El bloc del cartero
Oppenheimer
Contrapone uno de nuestros lectores la figura de Oppenheimer, alguien que se planteó los lĆmites del conocimiento, aunque acabara dando lugar al arma atómica, con los tecnocientĆficos actuales que se plantean cruzar todas las lĆneas rojas con la sola condición de que ello resulte factible āy rentableā. El mito de Prometeo, que robó el fuego de los dioses a sabiendas, frente al de Fausto, que cegado por la ambición pactó con el diablo sin ser consciente de lo que ponĆa en juego. No estĆ” mal que la pelĆcula que ha puesto de moda a Oppenheimer nos lleve a esta clase de reflexiones, aunque Hollywood nos dĆ© del personaje una visión algo mĆ”s amable que la que les cabe tener a quienes sufrieron por dos veces su invento. La utilidad, ese temible motor de la Historia, multiplica los Faustos. Y los destrozos.
titulosecundario titular="Las cartas de los lectores
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Oppenheimer, el Prometeo americano
Prometeo ayudó a los hombres entregando a estos el fuego que habĆa robado a los ... dioses. Zeus lo condena al tratarse de una donación irreversible: superaba el lĆmite establecido, aunque Prometeo lo sabĆa. Robert Oppenheimer āel Prometeo americano y padre de la bomba atómicaā reflexionó sobre los lĆmites y sobre el daƱo que en ocasiones esta transgresión puede generar. Fausto āhombre moderno sin lĆmitesā se independiza como hĆ©roe de su autonomĆa y estĆ” dispuesto a llegar a los confines del conocimiento sin lĆmite alguno. Aprovechando los mitos de la tradición occidental, el conocimiento, la ciencia y la tecnologĆa pueden ser enfocados con un modelo prometeico (el progreso cientĆfico para superar la naturaleza tiene lĆmites) frente a un modelo fĆ”ustico (que utiliza el conocimiento y la tecnociencia sin lĆmites para superar la condición humana dejando en segundo plano la bĆŗsqueda de la verdad ante el interĆ©s de la utilidad). En el 'turbocapitalismo' que vivimos predomina el modelo fĆ”ustico de ciencia y tecnologĆa que asociamos a progreso, pero Āæsomos conscientes de sus consecuencias?
F. J. Barón Duarte. A Coruña
Mosquitos inmortales
Hace mucho tiempo leĆ en una revista un caso curioso que me llamó la atención. DespuĆ©s me olvidĆ© del tema, hasta que recientemente he vuelto a recordarlo. La noticia comenzaba describiendo el experimento que un biólogo estadounidense habĆa llevado a cabo para conseguir alargar la vida del mosquito de la fruta, cuyo ciclo de vida no sobrepasa las dos semanas. En principio, todo indicaba que la prueba habĆa sido un Ć©xito, ya que con el compuesto que les suministró a los mosquitos estos se mantuvieron con vida durante meses. La importancia del experimento era innegable: el biólogo y su equipo habĆan dado los primeros pasos reales hacia el logro de la inmortalidad o, por lo menos, a una vida mucho mĆ”s larga de la natural. Sin embargo, antes de que la noticia se difundiera, se descubrió lo que realmente habĆa pasado. El compuesto no alargaba la vida; en realidad, no producĆa ningĆŗn efecto sobre los mosquitos. Lo que habĆa ocurrido es que el biólogo no habĆa contado con el descontento de uno de sus empleados, que durante meses habĆa estado sustituyendo los mosquitos muertos por otros vivos, dando falsas esperanzas de Ć©xito al resto del equipo. La reflexión que saquĆ© del artĆculo es que contar con trabajadores motivados es primordial para que una sociedad prospere correctamente. Por ello, a pesar de las dificultades económicas que pueda estar atravesando un paĆs, jamĆ”s se deben de dar pasos hacia atrĆ”s en detrimento de los derechos laborales conseguidos tras tantos aƱos de lucha y esfuerzo.
Zigor Eguia Lejardi. Elgoibar (GuipĆŗzcoa)
Ya quedamos pocos
Como lector habitual de su revista, paso a relatarles las desvergüenzas de nuestra ya decadente agricultura en AlcalĆ” de Xivert. A mi jubilación, tuve la feliz idea de continuar con las labores de nuestros padres, que nos dejaron sus tierras. DespuĆ©s de todos los sinsabores y por si no fuesen pocos los problemas que tenemos, ahora nos llega esta plaga de jabalĆes, o porcs senglars, que nos destrozan los cultivos. Con 20 hectĆ”reas de naranjos, cambiĆ© de cultivo por las pĆ©rdidas ocasionadas cada aƱo, las vendĆamos a 20 cĆ©ntimos; en el sĆŗper, a 2 euros. PlantĆ© almendros y, con dos aƱos, el destrozo fue grande: mĆ”s de 9000 euros de daƱos, y lo mejor es que nadie tiene la culpa. El seguro y el abogado me dicen que no puede hacerse nada. Todos mis amigos ya han dejado improductivas sus plantaciones, mĆ”s del 80 por ciento del tĆ©rmino estĆ” asĆ; nos legaron unas tierras y ĀæquĆ© les dejamos a nuestros hijos? Los despojos de los cuales ni los polĆticos quieren saber nada. PreferĆa aquella juventud en la Universidad, corrĆamos delante de los grises, ensalzando nuestra cultura, peleando por unos tiempos nuevos, y ha quedado esta desilusión, para pensar a los 77 aƱos si valió la pena luchar por lo poco que tenemos. Adiós, tierras de nuestros abuelos; adiós, ideales truncados. Entre tristeza y miserias, se termina nuestro tiempo, nadie vendrĆ” a darles ningĆŗn consuelo.
Vicente Guillamón Espallargues. AlcalÔ de Xivert (Castellón)
Al tĆo Moreno, cartero rural
De niƱo, en los cincuenta, pasaba mis vacaciones en el Dehesón del Encinar, del Instituto Nacional de Colonización, ubicado en un gran bosque de encinas entre Oropesa de Toledo y la sierra de Gredos, donde trabajaba mi abuelo. A la hora de la comida oĆamos 'el parte' de Radio Nacional. Y, a esas mismas horas, llamaba a la puerta el tĆo Moreno, el cartero, que nos traĆa el ABC. El tĆo Moreno se hacĆa a diario 14 kilómetros de ida y otros de vuelta a lomos de un burro en cuyos serones portaba la correspondencia para la gente del pobla- do. Llevaba un blusón azul oscuro y un gran sombrero de paja. No le amilanaba el solazo de las tres de la tarde de julio o agosto. Su deber profesional era lo primero. Debo al tĆo Moreno, y al interĆ©s de mi abuelo por estar conectado al mundo a travĆ©s de ABC , mi afición a la lectura de la prensa diaria y mis futuros pinitos como escritor. Durante la siesta, repasaba los periódicos apilados durante el largo invierno. AllĆ me recreaba con las hazaƱas de los futbolistas y toreros de moda. Siempre estarĆ© agradecido al callado trabajo del tĆo Moreno, miembro ilustre de los carteros rurales no siempre reconocidos. Les pongo un 10.
AgustĆn del Pino. Madrid
Por qué la he premiado⦠Porque no hay labor, por pequeña que parezca, que no pueda alcanzar la grandeza desde el pundonor.