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Mi hermosa lavandería

Cuervos en la nieve

Isabel Coixet

Isabel Coixet

Nieva y mi maleta deja una huella atropellada en la acera mojada y sucia, sobre la nieve que cubre las calles adyacentes a la estación. Me doy cuenta de que me apresuro sin razón. Tengo tiempo de sobra para coger el tren y quizás incluso me dé tiempo de tomarme un café. Vacilo ante una cafetería con los cristales llenos de vaho, acabo por entrar y, en el intervalo de abrir y cerrar la puerta, tras de mí, entra también un cuervo en el establecimiento.

La mujer ante la máquina de café suelta un improperio, malhumorada, y me dice que vuelva a abrir la puerta, que no quiere que esos ... pájaros de mal agüero le coman los croissants. Sin mucha convicción, vuelvo a abrir la puerta y le digo al pájaro que salga y, ante mi sorpresa, el cuervo da un saltito, me mira con ojillos vivos en los que juraría percibir un poso de ironía y sale parsimoniosamente por la puerta. La mujer me da las gracias y me dice que cada mañana ese mismo cuervo aparece un par de veces y pilla todos los trozos de croissant que puede, y hasta algún huevo duro, y se va discretamente.

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