante el escenario que ha dejado y sigue dejando la pandemia, añadir más muerte a la muerte no es precisamente lo que diríamos 'cerrar el año con broche de oro'. Posiblemente sean sentimientos de compasión los que inspiran una ley que procura eliminar el sufrimiento insoportable de quienes lo padecen. Sin embargo, la compasión –del latín cum passio ('padecer con')– significa 'acompañar en el dolor'. He conocido a muchas personas con enfermedades graves e incurables o con gran discapacidad. La experiencia me ha demostrado que la soledad, el no sentirse queridas o la sensación de estar siendo una carga para los demás son de las principales causas de sufrimiento. Y, al revés, estar rodeadas del amor de los suyos hace que muchas de esas personas no consideren su vida indigna ni que su sufrimiento es absurdo. Quienes no son partidarios de la eutanasia suelen ser retratados como fanáticos que quieren imponer sus creencias, presionando a los enfermos a soportar su existencia a cualquier precio sin importar el sufrimiento que ello comporta. Pero yo quisiera preguntar: ¿cómo se llega al punto en el que una muerte provocada es la única salida posible? ¿Se puede encontrar realmente sentido en una muerte natural, cuando tenga que venir, al mismo tiempo que se procura, en la medida de lo posible, el alivio de todo sufrimiento físico y espiritual? Con la eutanasia, la dignidad quedará reducida a una cuestión de opiniones y perderemos una oportunidad de hacer el mundo más humano.
Rubén Rodríguez Rubio. Correo electrónico
La ley Celaá
Aprobada ya la LOMLOE o la llamada 'ley Celaá', a la que auguro poco recorrido. Pienso que ya nace fracasada. Existen leyes que, por su calado, deberían aprobarse previo pacto educativo. Es lo único que puede dar estabilidad a la educación. En España se han sucedido, desde la Ley General de Educación de 1970, siete leyes educativas. La ley Celaá es ya la octava. Cada Gobierno, al acceder al poder, ha aplicado su propia ley sectaria y partidista. Y la educación ha sido utilizada como arma ideológica por unos y por otros. Algo tendrá que ver su mal estado con estos cambios de leyes en tan cortos espacios de tiempo. Son muchos los problemas de la educación en nuestro país; por ello los profesores hemos venido pidiendo, desde hace ya mucho tiempo, un acuerdo social y político de todas las partes interesadas para poner fin –o por lo menos paliar– estos problemas. No hemos tenido, sin embargo, ninguna suerte: no escuchan nuestra voz. Solo van a lo suyo. ¿Y después de esta ley? ¿Después qué? ¿Tendremos una novena? Absurdo. Pero sigamos haciendo las cosas mal mientras la educación se ahoga en un pozo sin fin, para desesperación de los docentes.
José Vaquero Sánchez. Atarfe (Granada)
Jugar con la misma baraja
No creo que la nueva ley educativa tenga la culpa del trato que se ha dado a las lenguas clásicas, a la filosofía, a la ética, a la geografía y a otras tantas materias. Esto viene sucediendo desde hace algunas leyes educativas, y los profesores de Biología y de Geología lo sabemos bien, pues también nuestras asignaturas prácticamente desaparecieron o fueron reducidas a su mínima expresión. Creo que la cuestión de fondo ha sido el hecho de dejar en manos de las Comunidades Autónomas demasiadas competencias educativas, que no han hecho más que complicar las cosas, pero sin mejorarlas. La nueva ley LOMLOE trata, en esencia, de que la educación concertada asuma la cuota que le corresponde de los alumnos desfavorecidos, de suprimir el aberrante valor de la nota de Religión Católica en las medias del bachillerato, fundamentales en la selectividad, o de evitar que las autonomías en manos del Partido Popular regalen solares a los centros concertados antes de construir un centro público. Simplemente, que la educación concertada juegue con la misma baraja y con las mismas reglas que la escuela pública.
F. Javier de las Heras Molinos. Correo electrónico
Descubrí a mi padre a los 85 años
El 1 de mayo de 2019 vi cómo se escapaba la vida de mi padre, a 120 km. del hospital más cercano. La ambulancia tardó tres horas en venir. Cuando le atendieron en urgencias me informaron de su estado crítico. Me preguntaron qué calidad de vida tenía. Lo único que pude decir es que quería que viviese. Al momento había nueve personas a su alrededor, entre médicos y enfermeros. A los dos meses mi padre ingresó en una residencia porque necesitaba ayuda. Empecé a ir a verle todos los días. Así comenzaron los encuentros con un padre al que casi no había tratado. Pasamos horas juntos, revivió el pasado y le fui conociendo cada vez más. Hace unos meses le diagnosticaron un cáncer de colon. Recuerdo cuando la médico me dio la noticia. Sólo le supe dar las gracias por todo lo que estaban haciendo por él. Le dije con lágrimas que hacía un año le habían salvado la vida y que gracias a ese esfuerzo, viendo en una persona de 85 años a un ser humano a quien salvar, he podido disfrutar de mi padre. Y estos meses van a ser los mejores recuerdos que conserve de él. Se ha recuperado fenomenal de la operación. Hace pocas semanas cogió el virus, pero en lo único en lo que le ha afectado es en su buen humor: cada día está más simpático. En lo que a mí respecta, ha sido una oportunidad para cambiar mi visión, para madurar… y para recuperar a un padre.
Eva Roche Benedí. Zaragoza