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ANIMALES DE COMPAÑÍA

Conversación

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Hemos dejado de conversar como antaño lo hacíamos, de pegar la hebra o darle al palique o como quieran ustedes llamarlo. Si hay un rasgo ... que hermana a los pueblos latinos es que tradicionalmente eran buenos conversadores; y conviene especificar que 'conversador' no significa 'verboso' ni 'facundo', ni siquiera 'locuaz'. 'Conversar' no es hablar tan solo, sino más bien -como la propia etimología de la palabra indica- dar vueltas en compañía . ¿Y dar vueltas a qué? Pues a todo lo que se tropieza en nuestro camino -empezando por uno mismo y siguiendo por nuestro interlocutor-, como perrillos curiosos y juguetones, dar vueltas a todo lo que la multiforme vida nos brinda cada mañana, que siempre es algo distinto e irrepetible. Conversar es entretejer la vida con palabras, celebrarla e inquirirla en su misterio, probar a desvelarla y, cuando hemos descubierto al fin que su misterio es inagotable, seguir sin embargo asediándola, por el gusto de la compañía. Conversar, a la postre, es ir descubriendo un alma, a medida que probamos a descifrar el mundo. nuestra propia alma, desde luego, pero sobre todo el alma de la persona que conversa con nosotros; sin atosigamiento, sin prisa, sin afán ni interés alguno, disfrutando del paulatino descubrimiento, como quien disfruta de un paisaje nuevo. Conversar es uno de lo más altos placeres del espíritu, tal vez el más alto de todos; y por ello mismo quienes anhelan la muerte del espíritu se empeñan tanto en dificultarlo e impedirlo.

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