EL BLOC DEL CARTERO
Olvidarse
Una afectada por el envenenamiento masivo con aceite de colza nos escribe para hacernos saber hasta qué punto se siente olvidada e ignorada por las instituciones ante las que trata de hacer valer las secuelas incapacitantes de la enfermedad. Un sanitario, de esos a los que hace nada aplaudíamos, se queja amargamente de cómo pasada la emergencia y la solidaridad acuciada por ella se coloca a su gremio en la diana para reclamar responsabilidades por los percances y los estragos de los que nadie se hace cargo. Está acaso en la condición humana esa propensión a echar en el olvido todo aquello que en el camino nos sobra o nos embaraza. Tratamos así de hacernos la marcha más cómoda, pero hay deudas e impedimenta que no podemos sacudirnos, porque descuidar su memoria nos conduce a perder la decencia.
Cartas de los lectores
• Evolución
Varios de quienes nos aplaudían desde un balcón, superado aquel difícil trance, consideran hoy que deben achacarnos que podíamos haber hecho mucho más y denunciarnos ... con ese auspicio. Muchos no quisimos entonces pasar por héroes, sabedores de que quienes hoy nos encumbraban por trabajar con humildad nos degradarían mañana a villanos, considerándonos responsables del perjuicio. Esto solo refleja la pobreza moral de la condición humana: «Hice todo lo que pude por ti». «Hoy, que me siento fuerte, te diré que no fue suficiente». Y, en vez de escucharnos, tomamos como signo de arrogancia una sugerencia; como ataque una discrepancia, como insulto una desavenencia, un desgraciado accidente como un crimen, y una parte como un todo. Dios nos asista, o terminaremos acabando con nosotros mismos.
Samuel García Moreno. Logroño
• Que fácil olvidamos
Llevo 17 años alquilando la misma casa. Ni los azares del trabajo (soy autónoma) ni las dificultades personales me han hecho faltar a mi obligación con el pago. He cuidado el piso modernizándolo a costa de mi bolsillo. Soy tran-quila, las contadas noches de cena en la terraza han terminado temprano; mi perra no ladra; mi hija es educada; y mi marido siempre atiende a quien lo necesite. Dicen que soy una buena vecina, siempre dispuesta a ayudar. Durante el confinamiento fui voluntaria en Ifema. Y en la Filomena quité nieve de las entradas de los hospitales, liberando ambulancias. Todos los propietarios del bloque son dueños de la casa donde vivo. Lo pasé mal tras el confinamiento, no conseguía trabajo, pero nunca aplacé el pago del alquiler. De pronto, una nueva presidenta de la comunidad empieza a hacerme la vida imposible: quería que me fuera, subió el alquiler y me obligó a firmar un nuevo contrato. Se me rompió el corazón: casi 20 años y en el peor momento, todo lo hecho se olvida. Y esta presidenta se pasea ufana porque ha podido con todo, con los vecinos de buena voluntad, con la confianza de una alquilada y con la armonía de un bloque y un barrio tranquilos. Parece que todo lo vivido a mucha gente no le ha servido para nada. Qué fácil olvidamos.
• Mar E. Correo electrónico
Deshumanización
Soy víctima del envenenamiento masivo por el aceite de colza. Tenía 23 años. Estuve en coma, sufrí un aborto, me retiraron la leche materna al nacer mi hija, por si la intoxicaba. Tras 40 años, y pese a ser los afectados por un gobierno sin regulación alimentaria, debemos dar aún luz a nuestras necesidades para no ser olvidados. Estos años mi vida ha tenido por máxima aparentar estar bien, dejar los dolores en casa, ponerme una máscara y seguir adelante. Pero las secuelas (hipertensión pulmonar, pendiente de un trasplante bipulmonar) me dejan sin careta y, tras sufrir la COVID, carezco de fuerza física y mental: se me niega la baja laboral, sabiendo que nunca cogí bajas, que rabiando de dolor y sin aliento he ido cada día a trabajar. Me proponen, sí, jubilarme por anticipado, con su penalización. Cómo es posible tal deshumanización. Qué hacer en una sociedad donde tras dejarte 40 años la piel en el Sistema Nacional de Salud te ven como un número. Deben cubrir objetivos caiga quien caiga.
María Luisa Cavas Moreno. Murcia
Por qué la he premiado… Porque en ciertas cuestiones la distancia –en el tiempo– no puede ser el olvido.