El bloc del cartero
Pedro
Se llamaba Pedro Gil Pondal y asomó no pocas veces a estas pĆ”ginas. Con motivo del vigĆ©simo aniversario de esta sección de correo de los lectores se dejó entrevistar, como uno de los que la alimentaban y sostenĆan. Por otra lectora, y corresponsal habitual, nos enteramos de que se ha ido, como un dĆa nos iremos todos para que se queden los pĆ”jaros cantando, segĆŗn el aviso del poeta. En esta hora, Teresa, que asĆ se llama la lectora, evoca las cartas que Pedro nos envió y a las que se les pudo hacer un hueco en este espacio. Envió muchas mĆ”s, que quedan en la memoria del cartero. Su vida encierra una lección para todos: desde hacĆa aƱos estaba en una residencia, donde pasó la pandemia, y eso no le impedĆa mirar el mundo y alumbrarnos con su mirada. No es el viaje, sino el viajero.
Newsletter
titulosecundario titular="Las cartas de los lectores
" antetitulo="
"]
Los peces no trepan Ɣrboles
Abril, 8 de la maƱana, el despertador me pide que me levante un dĆa mĆ”s, ... lo apago, miro por la ventana, y con la mirada perdida vuelven aquellos pensamientos: ĀæquĆ© habrĆ” sido del niƱo que le quitaba la cĆ”mara a su padre?, Āædónde estarĆ” el joven ambicioso que veĆa sus sueƱos como un plan mĆ”s? Me siento vacĆo, despersonalizado, sin reconocerme apenas, y como un acto reflejo me hago el desayuno un dĆa mĆ”s, sin darle especial importancia a que la ambición que siempre tuve y nunca valorĆ© lo suficiente se habĆa ido. Tardo mĆ”s de lo que deberĆa en pedir ayuda, en darme cuenta, de que no todo estĆ” perdido, que simplemente no estoy en el lugar correcto, y en el momento en el me doy cuenta de que soy un pez intentando trepar un Ć”rbol, todo cambia, y comienzo a nadar. Octubre, 8 de la maƱana, suena de nuevo el despertador, pero esta vez lo apago con una sonrisa y, de nuevo, de modo inconsciente reinicio mi rutina, pero algo ha cambiado: ha vuelto mi ambición, mis ganas de mejorar y convertirme en la persona que realmente quiero ser. Todo el mundo es Ćŗtil y puede hacer algo que le llene y, lo mĆ”s importante, todos tenemos sueƱos; el problema es que cumplirlos, o por lo menos intentarlo, no es el camino fĆ”cil, pero todo esto cambiarĆa quizĆ” si todos nos parĆ”semos a pensar un momento: Āæde verdad esto es lo que quiero, para lo que verdaderamente estoy hecho?
Pablo López GonzÔlez. Alcañiz (Teruel)
Visiones dispares
QuĆ© curiosa selección de cartas ha hecho el cartero en el XLSemanal 1880. Primero, la de JesĆŗs, Almas errantes y, por Ćŗltimo, la de Alicia, La riqueza del tiempo. QuĆ© visiones tan dispares. QuĆ© diferente es el concepto del tiempo cuando vivimos contrarreloj, con tantas ocupaciones que encajar en las 24 horas de un dĆa, que no nos da la vida para hacerlas todas, a ese otro de concepto de cuando nuestras facultades se han mermado tanto que, para hacer cualquier cosa bĆ”sica, dependemos de que otra persona de esas del primer grupo (de las que viven contrarreloj) nos pueda dedicar una parte de su valiosĆsimo tiempo para arrancarnos del stop en el que vivimos cuando nos volvemos dependientes. Pasamos la mitad de nuestra vida sintiĆ©ndonos atropellados por el tiempo (desde la etapa escolar hasta la jubilación laboral) y, despuĆ©s, cuando empezamos a disfrutarlo, a aprovecharlo y a sacarle todo el partido posible, nos llega un contratiempo que nos hace sentir que el tiempo se ralentiza de tal modo que el dĆa se nos vuelve eterno y el tiempo ya nos sobra, nos pesa y se vuelve una carga insoportable. Almas errantes, La riqueza del tiempo y, en medio, Ni pero ni pera. QuĆ© duro, quĆ© terrible y quĆ© largo se hace el tiempo para quien tiene que seguir viviendo tras haber perdido a alguien fundamental en su vida (y mĆ”s cuando es una muerte violenta e inesperada).
MarĆa de Juan. Correo electrónico
Rodeado de soƱadores
Una tregua entre las borrascas que azotan la penĆnsula, un dĆa soleado, aquĆ rodeado de soƱadores. La generación que vive y posiblemente viva, peor que sus padres; esa misma generación que dicen, es la mĆ”s formada de la historia. Entre cascos de diferentes tipos y colores, tapones para evitar el ruido, subrayadores de todo tipo de marcas, botellas de agua, cantimploras, atriles, etc. En una biblioteca, el lugar donde las personas de todo rango de edad, intentan que su futuro se haga una realidad. El lugar donde el estudio es la religión, y el silencio la Ćŗnica oración posible. Entre futuros mĆ©dicos, enfermeros, arquitectos, abogados, policĆas, guardias civiles, etc. AquĆ estoy yo, un dĆa mĆ”s, como cada uno de estos tres aƱos atrĆ”s, haciendo lo que quiero, y como a mĆ me gusta llamarlo⦠estoy estudiando 'bombererĆa'.
Carlos GarcĆa Hurtado. Granada
La cara oculta del móvil
Todo avance humano conlleva, al mismo tiempo, un retroceso. El mundo de las comunicaciones, por ejemplo, ha dado un salto de gigante. Hace unas dĆ©cadas, nadie podĆa creer que, avanzando Cronos, e investigando el ser humano, podrĆamos visualizar y hablar a un ser querido a miles de kilómetros de distancia, expongo como sĆmil. Nadie podĆa creer que ese aparatito que casi todos llevamos en el bolsillo fuera capaz de salvar vidas humanas, o que a travĆ©s de un whatsapp podrĆamos escribirnos (comunicarnos) en un periquete. Totalmente cierto. Pero tambiĆ©n lo es que a la tecnologĆa se necesita darle 'cuerda' de vez en cuando. Valga el hecho luctuoso, desgraciado, de ese pobre chico cordobĆ©s, que viajó a Sevilla para pasar un rato inolvidable, pero que el fin de su viaje ha sido su desaparición de la faz de la Tierra. El pobre muchacho quiso volver a Córdoba, y que, como es pĆŗblico notorio, al coger el tren que lo llevarĆa a la ciudad cordobesa y abonar el viaje con su aparato móvil, tuvo que desistir y darse la vuelta porque el inspector del tren, o quien fuera, le denegó el permiso a viajar ya que el móvil se habĆa quedado sin baterĆa en la cual se mostraba el billete. Y ya sabemos el final cuĆ”l fue. Y es que hoy dĆa casi todo se hace con el aparato móvil; casi todo se puede comprar, incluido un billete de tren para viajar, siempre que el aparato estĆ© cargado o alimentado suficientemente, en caso contrario, nos quedamos como desolados. En definitiva, y repito: todo avance conlleva infelices finales. Es algo que debemos admitir y prever, para que no nos ocurra como al joven futbolista Ćlvaro Prieto, que pagó muy caro llevar su móvil con baterĆa gastada.
Rafael AlcalƔ. MƔlaga
Obituario
En el DĆa de Todos los Santos, en esa sección de esquelas a la que medio nos asomamos esperando no encontrar nada, leo un nombre que conocĆ en esta pĆ”gina, el del escritor Pedro Gil Pondal. En sus cartas nos fue contando sus pensamientos y su vida. Estudió BiologĆa en Navarra, en un colegio mayor donde aprendió que Ā«los patos aprenden a nadar nadandoĀ» y decidió tirarse al agua a nadar sin tanto lĆo, sin esperar ayuda (Ā«esperar mucho de los demĆ”s no me fue rentableĀ»). De los 59 a los 70 aƱos, ha transcurrido Ā«institucionalizadoĀ» en residencias: Ā«se acabó la vidaĀ», Ā«vivo en un inframundoĀ», decĆa al comentar la ausencia de libertad, de entrar y salir, de pedir huevos para cenar, de ser dueƱo de su salud. Pedro escribĆa muy bien, escogĆa las palabras mĆ”s sencillas y directas y te llevaba sin perderte por razones y sentimientos. Y todo eso no deberĆa perderse, que Ć©l puso todo para seguir nadando y lo compartió aunque no esperase demasiado. SolĆa lamentarse de la polĆtica Ā«que mĆ”s que risa da penaĀ», celebró cuando fuimos Ā«desenmascaradosĀ» y confesó que no cabĆa en el Ā«tĆŗnel informĆ”ticoĀ». Este agosto, ademĆ”s de quejarse del porrazo electoral recibido, dejó escrito: «”QuĆ© optimismo, pasar al recuerdo de... nadie!Ā». Si ya no nos acordamos de casi nada. Si casi no hay tiempo ni de vivir. Y preguntaba si Ā«se acuerda alguien de AnĆbal, de Numancia, de Colón, de los apaches... ĀæPara quĆ©? Cada uno suele vivir su vidaĀ». Y asĆ dejó escrito su obituario. Ā«Obituario, quĆ© palabra mĆ”s redondaĀ».
Teresa Rivera. Urduliz (Bizkaia)
Por qué la he premiado⦠Por el bello recuerdo al amigo, que lo fue de esta pÔgina, enriqueciéndola con su mirada.