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Mi hermosa lavandería

París, sombras y luces

Isabel Coixet

Isabel Coixet

Cada vez que paso delante de un garaje antiguo cuyas paredes lucen anuncios despintados de los neumáticos Michelin y listas de precios amarillentas, pienso en los antihéroes titubeantes de Patrick Modiano y en las aceras con sombra en las que se refugian. Nada evoca más la literatura del escritor francés que esas oscuras cavernas que huelen a gasolina y aceite de frenos, iluminadas por fluctuantes fluorescentes, que son los garajes donde mecánicos arreglan coches mientras suena un teléfono lejano que nunca contestan.

Debajo de un París gentrificado –lleno de turistas boquiabiertos que buscan la foto perfecta para enviar a casa; de grupos de jóvenes influencers posando con ... croissants gigantes y tiramisú de matcha; de basura, de espectáculos de luces kitsch, de tiendas de campaña habitadas por homeless, de policías con metralletas y ratas diurnas– sigue latiendo una ciudad sombría donde todavía hay teléfonos fijos, refrescos de menta y actores de películas cuyo negativo ya no existe.

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