Mi hermosa lavandería
El suicidio y el canto
Los landays son poemas cortos, casi exabruptos, que las mujeres pastún de los valles de Afganistán recitan mientras trabajan. La vida cotidiana, los vaivenes amorosos, las desdichas, las injusticias, todo tiene cabida en estos poderosos haikus que, como toda actividad artística femenina, también han sido prohibidos por los talibanes. La situación en el país es hoy más insostenible que nunca.
Se disparan en Afganistán el consumo de drogas y ansiolíticos entre las mujeres y los suicidios de niñas de 11 años, casadas con hombres del triple de edad. Se prenden fuego
Un matrimonio vende a su hija de 10 años, por el equivalente a 500 euros, a un hombre de 40, para poder saldar sus deudas. ... Una chica de 18 años se ve forzada a casarse con un adicto a la heroína al que no ha visto nunca para que su familia no se muera de hambre. Las mujeres profesionales, abogadas, médicas, jueces, peluqueras, tras vidas dedicadas a sus vocaciones, no pueden trabajar, bailar, reunirse, ir al médico, respirar, vivir. Y las consecuencias están siendo letales. El consumo de drogas y ansiolíticos se ha disparado en Afganistán entre las mujeres. Y los suicidios de niñas tan pequeñas como de 11 años, a menudo casadas con hombres con el triple de edad, empiezan a ser una tragedia cotidiana. La desesperación las lleva a rociarse con gasolina y prenderse fuego.
Los talibanes no han publicado datos sobre esta ola de suicidios y han prohibido a los trabajadores de la salud compartir estadísticas actualizadas en varias provincias, dicen los médicos. Pero estos acordaron compartir en privado las cifras del año comprendido entre agosto de 2021 y agosto de 2022 para resaltar una crisis de salud pública urgente. Los datos (que no han cesado de aumentar en 2023) sugieren que Afganistán se ha convertido en uno de los pocos países del mundo donde mueren más mujeres que hombres por suicidio. Las cifras son parciales, pero dan una visión general de la amplia gama demográfica y geográfica de Afganistán. Cubren provincias dominadas de diversas formas por todos los principales grupos étnicos de Afganistán, provincias que van desde los desiertos del sur hasta las montañas del norte, y áreas en gran medida rurales y otras alrededor de las principales ciudades.
Funcionarios de la ONU y activistas de derechos humanos han dado la alarma sobre este fuerte aumento en el número de suicidios y lo han vinculado explícitamente a las restricciones talibanes en todos los aspectos de la existencia de las mujeres, desde la prohibición de la educación por encima del nivel elemental y la prohibición de la mayor parte del trabajo, hasta la prohibición de entrar a parques, baños públicos y otros espacios públicos sin ir acompañadas de un varón. «Afganistán se encuentra en medio de una crisis sin precedentes de salud mental, precipitada por una crisis de derechos de las mujeres», dijo Alison Davidian, representante nacional de ONU Mujeres. «Estamos siendo testigos de un momento en el que un número creciente de mujeres y niñas ven la vida como una tortura y morir como una liberación». Uno de los landays contenido en el libro El suicidio y el canto, de Sayd Bahodín Majruh (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), refleja en tres líneas el Afganistán de hoy: «Yo llamo, tú eres piedra. Un día, cuando me busques, descubrirás que me he marchado».