EL BLOC DEL CARTERO
Vaciando
Por más que lo deploremos, lo debatamos o incluso lo convirtamos en un género literario y periodístico, el vaciamiento de una gran parte del territorio continúa y se hace presente en el día a día de multitud de pueblos y comarcas. Desde ellos nos llegan esta semana un par de gritos de socorro, que no solo apelan a la defensa de los derechos y el futuro de quienes los habitan, sino también de las condiciones de vida y el porvenir de quienes se apiñan en los lugares prósperos. La concentración desmedida de gentes y recursos en áreas geográficas reducidas genera tensiones de todo tipo. Quienes allí tratan de abrirse paso, aun alcanzando más renta y teniendo más y mejores servicios, viven bajo una presión a veces insoportable. Reequilibrar el territorio no es solo un acto de justicia. Es atender al bienestar de todos.
Cartas de los lectores
• La nada
Propongo un juego: coja un mapa de España y marque las ciudades que disfrutarán de uno o varios equipos en la Primera ... División de fútbol. ¿Lo tiene ya? Lo que ve no es más que el dibujo de nuestra realidad económica, social y demográfica. Por un lado, Madrid, el monstruo que lo fagocita todo a su alrededor; por el otro, la periferia rica y próspera. Y en el resto, de Asturias a La Mancha, de Aragón a Extremadura, la nada más absoluta. La España vaciada, también en fútbol.
Raúl Vegas Sanz. Pollos (Valladolid)
• Despoblación
Escribo desde un pueblo. Los políticos hablan mucho de la despoblación y prometen más, pero no hacen nada. Tienes que vivir en un pueblo, el que naciste, para sentir que se está deshaciendo y que no puedes hacer nada, solo escuchar a los políticos decir que pronto los pueblos volverán a llenarse de luz y color. Ver que ya no hay gente en las calles, ni negocios, ni bares, ni familias que devuelvan el color al pueblo… es duro. Por eso invito a los políticos a que vayan a cualquier pueblo y, acto seguido, reaccionen. No es una crítica exclusiva a ellos, sino a la poca ayuda y menor visibilidad clara y real de los pueblos. Hay que enseñar más fotos y experiencias.
Ezequiel García Díez. Villamanín (León)
• Al César lo que es del César
Nerón no tocó la lira mientras su ciudad natal, que lo había acogido como César, ardía. Pero es cierto que se benefició del incendio para construir un magnífico palacio que evidenciase su poderío y grandeza, la Domus Aurea. Ahora bien, ¿qué pretendían los pirómanos que el 5 de septiembre incendiaron uno de los parajes más bellos de toda Galicia, la Ribeira Sacra? ¿Pretendían crear también un lugar de residencia a la altura de su sed piromántica? Si es así, su labor se ha completado en su totalidad: la cifra de terreno calcinado asciende a más de 1400 hectáreas. Nerón utilizó 50 para su 'divina' empresa. Estos auténticos bárbaros tienen terreno de sobra para edificar una obra que supere a la del romano. Claro que si este es su objetivo será harto difícil: estarán en constante búsqueda por las autoridades, y trabajar desde la cárcel en tan dificultosa pretensión será algo más que imposible.
Esteban Balaguer Juez. Zaragoza
«Bueno, ¿y mañana… qué comemos?»
Supongo que eso también se preguntaría en algún momento un viejo amigo que hoy lucha por su vida en el hospital, antes del infarto fulminante que sufrió hace días. Las preguntas intrascendentes antes de un fatal desenlace. Lo cotidiano. El día a día. Lo inesperado. Lo absurdo. Y es que, aunque nos creamos inmortales, el hilo que nos ata a la vida es muy frágil. Sin saberlo, sin esperarlo, de repente, puede llegar el día en que todo acabe. Nuestra arrogancia. Nuestro egoísmo y ambición. Nuestra importancia y estupidez… Nuestra insignificancia. Mientras, el sol seguirá ocultándose en el horizonte cada tarde; las flores, adornando las copas de los árboles cada primavera; y las olas, rompiendo en la playa, una y otra vez. Sin nosotros. Porque un día, de repente, puede ser que ya no estemos. El vacío. El vértigo que produce. Y ese día, ante tu cuerpo inerte, se pronunciarán todo tipo de frases hechas: «¿Cómo ha podido pasar?», «aún era muy joven», «era muy deportista», «era muy buena persona», «era…». Y a los pocos días, alguien cercano, con las lágrimas ya secas, preguntará: «Bueno, ¿y mañana… qué comemos?».
Roberto Ibáñez Ferrer. Albacete
Por qué la he premiado… Porque no sobra, y menos en estos días, apelar a su fugacidad para aprender a valorarlos.