EL BLOC DEL CARTERO
Ratio
Y si frente a tantas teorías cuestionables sobre la mejora de la educación, que nos exponen una y otra vez y pugnan entre sí cuando se ventila alguna de nuestras innumerables reformas educativas, hubiera una idea simple e indiscutible que tiene acreditada eficacia y que es, justamente, la única que nunca, salvo circunstancias excepcionales, llegamos a introducir? Es lo que viene a decirnos una lectora y docente cuando llama la atención sobre el hecho de que bajar la ratio de alumnos por enseñante repercute, como ha demostrado la pandemia, en una mejora del rendimiento del sistema y de cada uno de sus beneficiarios. No parece una idea ardua de entender. En palabras de otro docente: «Cuando tienes menos alumnos, difícil es que uno se te escape». Pero preferiremos invertir en otras cosas.
Cartas de los lectores
• Eclipse digital
En YouTube di con un vídeo muy interesante en el que se decía: «En 2014, un estudio de la Universidad de Princeton demostró que la ... manera más eficaz de tomar apuntes es a mano. Ya que cuanto más te esfuerces en anotar un dato, mejor lo recordarás». Esto me dejó pensando, porque yo, como estudiante, estoy acostumbrada a tomar notas a la antigua, pero me impactó que eso pueda mejorar mi rendimiento. Me quedé reflexionando, puesto que la pandemia ha incrementado notablemente el uso de las tecnologías en el aula: los profesores son más permisivos respecto al uso del móvil; usamos más plataformas como Teams, Yedra, Moodle... Me parece un muy buen progreso; de esta manera estamos más conectados con nuestro futuro laboral, repleto de tecnologías en casi todos los ámbitos. Nos ayudan a dinamizar la enseñanza, permiten hacer actividades más dinámicas y adaptarse al ritmo de aprendizaje de cada uno. Pero la tecnología puede llegar a eclipsarnos si no sabemos utilizarla bien. Como se dijo aquí en una carta, más será menos; y sería un crimen perder la figura del profesor que, durante tantos años, nos ha enseñado, educado, valorado, ayudado, apoyado desde el cariño, no desde la frialdad de una pantalla.
Eva Aguilera Álvarez, Cantabria
• La reducción de la ratio
He leído el reportaje dedicado a la educación: «La educación que viene». Propone una serie de retos (quince en concreto) para la educación del futuro, tales como: personalizar el aprendizaje, evaluar de forma diferente, educar en las emociones, etc. No seré yo la que niegue la utilidad de todas y cada una de estas propuestas, pero en ningún caso se propone la reducción de la ratio, es decir, el número de alumnos por aula. Porque me quieren explicar cómo puede un profesor escuchar y valorar, personalizar el aprendizaje o evaluar de forma diferente si contamos con 30 o 35 y hasta 40 alumnos por aula. Es cierto que nuestra educación sigue estando cerca de las primeras «escuelas populares del siglo XVII», como dice el artículo, y que muchas veces «el profesor llega al aula y da una clase magistral», pero háganse cargo: dar a cada estudiante la formación adecuada para el desarrollo de sus capacidades en aulas superpobladas es tarea altamente complicada. La reducción de la ratio por aula ya se ha demostrado efectiva durante la pandemia el curso pasado con la incorporación a los centros de los profesores de apoyo COVID que ha permitido el desdoble de grupos. Esta medida, que devino en resultados positivos y que tuvo muy buena acogida entre profesorado y familias, se ha visto reducida e incluso eliminada en algunas comunidades autónomas. Modestamente, después de 30 años de experiencia, creo que la reducción de alumnos por aula y profesor es la base sobre la que desarrollar cualquier reto que nos depare el futuro de la educación.
Cecilia Beltrán. Correo electrónico
• ¡Piropeemos más!
A raíz de dos situaciones me he dado cuenta de un fenómeno. La primera es la historia de una amiga que lo acaba de dejar con su novio porque no le gustaba como él le hacía sentir. En el momento de dejarlo, él le dijo: «Si siempre que hablo de ti digo que eres maravillosa. El problema es que a ti no te lo digo nunca». La segunda situación es de una amiga mía de toda la vida la cual me confesó que llevaba meses con el ánimo bastante flojito, que se sentía muy insegura de sí misma y que tenía la autoestima por los suelos. Pues no os puedo contar lo encantadora que es y lo por las nubes que la pongo cuando hablo de ella. Pero ¿se lo había dicho alguna vez a la cara? Creo sinceramente que, por lo menos yo, a la gente de mi alrededor le digo poco lo maravillosa que es y la suerte que tengo de que estén en mi vida. Creo que entre el vaciar de sentido las palabras 'te quiero' y el decirlas solo en momentos puntualísimos hay una gran escala de grises y que se podrían decir muchos más 'te quiero' cargados de sentido que los que decimos. Prefiero pecar de decir demasiados piropos y hacer sentir lo mejor que esté en mi mano a la gente de mi alrededor que pecar de lo contrario. Cuidémonos más, que no es tan difícil.
Lucía Platero Dueñas. Madrid
No éramos como ellos
El programa era muy interesante, pero tenía que ir a trabajar, apenas me ha dado tiempo de escuchar alguna entrevista. El propietario de la librería Lagun de San Sebastián, al hilo del éxito de Patria y Maixabel , recordaba a otro escritor, Raúl Guerra Garrido, que pasó casi inadvertido y se atrevió a contar lo mismo en aquellos años tan complicados. Con Lectura insólita de El Capital ganó el Premio Nadal en 1976, la experiencia de un secuestrado; La carta (1990) aborda el tema de aquellos sobres para pedir el impuesto revolucionario. Pero el que más me impactó, por la hipótesis tan inquietante que planteaba, fue La costumbre de morir : según avanza la trama, descubrimos que el hijo de un guardia civil que presenció su asesinato planea la venganza y, al final, cumplido su objetivo, su mirada se cruza con la de un niño y comprende que solo le quedan veinte años de vida. Poco después de leerlo, yendo en el bus hacia clase, en la acera de enfrente cayeron abatidos dos hombres que salían de Telefónica. Cristina Cuesta, la hija de una de las víctimas, convocó una manifestación de repulsa. Fue la primera vez que salía de casa sin decir dónde iba realmente y me sorprendió la cantidad de gente reunida. Los últimos metros fueron casi una maratón, pese a tener protegido el flanco de la parte vieja. Pasamos mucho miedo, pero nos atrevimos. No sé si fue entonces cuando empezó a cambiar algo, pero fui consciente de que las premoniciones de la novela no se cumplirían, que nosotros no éramos como ellos y de alguna manera encontraríamos el camino.
J. M. Zaragoza
Por qué la he premiado… Por recordar el valor de aquel pionero y salir al paso de interesadas equiparaciones.