EL BLOC DEL CARTERO
Traducirnos
Continuando con nuestra inveterada afición a hacernos daño, hemos propiciado un encontronazo a propósito de nuestra diversidad lingüística que suscita opiniones enfrentadas entre los lectores. ... Los hay que juzgan que el asunto se ha sacado de quicio, señalando segregaciones donde no las hay, con el oscuro afán de socavar la lengua catalana. Hay, por el contrario, quien denuncia que la enseñanza del catalán se usa para discriminar y perseguir al castellanoparlante, por lo que llega a proponer que se deje de traducir a quien, conociéndolo, no use el idioma que todos entendemos. Sin entrar en las razones y sinrazones contrapuestas, es desolador que se llegue a imponer al otro que traduzca, dando así pie a que se niegue; que se convierta la lengua, en fin, en un vehículo para la incomprensión.
Cartas de los lectores
¿Por qué traducirlos? La finalidad esencial de un idioma es la comunicación; por eso, las personas de diferentes lenguas, pero con una común, utilizan esta para entenderse. Además del castellano, «lengua española oficial del Estado» que «todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla», en España contamos con comunidades que gozan de lengua propia: un patrimonio cultural «objeto de especial respeto y protección» (artículo 3 de la Constitución Española). El problema surge cuando estas se enarbolan como instrumento de discriminación y hasta persecución respecto a quienes no las usan ni tienen la obligación; una torpe actitud de enfrentamiento cada vez más característica de los nacionalistas de cualquier signo. Pero si hay algo evidente es que quienes eluden libremente el uso del español para comunicarse en abierto con los demás españoles no solo incurren en una grosera falta de educación, sino que no buscan que los entendamos. Mas entonces, ¿por qué traducirlos? Lo más coherente es ignorar a quienes pudiendo usar el castellano no lo hacen. Y dejar de perder tiempo, dinero e interés en lo que digan quienes, al actuar así, perjudican también seriamente a sus lenguas, haciéndolas injusta e innecesariamente antipáticas para el resto de los españoles. Miguel Ángel Loma Pérez. Sevilla
Banalización del nazismo y del 'apartheid'
Escucho por TV3 estas declaraciones de la presidenta del PP de Navarra y vicesecretaria del partido: «¿Qué nos queda por ver? ¿A los que pidan que se pueda estudiar en castellano los vamos a ver con un brazalete marcado para que puedan ser señalados por la calle como hacían los nazis con los judíos?». Por su parte, los dirigentes del PP, Ciudadanos y Vox ya hablan incluso de 'apartheid lingüístico' a propósito del caso del niño de la escuela de Canet de Mar. Y, en concreto, el líder del PP denuncia que el del niño de Canet es un caso terrible de «segregación lingüística» y que, como padre, no entiende cómo el Govern «está señalando y persiguiendo a un niño de cinco años porque su familia quiere que se le enseñe en español». Han perdido el más mínimo sentido de la decencia, saben bien que lo que dicen es mentira. O puede que no, porque confunden este presunto apartheid con la segregación y marginación que ellos practican hacia el catalán manteniéndolo apartado y aislado de las instituciones españolas (como el Congreso, el Senado, la Justicia) y de la Unión Europea. Probablemente, les puede pesar más el odio y la fobia al catalán que el uso racional y lúcido de la inteligencia. ¿Quién es el que incita y fomenta el odio a quién?
Josep Vilà Batlle. Olesa de Montserrat (Barcelona)
Mejorando
«¡La ley, en vez de protegerla, obligaba a la hija de la víctima a vivir bajo el mismo techo, maritalmente con el asesino!». Esta oración aparece en El indulto, de Emilia Pardo Bazán, que no ha pasado a la historia solo por sus obras, sino por su manera tan avanzada de pensar y actuar. Aunque mucha gente de la época la criticaba, ella defendió sus ideales, sobre todo los relacionados con la figura de la mujer. La verdad es que era una mujer fuera de su tiempo, con unos principios vigentes en muchas sociedades del siglo XXI. Un claro ejemplo es el feminismo, ya presente en sus obras y en su vida. Ella defendía la figura de una mujer independiente, con cultura y dueña de sus acciones. Este tipo de mujer que aparece en muchas de sus obras, llevando a cabo acciones 'demasiado modernas' para la época. Aunque Emilia viviera hace cien años, la sociedad no ha mejorado desde entonces todo lo que debería, siendo necesario que días como el 25 de noviembre (Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres) existan para recordarnos que la mujer no es una simple decoración, sino la autora de su propia vida, de la que nada ni nadie puede tomar las riendas, y mucho menos con métodos tan mediocres como la agresión o el chantaje. Yo, como española, estoy orgullosa de todas las mejoras que hemos logrado en este país, pero soy consciente de que nos queda un largo camino. Si nos fijamos en los errores cometidos en el pasado, podemos hacer que días como este queden obsoletos y formen parte de la historia.
Eva Aguilera Álvarez. Correo electrónico
Personas
Saludo a todas las personas de bien. 'Persona' no excluye a nadie, en todo caso se autoexcluirá aquel que no se sienta persona, o no se sienta bondadoso. Podría haber comenzado este escrito saludando a todos los hombres, mujeres, transexuales, homosexuales, asexuales, indecisos, bisexuales, altos, altas, altes, blancos, blancas, blanques, negros, negras, negres… etcétera, de bien, pero 'persona' es esa palabra que define y acoge a todos y cada uno de los individuos de la especie humana. Además, 'persona' añade la ventaja de que al terminar en 'a' no despierta la estulticia en esos que asegurarían su machismo si finalizase en 'o' ('persono'). Así pues, para concluir con el reiterativo, redundante, machacón e insufrible lenguaje inclusivo, propongo el uso de la palabra más inclusiva de la lengua española: 'persona'. Aporta otra ventaja incluyente, porque excede la ubicación geográfica. A qué decir, verbigracia, «apreciados egabrenses todos…», pudiendo decir «apreciadas personas todas...». Obsérvese que, en esta última frase, todas las palabras acaban en 'a' (más la 's' del plural, claro), lo que asegura su total aceptación.
José María Lorente Hernandis. Valencia
Así somos
Hace días que la busco y la rebusco. En los recovecos, en los sitios más inverosímiles. Sin suerte. Durante un tiempo no muy lejano, llegó a existir debido a una catástrofe sin precedentes. Parecía que iba a durar, que reforzaría los lazos y podríamos aferrarnos a ella. Pero cuando la situación se normalizó medianamente, poco a poco se diluyó, poco a poco dejó de existir otra vez. La vida volvió a ser una jungla donde el más listo, el más capaz, el más fuerte físicamente y mentalmente sobrevive, desplazando y marginando al más débil. De eso se trata. En el mundo en que vivimos, mostrar las preocupaciones y problemas provoca rechazo e indiferencia. Nos hemos convertido en seres insensibles y fríos. No tenemos apego ni afecto por nada ni por nadie. Nuestra vida parece ser una sucesión de alegres y divertidas imágenes, de buenos momentos que exhibimos por doquier. Al mismo tiempo, escondemos con descaro y esmero las épocas malas para no revelar nuestra fragilidad. El dolor y el sufrimiento de los demás es ignorado y desatendido en muchas ocasiones. Solo nos interesa lo que nos da buenas vibraciones, placer y energía positiva. Abogamos por el afán del individualismo en todas sus dimensiones. No damos cabida a sentimientos y actitudes como la comprensión, la generosidad, la solidaridad, el amparo, la fraternidad. Ahora más que nunca somos seres individualistas a los que solo importan el propio bienestar y la felicidad. Nos quitamos la mala conciencia con la excusa de la falta de tiempo, la vorágine del día a día. No podemos parar. Pero, así y todo, no hay que perder la ilusión de encontrarla. En algún lugar está invernando la empatía.
Marta Seguí Pons. Sant Lluís (Baleares)
Escribir es utopía
Años y años tratando de expresar ideas, sentimientos, para al final no llegar a nada. No quiero que me entiendas, quiero que me aceptes como soy. Encuentra siempre las cosas que te unen a cualquier ser humano en lugar de centrarte en las diferencias. Qué gran verdad, y qué poco lo ponemos en práctica; qué bien nos iría a todos. Pero seguirá siendo una utopía y yo siempre me he sentido cerca de lo utópico. Tal como está el panorama en este mundo que nos ha tocado vivir, así debiéramos estar siempre. Un ojo abierto y el otro soñando. En ocasiones, es necesario y casi imprescindible tomar las riendas y ser uno mismo. Al escribir la historia de tu vida, no dejes que nadie más sostenga el lápiz. En una sociedad convulsa y confusa, donde se piden identidades, se demandan independencias y se debiera pedir por encima de todo tolerancia. Los libros muerden: muerden la ignorancia, muerden la mediocridad, muerden el cerebro y lo despiertan. Muerden la abulia, hay que dejar que los libros nos muerdan. No duele. De verdad, en alguna ocasión pide que te muerdan, aunque solo sea una vez. Ya he perdido la cuenta de los años que cada semana leo el XLSemanal para estar comunicado con todos, sí con todos, sean de la ideología que sean y del lugar donde sus madres los trajeron a este mundo utópico.
Antonio Luis Gallardo Medina. Granada
Efectos colaterales
Miro un tanto sorprendido las largas colas para vacunarse contra la COVID-19. Escucho, más indignado que sorprendido, las explicaciones de muchos de los entrevistados que aseguran su escaso convencimiento, pero su «necesidad» de recibir la vacuna para obtener el pasaporte COVID. Recuerdo las varias llamadas telefónicas para retrasar las pruebas diagnósticas ante la sintomatología que yo presentaba, pero que era imposible realizar por la saturación derivada de la pandemia. Viene a mi mente el rostro compungido del médico que me informó de la existencia de metástasis tras la intervención oncológica. No puedo afirmar con seguridad que mi caso, como tantos otros, sea derivado de los llamados, eufemísticamente, 'efectos colaterales de la pandemia' o bien que el azar del cáncer me hubiera escogido demasiado pronto para lo que aún me quedaba por hacer en la vida. Sin embargo, desde la etérea atalaya en la que me encuentro desde que cerré los ojos para siempre, vencido inexorablemente por el retraso en mi tratamiento, no puedo evitar la rabia por esta parte de la condición humana, egoísta, materialista, insolidaria, irresponsable, que afirma con una sonrisa indecente, evidente sin mascarilla, que prefiere contagiarse a no salir de fiesta, a no 'disfrutar de la vida' porque no puede aguantar más. (Nota: estas letras son un recuerdo para los muchos pacientes que vemos a diario, a los que la pandemia ha despojado de una oportunidad de curación y que tantos negacionistas se empeñan en no ver).
Juan Vicente Llau Pitarch. Valencia
Por qué la he premiado… Porque es justo que quien decida seguir atendiendo a su sola conveniencia cuente al hacerlo con esta mirada desde el corazón de lo que ignora.