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ANIMALES DE COMPAÑÍA

En contra del beso

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Acabamos de sobrevivir a la fecha que los estrategas del consumo eligieron para saquear los ahorros de quienes padecen el sarampión del amor romántico. San ... Valentín, si la memoria no me engaña, fue despedazado por los leones de algún circo romano cuando ni siquiera había probado las dulzuras de la carne, pero la grosería mercantilista, que no repara en estas incoherencias, lo ha erigido en patrono de los enamorados. Yo creo que esta festividad tan empalagosa fue concebida por comerciantes astutos que deseaban rematar esas maulas que se resisten incluso a la voracidad navideña y a la histeria de las rebajas. El entontecimiento causado por el virus del amor fomenta los timos más descarados y rocambolescos. a un recién enamorado se le puede colocar, por ejemplo, un frasco de pachulí rancio, asegurándole que la aspereza de su fragancia se debe a la inclusión entre sus ingredientes de unas raspaduras de cuerno de rinoceronte; y el recién enamorado, atufado por los efluvios del pachulí, lo creerá religiosamente. No quisiera, sin embargo, convertir este artículo en una filípica contra el consumismo, pues ya suficiente fama tiene uno de anticapitalista cavernícola. Mi propósito no menos inmodesto consiste en convencer a mis lectores de los efectos perniciosos del beso, ese melindroso fruncimiento de morritos con el que los enamorados acompañan el intercambio de ternezas y de saliva.

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