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El bloc del cartero

Tigre

Lorenzo Silva

Recurre a una metÔfora felina nuestra carta de la semana para señalar uno de los fenómenos mÔs relevantes y alarmantes que vive nuestra sociedad: el acceso a la condición de depredador sexual de varones cada vez mÔs jóvenes, en la frontera de la niñez cuando no instalados aún en ella. Por desgracia, se suman a los muchos depredadores adultos que continúan circulando por ahí, para conformar un tigre que nada tiene de la elegancia y la nobleza del animal designado por ese nombre y sí toda su tenebrosa ferocidad. Podemos quedarnos en el estupor, en el escÔndalo o en el espanto; también podemos tomar el torpe atajo de exigir que se encierre a los niños para hacerles pagar por lo que deberíamos evitar que hagan. La clave tal vez esté, una vez mÔs, en la carta que nos remite una docente. LeÔse. Medítese.

titulosecundario titular="Las cartas de los lectores

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Jubilaciones nada jubilosas

Hace poco despedimos a una compañera que se jubilaba. En los muchos años que llevo de profesión, ... no deja de sorprenderme la ligereza y frivolidad con la que hacemos este tipo de actos. Ya sabemos que nadie es imprescindible, que solo somos recambios de un enorme engranaje. Y no es que sea uno demasiado amigo de la pompa y la circunstancia, pero se agradecerían despedidas mÔs emotivas tras años y años de dedicación, mÔs acordes con la pérdida irreparable que, en no pocas ocasiones, suponen estas jubilaciones. La jubilación de esta profesora, como la de muchos otros compañeros a los que me ha tocado despedir, era uno de esos casos. Una profesora abnegada, admirable, un pozo de sabiduría y buen hacer, adorada tanto por sus compañeros como por los miles de alumnos que han tenido la inmensa fortuna de disfrutar de su magisterio. En medio del jolgorio, esta compañera se me acercó con la mirada perdida y me dijo sotto voce: «Lo que mÔs me duele es dejar la educación peor que como me la encontré». No parecía haber júbilo suficiente para consolar esa mirada cansada, contrariada, derrotada. Ni rastro de la mirada ilusionada de siempre, de no hace tanto. Nada me duele mÔs que esa mirada. Una mirada que es espejo fiel de las miradas de los docentes que seguimos luchando contra la hostilidad y la incomprensión de alumnos, familias y administración, al borde de la desesperación, como soldados perdidos en el territorio enemigo que se ha convertido lo que un día fue el mayor y mÔs bello de los anhelos: la educación.

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