El bloc del cartero
Nonagenarias
Tenemos esta semana la oportunidad de escuchar la voz de dos lectoras que le han dado más de noventa veces la vuelta al Sol. Ahí es nada, y este cartero invita a quien se tropiece con esta página a leerlas a ambas con detenimiento. Noventa años enseñan a desasirse de lo innecesario: es difícil llegar ahí si uno no ha aprendido a soltar el lastre que dificulta el avance e impide el vuelo. Noventa años enseñan también a apegarse a lo que de verdad nos sostiene, espantando los espejismos y afrontando sin aspavientos las verdades. En estas nueve décadas que llevan a las espaldas nuestras dos corresponsales se han sucedido, además, los desastres de toda índole. Ninguna de ellas opta por la amargura o la queja, sino que se inclinan por la gratitud y el sentido del humor. Si alguien quiere llegar tan lejos, ya sabe.
Cartas de los lectores
Bella solamente para las telas
Tengo 90 años, una cara tan arrugada que en lugar de arrugas son grandes surcos que se cruzan a lo largo y ancho de la ... piel como tabletas de chocolate, entre los que hay espinillas, puntos negros y montones de manchas repartidas por los lugares más estratégicos y visibles de la cara. ¡Ah! y alguna otra verruguita con sus pelillos y todo. Dicho esto, y a la vista del reportaje de XLSemanal sobre la noticia (maravillosa) de unas señoras centenarias que han pasado la COVID, ¿les parece necesario exponer a gran tamaño (toda la página) sus rostros deteriorados por el tiempo? ¿Es necesaria esa humillación? No, señores fotógrafos, su pericia es extraordinaria, pero la arruga solo es bella para las telas de Adolfo Domínguez. Dejen esas grandes portadas para los pechos descomunales, los traseros salientes, las bocas a lo Pato Donald. Ya sé qué están pensando: pues sí, es purita envidia.
Ana María Blanco Gómez. Miñortos (Porto Do Son, A Coruña)
Si no hay un milagro
Solo un 19 por ciento de la población de España vivimos fuera de las ciudades, y convivimos con la llamada 'España vaciada'. Al escuchar a políticos y periodistas debatir sobre ella, sentimos que no conocen en absoluto nuestra realidad. Si atendiéramos a sus planteamientos, el objetivo de 'fijar población' parece una meta inalcanzable. El empleo es un elemento decisivo, siempre que vaya unido a unos servicios suficientes. En los últimos veinte años hemos sufrido el deterioro de: educación, sanidad, banca, transporte, cultura, hostelería, comercio. Y el olvido de algo fundamental: comunicaciones. Quién puede sentirse así tentado de fijar su residencia en un pueblo, más aun cuando la población productiva (agricultores, ganaderos, forestales), si dispone de un mínimo, ya reside en la ciudad. La poca población estable de los pueblos mantenemos doce meses, a nuestra costa, los pocos servicios que quedan y disfrutan los veraneantes. Es descorazonador pensar que, si no hay un milagro, en una década la población actual de los pueblos se habrá reducido mucho por pura evolución vegetativa y, con ello, los pocos servicios de que disponemos. La solución está cada vez más lejos.
Fernando Estévez. Valoria la Buena (Valladolid)
Desmotivación
Soy enfermera desde hace 14 años. Han pasado muchas vidas entre mis manos, muchas historias y anécdotas contadas mientras la vida se escapaba a los pies de una cama. Últimamente he sido consciente, de la mano de mis compañeras, de que la que ahora parece irse es la vocación de muchas de ellas. Siento pena, rabia, miedo… He conocido esa vocación intacta y también la he visto marcharse poco a poco con el tiempo. Muchas, yo misma, sentimos desmotivación y no sabemos qué hacer para recuperarla. Cuidemos a los sanitarios, no pensemos solo en el aquí y ahora, en salvar situaciones con directrices pensadas a 'salto de mata' y pensemos después de todo lo ocurrido si alguien no se pensará una y dos veces meterse en este mundo bonito y duro si las circunstancias y el cuidado hacia los sanitarios se descuida como hoy.
Carolina Pérez Fernández. Correo electrónico.
Grafiti poético
8 de febrero de 2020. Tras dos años, el poema sigue pegado a mí como la pintura con que fue grafiteado. Entonces la COVID era aún un rumor. Yo paseaba por mi ciudad, lejos de mi barrio. En un muro, una gran pintada: un poema. Lo leo y disfruto. Le hago una foto y lo memorizo. Busco al autor: Luis Cernuda. Un mes más tarde llegan el grito, el confinamiento, la muerte, la vida, lo nunca imaginado; y el poema me infunde ánimos, cobra sentido, demuestra su eternidad: «Sigue, sigue adelante y no regreses, / fiel hasta el fin del camino y tu vida. / No eches de menos un destino más fácil. / Tus pies sobre la tierra antes no hollada. / Tus ojos frente a lo antes nunca visto». Llegó mayo de ese 2020 y nos permitieron pasear. Regresé a ese muro. El poema ya no estaba. No importa. Dos años y varias olas después, cada vez que paso, lo sigo recitando y, en mi día a día, lo recuerdo.
G. Martín. Aranda de Duero (Burgos)
Emprendedores de hace 300 años
Cuando he visto la foto que publicaba ABC el domingo 23 de enero, en la que se ve la antigua fachada de la oficina central de Caja de Madrid con la estatua del padre Piquer, fundador del Monte de Piedad hace más de 300 años, arrinconada y semienterrada entre escombros, he sentido, como antiguo empleado jubilado de esta Entidad, una sensación de pena, pero sobre todo de oprobio. Caja Madrid no se merecía la suerte que ha corrido, y que empezó a torcerse con el desembarco de los políticos cuando se cambiaron sus estatutos con la llegada de la autonomía de Madrid. Así, una caja de ahorros que no tenía propietarios se convirtió en feudo de los políticos de turno que hicieron y deshicieron a su antojo. Sobre el hundimiento de Caja Madrid se ha dicho mucho, pero no suficiente, ya que es posible que no todos los causantes hayan rendido cuentas. Desde ciertas instancias se nos quiere hacer pensar que los 'emprendedores' son el eje del futuro, pero visto el destino que ha sufrido la obra de los emprendedores de hace 300 años me permito dudarlo.
Miguel Ángel Martínez Rueda. Madrid
El mayor don
Soy bisabuela y madre de tres hijas y un hijo, jubilada hace muchos años, en pocos días cumpliré 93. Me gusta leer y también hice algunos 'pinitos' con la escritura. Recuerdo leer en una ocasión que «nadie debería morir sin haber sufrido una crisis, una pandemia y una guerra». Es como saber que algo inesperado impactará en tu vida y reventará todos tus planes. Pero no, todo seguirá su marcha con sus recortes y sus aristas y se abrirán nuevos caminos que deberás recorrer y superar. Yo nací en el 29, en la Gran Depresión de 1929, en el crack industrial y financiero, después de la Primera Guerra Mundial; más tarde sobreviví a otra y a una terrible guerra civil; ahora estoy viviendo una pandemia global... He cumplido todos los cánones y reglas de quien lo escribió. Y, con esa experiencia vivida, me creo con entidad suficiente para decir que en la vida toparemos más de una vez con ese meteorito y buscaremos las herramientas necesarias para esquivarlo y saber crecer, evolucionar y disfrutar del mayor don que se nos ha dado: nuestra vida, esa minúscula parte de la Naturaleza siempre por explorar... Eso me hace creer en Algo Superior que en el tiempo de los siglos supo jugar con la gravitación de abscisas y ordenadas y nos la regaló pintada de colores, para vivirla y acercarnos, a pesar de todo, a lo que llamamos felicidad.
Encarna García Díez. Madrid
Por qué la he premiado... Porque está escrita desde la lección del tiempo, serena y humildemente aprendida.