EL BLOC DEL CARTERO
Sufrientes
Puede que uno de los síntomas más alarmantes de cómo hemos permitido que la ciberhoguera de las vanidades en la que vivimos aturdidos nos desconecte de los principios más elementales de la humanidad sea la forma en que respondemos ante quienes sufren. Lo menciona la carta de la semana acerca de la manera cruel e implacable en que esas jaurías que pastan a placer en las redes antisociales se ensañaron con una actriz sufriente que ha terminado tristemente sus días poco después. Lo señala también la carta de otra lectora que compara entre la atención que los verdaderos profesionales dispensan a quien llega ante ellos en la angustia del sufrimiento y el desdén temerario con que la acrecientan quienes más deberían esforzarse por contenerla. Ojalá fueran menos virales y más compasivos.
LAS CARTAS DE LOS LECTORES
Una carta
Mucha gente me ha dicho, sobre todo mi madre, que me gusta guardar cosas. Tal vez tengan razón; porque, hoy, entre todas ellas he encontrado ... una carta donde varios gobiernos autonómicos de nuestro país felicitaban la Navidad a los militares que se encontraban realizando su trabajo en Irak. Está fechada en diciembre de 2003, ya ha llovido desde entonces; pero lo que más me llama la atención de esta carta son sus autores: «los gobiernos de Aragón, Cataluña, Navarra y La Rioja». ¿La Generalitat de Catalunya felicitando la Navidad a los militares españoles? He de reconocer que aquello iluminó, y cambió, mi joven y anquilosada mentalidad de entonces. Toda la carta está escrita en un inmaculado español; excepto el final. Pero ¿ha cambiado algo desde entonces? Porque, en la actualidad, donde ahora unos pocos defienden un tipo enseñanza en una sola lengua, yo defiendo la diversidad y riqueza cultural de un país llamado España, que me permite finalizar esta carta como finaliza aquella otra. Porque el mensaje es el mismo, aunque el idioma es diferente, y eso es lo que nos hace mejores. ¡Feliz Navidad! Bon Nadal!
José Miguel Esparrell Rodríguez. Torre Pacheco (Murcia)
Responder ante el sufrimiento
No sé si les pasará a ustedes, pero siento que nuestro bienestar psicológico está siendo pisoteado y veo cada vez más cómo las noticias y los mensajes de los políticos están dirigidos a infundir el miedo en nuestros ya maltrechos corazones. Lo mismo piensan que una masa atemorizada es más fácil de controlar, igual solo piensan en permanecer en el poder con privilegios de semidioses y con chaletones con columnas barrocas en el porche. En estos pensamientos andaba yo sumida últimamente cuando un terrible hecho me hizo ver una luz de esperanza. El pasado martes mi marido tuvo que ser ingresado de urgencia en el hospital y ante tan descorazonador evento pude ver a un equipo entero de médicos, enfermeros, auxiliares, celadores, personal de administración… un equipo de mujeres y hombres avanzando en una misma dirección y organizándose de tal manera para que el sufrimiento fuera el mínimo dadas las circunstancias. Qué disposición, qué profesionalidad, qué sonrisas, qué palabras de consuelo, qué bromas cada vez que entraban en la habitación. Ya le han dado el alta a mi marido, y he contemplado estupefacta cómo estas personas sí que han comprendido cómo hay que responder de la forma más humana ante el sufrimiento. A ver si aprenden los políticos un poco de nuestro personal sanitario, a ellos sí que les pagaba yo con mi dinero un chalé con columnas barrocas, renacentistas o churriguerescas. Mil millones de gracias a todo el personal del hospital del PTS de Granada, por tender puentes entre nuestros corazones cuando más vulnerables nos sentimos. Sois simplemente magníficos.
Francisca Chica Sánchez. Granada
Me pregunto
Y me pregunto: si nuestros mayores lucharon para que los adultos de hoy tengamos una vida mejor, ¿no es esperable que se la podamos ofrecer también a nuestros hijos? ¿No son los valores recibidos los que tenemos que saber inculcar en ellos? ¿Es necesario para ello salir a manifestarse como sociedad? Yo, a la vista de estos dos años complicados e históricos, creo que tenemos que trabajar para bajar la tensión que soportamos cada uno, intentar hablar más, mediar, negociar, ponernos en el lugar del otro, comprobar que no solo nuestra opinión es la válida, que no todo se soluciona por vías judiciales, que el egoísmo no nos ayuda y que hay que mostrarse críticos con afán de mejora, pero mirémonos a nosotros mismos, que no siempre los demás tienen la culpa. Así seremos capaces de crecer, de recuperar aquellos valores que aprendimos y darnos cuenta de que somos quienes tenemos que vivir estas crisis, donde cada momento difícil es una oportunidad. Y como oportunidad que es, pidamos, e incluso exijamos, a nuestros gobernantes que estén a la altura de las circunstancias; que gestionen los recursos que hemos puesto en sus manos, no para salvar el Sistema, sino para ayudar a sacar adelante a las personas.
Javier Goya Santesteban. Villava (Navarra)
Con Verónica
Comparto con Verónica Forqué padecer una depresión hace muchos años. Me identifico totalmente con ella cuando dice: «No puedo más». Dice ella, y digo yo: tener depresión es como estar 'desenchufada', 'sin pilas'. Me asusta escuchar algunas cosas que se han puesto sobre ella en redes sociales. No pensaba que pudiera hablarse así ni de ella ni de nadie, pero, al parecer, debe de ser 'normal'. Los enfermos mentales necesitamos que la sociedad entienda la depresión, la ansiedad, los TOC, etcétera, como entiende el resto de las enfermedades. Y si no las entiende que al menos respete a las personas enfermas. Nos encontramos sin ilusión, sin motivación, en situación de desesperanza. No hacemos mal a nadie, salvo a nosotros mismos. Pretendemos que, de la misma forma que a una persona con la pierna rota no se le dice «vamos a correr», no nos digan que salgamos, nos animemos y vayamos de picos pardos. Al menos yo, ya ni quiero que me entiendan. Con respeto, me bastaría. Descanse en paz Verónica Forqué, magnífica actriz.
Ana Etxeberria. Pamplona (Navarra)
Por qué la he premiado… Porque les vendrá bien leerla a quienes desconociendo el dolor solo saben agravarlo.