Animales de compañía
Combatir la pornografía
El Gobierno ha anunciado que se dispone a activar, mediante ley, un 'proyecto piloto' de verificación de edad en internet, para proteger a los menores del consumo de pornografía, que exigiría identificación mediante certificado digital. Así que, si este proyecto de verificación de edad queda restringido al porno, se sabrá que cualquier persona que se registre es un 'consumidor' de pornografía; y si se quisiera proteger el 'derecho a la privacidad' de los 'consumidores' de pornografía, habría que obligar a registrarse a todo quisque, algo en verdad intolerable. ¿Y quién garantiza la seguridad de esos datos? ¿El mismo Gobierno que ha tenido que vender criminalmente a los saharauis para evitar que Marruecos mostrara al mundo sus vergüenzas?
¿Basta alcanzar la edad adulta para que la pornografía deje de resultar adictiva y de generar graves distorsiones?
Por lo demás, cuando se imponga este control de verificación de edad, habrá muchos menores avispados que navegarán a través de Tor o usarán alguna ... VPN que les permita acceder al porno. Y, por supuesto, los menores podrán 'consumir' pornografía a través de dispositivos de sus padres, aprovechando su ausencia o despiste; e incluso habrá desaprensivos que vendan a los menores su certificado digital, o artilugios que estén registrados a su nombre. Así que ese 'proyecto piloto' se trata de un completo paripé propio de gentes a quienes sólo interesa el postureo. Se comprueba fácilmente leyendo el informe filtrado para justificar la ley, donde se afirma que el «consumo» de pornografía en menores tiene un «grave riesgo de adicción» y genera en ellos una grave «distorsión de la percepción de la sexualidad» que puede empujarlos a «comportamientos sexuales inapropiados» [sic], además de que «normaliza la violencia contra las mujeres». ¿De veras todas estas calamidades sólo las genera el 'consumo' de pornografía en menores? ¿Basta alcanzar la edad adulta para que la pornografía deje de resultar adictiva, para que deje de generar graves distorsiones, para que deje de inducir a comportamientos sexuales aberrantes? Las consultas de psicólogos y psiquiatras están llenas de adultos que han destrozado su vida y la vida de las personas que les rodean por el 'consumo' de pornografía, que han desgraciado sus matrimonios y familias, así como su vida afectiva, por el 'consumo' de pornografía. Por la sencilla razón de que la pornografía no se 'consume'; la pornografía siempre consume a sus víctimas.
La pornografía tiene los mismos efectos que algunas de las drogas más peligrosas; es tan adictiva como ellas y tiene efectos estragadores sobre nuestros cerebros y, sobre todo, sobre nuestras almas. Una tercera parte de las páginas de internet que cada día se visitan contiene pornografía; lo que nos indica que aproximadamente una tercera parte de la población conectada a interné (entre la que habrá muchos adultos) está masturbándose, o siquiera incubando fantasías sexuales morbosas que poco a poco van minando su afectividad, que poco a poco incapacitan para una sexualidad sana y para mantener relaciones afectivas fecundas y duraderas. Y eso por no hablar de Tinder y demás 'redes sociales para adultos' consagradas a celebrar la promiscuidad sexual, cuyos efectos son aproximadamente los mismos.
Pero sobre esta realidad oprobiosa nuestra época corrompida calla; y, cuando no calla, trata de urdir penosos subterfugios, como esta persecución 'sectorial' del 'consumo' de pornografía por menores mediante instrumentos de dudosas legalidad y eficacia. Esto ocurre porque nuestra época es incapaz de hacer un juicio ético sobre las cosas (que es lo que distinguía, según Aristóteles, al hombre del resto de los animales); y este trágico indiferentismo moral que está convirtiendo nuestras sociedades en un enjambre de putrescencia y abyección. Decía Chesterton que cuando la fuerza de la sexualidad es tratada como si se tratara de una función fisiológica básica, como el comer o el dormir, acaba convirtiéndose en una fuerza arrasadora que nos destruye; y que, de paso, destruye a quienes nos rodean. Porque la sexualidad humana (a diferencia de la sexualidad animal, puramente instintiva) es imaginativa; y, cuanto más se alimente con novedades excitantes, más se pervierte y desembrida, hasta alterar nuestra conducta, hasta aniquilar nuestros afectos, hasta adulterar nuestras pasiones, hasta infectar nuestros sueños con las fantasías más purulentas y tenebrosas, hasta convertirnos en monstruos.
Si de veras se desean combatir los estragos causados por la pornografía, habría que empezar por aceptar que tales estragos son universales; y que, por lo tanto, su combate debe entablarse prohibiendo radicalmente su difusión a través de interné. Todo lo demás son milongas y ganas de marear la perdiz.