Saltar al contenido
Volver

PATENTE DE CORSO

El capitán de Köpenick

Arturo Pérez-Reverte

Arturo Pérez-Reverte

A veces, sólo a veces, la suerte guiña un ojo a los desgraciados y éstos tumban el patito de la feria, en ocasiones para toda ... la vida y otras para sólo un rato. Sin embargo, acabe como acabe el episodio, el momento de triunfo y de gloria ya no lo borra nadie. Pensaba en eso hace unos días, cuando al hilo de unas lecturas di otra vez, al cabo de medio siglo, con el nombre de Wilhelm Voigt: un pobre infeliz que acabó pasando a la historia como el capitán de Köpenick y cuya estatua se encuentra ahora, con todos los honores, en la entrada del ayuntamiento de esa ciudad. Conocí el asunto y me deslumbró siendo casi un niño, a principios de los años 60, cuando vi en el cine una película sobre su aventura, protagonizada por Heinz Rühmann. No la olvidé nunca, y ahora me la tropiezo de nuevo. Una historia, ésa, que contiene interesantes lecciones sobre la desesperación, la audacia, el militarismo irracional y también la gregaria estupidez que a menudo demuestra el ser humano.

Contenido exclusivo para suscriptores
La Voz
Suscríbete
para seguir leyendo
Lee sin límites toda la información, recibe newsletters exclusivas, accede a descuentos en las mejores marcas y muchas más ventajas

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error

[]

El capitán de Köpenick

[]

El capitán de Köpenick