EL BLOC DEL CARTERO
Repartos
A menudo, el arte de vivir consiste en el arte de repartir lo escaso. También el arte de gobernar, cuyos ejercientes no suelen contar con ... recursos tan ilimitados como lo son las demandas que reciben. Repartir lo que no sobra obliga a extremar el celo, salvo que uno quiera resbalar por la pendiente de la injusticia hasta el abuso y el agravio. Toca a quienes toman hoy decisiones repartir escaseces varias: vacunas, presupuestos, permisos para moverse. Pronto habrá, se nos anuncia, abundancia de dosis y de euros para salvarnos a todos. Pero como recelan nuestros lectores, cabe la duda de si no se salvará más a unos que a otros, por razones que seguramente no se nos explicarán y que incumbirán a las conveniencias de quienes reparten. Que los repartidores tiendan a favorecerse a sí mismos no refuerza la confianza.
LA CARTA DE LA SEMANA
Replantear nuestras obligaciones
Soy observador de personas, no sé la razón, pero siempre lo hice. Se me da bien. Nadie se quejó y elijo de manera aleatoria. Puede parecer una mirada perdida o estar centrada en algo opuesto al objetivo. Son muchos años de práctica. Hay personas que creen observar cuando solo miran o ven. Los móviles están ahí como ejemplo. Ahora, ya con 52 soles he aprendido algo. Aparte de las necesidades biológicas o físicas hacemos las cosas por cuatro motivos: instinto, utilidad, costumbre u obligación, y esta última mal entendida a veces. De manera instintiva reaccionamos ante situaciones que nos ponen en aprietos y no lo hacemos todos igual, no. Ahora es buen momento para comprobarlo. En este tiempo de pandemia que nos tocó, debiéramos replantear cuáles son nuestras obligaciones. Estas pasan hoy en día en buena medida por comprar y ver cosas inútiles, votar a inútiles y hacer de ello costumbre. Lo que pasa más allá de nuestra casa debe preocuparnos. Pelear por una sociedad que no sea tan individualista, sin dogmas de fe ni zarandajas, porque somos muy nuestros y en eso nos han convertido nuestros amos. Siempre tenemos razón donde sea y despreciamos, a veces de viles maneras, las posibles razones del resto. La obligación de convertir en útil una costumbre que acabe siendo instinto común cuando el peligro también lo sea. Ese es un paso enorme, pero necesario, y un buen comienzo.
Arturo Fernández Ferro. Tarragona
Repartiendo magnánimamente
Vaya carrerón hacen en poco tiempo nuestros jóvenes representantes políticos. Ya puede usted deslomarse a trabajar toda una vida, cotizando a lo largo de 30, 40 o aún más años, haciendo malabares para criar a los hijos, para ayudar a la familia a salir adelante o para comprar una vivienda después de pagar religiosamente la hipoteca que el banco tuvo a bien concederle. Un político listo y avispado trabaja de otro modo y, en mucho menos tiempo, consigue mucho más. Ayudados por una corte de asesores, salen en los medios, atraen con titulares, con eslóganes ingeniosos y atractivos que convencen los oídos fáciles de los que está formada la mayor parte de la sociedad actual, sociedad que pasa a caballo, no se detiene a enterarse y no ve más allá porque lleva prisa; nunca se corrió tanto para no ir a ninguna parte, confinados como estamos, a ninguna parte que no sea a la ruina. Esta menguante reflexión social es muy bien aprovechada por algunos de nuestros representantes, que se suben el sueldo sin inmutarse para luego ir repartiendo magnánimamente, y según dónde y a quién, los bienes públicos, ya vengan de los impuestos de todos o de Europa. Aunque en lo de la ayuda europea todavía queda por ver la manera en que se realizará el reparto. Los que saben del tema sospechan, incluso algunos afirman, que Galicia no va a salir precisamente beneficiada. Pero ahí estamos; démosles un voto de confianza y que todo salga lo menos mal o lo mejor posible. A pesar de todo, aún es preciso creer en el futuro, un acto de fe tan difícil como necesario en todos los tiempos. Y en estos, mucho más.
M. J. Vilasuso. As Pontes (A Coruña)
Dos inquietantes dudas
Hace ya algunos días un acreditado economista español destacaba la importancia de los fondos Next Generation EU para el ansiado cambio del modelo productivo español, que pueda evitar la fragilidad endémica que siempre muestra ante cualquier crisis económica y social. Este economista señalaba cómo la digitalización o la transición verde, insertándolas de forma inteligente en nuestro aparato productivo, así como la potenciación de la salud pública y otros nuevos sectores que se pudiesen crear, serían básicas en ese cambio de modelo. No obstante, hay dos dudas irresueltas en su planteamiento. La primera: ¿por qué cuando se habla del cambio de modelo productivo siempre se hace hincapié en la creación de riqueza, pero no en su reparto? Si España ocupa un lugar en la especialización productiva internacional basada en el clima, el chiringuito y las condiciones laborales precarias –y aquí entonces la segunda duda–, ¿cómo se piensa revertir esa situación?
Horacio Torvisco. Alcobendas
Guardianes del conocimiento
He leído hace muy pocos días que se avecina una nueva ley de educación menos memorística. Sí, han leído bien, otra ley de educación. Quizá en los ministerios se hayan tomado al pie de la letra aquello del «panta rei» de Heráclito ('todo fluye', en griego clásico) y se encuentran en un eterno devenir burocrático, de reforma en reforma, y tiro porque me toca. Catón decía que «amargas son las raíces del estudio, mas los frutos son dulces». Si no paramos de cambiar de estrategia educativa, impedimos que las raíces del alumnado profundicen y, lo que es peor, a toda la comunidad educativa le quedará un amargo sabor de boca, porque no se permite que las instituciones y las personas fructifiquen. Creo que frecuentemente se olvida, por parte de toda la sociedad, que los maestros, profesoras, educadores o como quiera que se nos llame somos guardianes, portadores y transmisores del conocimiento, no burócratas que bailan al son de la música del Gobierno de turno. Si tanto profesores como alumnos no somos capaces de hallar en el aula un espacio de reflexión y solo vemos un espacio donde tachar tareas en una infinita lista, seremos una sociedad de seres –como describía Aristóteles en la Retórica sobre los jóvenes– «variables y fáciles de hartarse». ¿Acaso no lo seremos ya?
Francisco Suárez Castro. Madrid
Incomprensión
Amo la vida y quiero vivir, disfrutar de cada momento, trabajar, luchar, tener hijos, viajar. Pero de repente, hace unos años, me empecé a encontrar mal, con muchos dolores, siempre agotada, como si hubiera trabajado demasiadas horas. No entendía qué me pasaba. Quería hacer las cosas de siempre, trabajar, ir al gym, quedar con las amigas, estudiar algún idioma, compartir momentos y viajes con mi marido, pero era imposible. Llegó la depresión por lo que pasaba, la ansiedad y las noches sin dormir. Iba al médico, que me decía que el cansancio era por la edad, pero yo sabía que algo raro ocurría. Por fin un especialista en medicina interna me dijo que sufría el síndrome de fatiga crónica y fibromialgia, un mal que se da mayoritariamente en mujeres. Respiré aliviada: creía estar volviéndome loca; incluso pensé muchas veces en el suicidio. En el trabajo, las cosas iban cada vez peor: pese a haber reducido la jornada, debía coger la baja a menudo. Me rendí y acepté que no podría trabajar. Fue durísimo. Lo estaba perdiendo todo: las amistades, el trabajo... Después debí enfrentar un juicio para poder cobrar algo con lo que vivir; el juicio fue humillante y lo perdí. Lloré hasta quedarme sin lágrimas, pero seguí luchando para que se hiciera justicia: fui a otro juicio, más humillación, pero esta vez gané. Ahora, con una pequeña pensión, voy viviendo, y cada día lucho por aceptar lo que me pasa. Doy gracias a Manel, mi marido, por estar a mi lado en esta enfermedad tan dura y difícil. Dedicado a todas las mujeres que sufren, como yo, el síndrome de fatiga crónica y la fibromialgia, pero también sobre todo la incomprensión de la sociedad.
Lidia Ruiz Sánchez. Barcelona
Ya está bien
Señores políticos de todos los colores, estamos hartos. Dejen ya de pelear como en un patio de colegio con estériles palabras a golpe de teatral testosterona. Dejen de hablar solo de ustedes, que deberían representarnos a los ciudadanos. El país necesita urgentemente soluciones, que ustedes trabajen para mejorar nuestra vida, sanidad, educación, nuestro comercio, nuestros sueldos, nuestros puestos de trabajo, nuestra caduca y obsoleta Administración. Y eso se hace con trabajo gris, silencioso y gestión eficaz, no con gritos y reproches mutuos. A eso deben dedicarse para merecer el nada despreciable sueldo que se han autoconcedido. En vez de ello, consumen su tiempo, y nuestra desesperación, peleando sin que se les caiga la cara de vergüenza mientras la ciudadanía desfallece, enferma, pobre, inculta, parada y sin ver posibilidad de mejora en su futuro. Triste país este que tienen en sus manos, y que por desidia, incapacidad, falta de experiencia y exceso de ego están dejando morir. Sin esperanza de que recapaciten y se pongan a trabajar, desolada, los saludo.
M.a Carme Bufí. Mataró
¿Es solo ignorancia?
A finales de marzo el Ayuntamiento de Palma de Mallorca, gobernado por PSOE, Podemos y Més (partido nacionalista), decidió cambiar el nombre de doce calles basándose en un informe del Departamento de Memoria Histórica del Gobierno balear. El motivo: las connotaciones franquistas de los actuales nombres. Entre estas calles se encontraban las de los Almirantes Churruca y Gravina, que en el siglo XIX participaron en la batalla de Trafalgar. Igualmente la del Almirante Cervera, también del XIX, y participante en la guerra de Cuba. La calle Toledo tampoco se libró de estas mentes que, sin haber vivido el franquismo, ven connotaciones franquistas en todo lugar: entendieron que aunque el rótulo ponga 'Calle Toledo', en el fondo está dedicada al Alcázar de Toledo. El alcalde de Palma, José Hila, más que por la protesta ciudadana, que tan poco les importa, sí por el choteo que se ha organizado por incluir a estos personajes del siglo XIX como franquistas, ha decidido suspender, de momento, el cambio y se ha excusado diciendo que él hizo caso al informe del Gobierno balear. ¿Nadie del Ayuntamiento se dio cuenta del desfase de siglo? Desgraciadamente, esta es la gente que nos gobierna, y dudo de que lo suyo sea únicamente incultura, que también, pero cuando se juntan la incultura, la mala fe y el radicalismo, el cóctel puede ser peligroso.
Alfredo Benosa Majos. Sant Lluís (Illes Balears)