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El bloc del cartero

Valentías

Lorenzo Silva

En un mundo dominado por el interés y la conveniencia, frecuentes engendradores de aprensiones de toda índole, llama la atención que alguien demuestre valentía, y lo haga además acerca de la propia posibilidad de ser valiente en según qué casos y circunstancias, frente a las cómodas inercias mentales que otros echaron a rodar. Pide la paciente de cáncer autora de una de nuestras cartas que no se la tenga por valiente, ni se le adjudique a todas horas ese título, por simplemente soportar lo que se le ofrece para sobrevivir. Que se la acoja en sus desfallecimientos, que se sustituyan los vacuos elogios de su coraje por el afecto consistente y sencillo que de veras nos sostiene. Es valiente reconocer el propio miedo, cuando cuesta menos dejarse mecer por el halago; despertar conciencias, en lugar de adormecerlas.

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LAS CARTAS DE LOS LECTORES

No me llames valiente

Tengo cáncer y, sí, siento miedo, angustia y frustración. No me llames valiente, porque no lo soy. Simplemente lidio, como puedo, con el tratamiento y ... las cirugías, porque este es el único modo de curarme y no tengo otra opción. Trato de no quejarme demasiado y de sonreír cuando puedo, igual que lo harías tú. Porque no hay un plan B. No me digas que soy un ejemplo. Aunque sé que tratas de halagarme, en estos momentos eso añade una piedra más a mi cargada mochila, ya que me siento obligada a actuar de modo ejemplar y no derrumbarme. Simplemente acompáñame en este duro camino. Sé que a veces no sabes qué decir, que te impresiona verme así y que piensas que molestas si me preguntas cómo estoy. No desaparezcas, por favor, ni olvides que muchas veces no hay que decir nada y que un gesto de cariño no molesta jamás. Simplemente recuérdame que estás ahí, ofréceme tu ayuda o envíame un beso. Hazme reír cuando puedas y ofréceme tu hombro cuando necesite llorar. No dejes de recordarme que me quieres y que, a pesar de todas las cicatrices que esta enfermedad y sus tratamientos dejarán en mí, seguiré siendo la misma o incluso una mejor versión. No contrarrestes mis emociones ni le quites importancia a mi angustia cuando esta aceche. Simplemente respeta mis silencios y, aunque no me puedas quitar la pena ni el miedo, hazme sentir que estás a mi lado para ayudarme a gestionarlo. No me llames valiente, porque no lo soy. Solo recuérdame, cuando veas que me caigo y que se rompe la esperanza, cuánto amo la vida, que quiero vivir y que el único modo de conseguirlo es pasando por esto.

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