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Animales de compañía

Caridad y capitalismo

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Leo en estos días un deslumbrante ensayo del teólogo metodista Daniel M. Bell, titulado La economía del deseo (Editorial Nuevo Inicio), donde se nos explica la radical incompatibilidad entre el capitalismo y el cristianismo. Entre las muchas facetas con que Bell muestra dicha incompatibilidad, resulta muy interesante la contraposición que establece entre la caridad cristiana y los dos sucedáneos permitidos por el capitalismo, la filantropía privada y la asistencia social promovida desde los Estados.

La filantropía privada no plantea crítica alguna al capitalismo, pues opera «fuera del mercado», dedicándose más bien a limpiar sus trapos sucios y a adormecer ... la adopción de soluciones morales fundamentales. Y lo hace, además, creando la falsa impresión de que los problemas están siendo afrontados. La filantropía se convierte así en piedra angular de la organización capitalista, ‘blanqueando’ el afán de lucro del donante. No en vano los mayores plutócratas –desde George Soros a Jeff Bezos, pasando por Bill Gates– se enorgullecen de ser los más activos filántropos; pues saben que nadie les planteará preguntas incómodas acerca de la justicia de sus donaciones, ni tampoco sobre las intenciones por las que ‘invierten’ dinero en los necesitados. Además, como a nadie se le escapa, el filántropo se implica en tales prácticas de forma hipócrita, es decir, no por un compromiso genuino con el bien común, sino por propiciar las condiciones que favorecen su negocio, o simplemente por mejorar su imagen pública (lo que redunda en su beneficio económico).

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