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Animales de compañía

Corazones piadosos

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Hace un par de semanas, causaban general (y también efímera) consternación las imágenes de cientos de hombres de raza negra que se amontonaban en un solar –como si fuesen un rebaño que aguarda en el matadero–, después de intentar infructuosamente saltar la valla que separa Nador de Melilla. Muchos de aquellos hombres parecían heridos o contusos o inconscientes, como si acabaran de recibir una soberana paliza; y de vez en cuando se aproximaban a ellos policías marroquíes, para propinarles algún porrazo de propina. Varias decenas de aquellos hombres murieron en aquella jornada; pero nuestro inefable doctor Sánchez elogió sin ambages la «extraordinaria actuación» de la policía marroquí y calificó la operación de «bien resuelta». Inevitablemente, sus palabras causaron consternación y escándalo entre los corazones piadosos.

De repente, los corazones piadosos descubrían que nuestros gobernantes ‘subcontratan’ el control migratorio al gobierno marroquí, que apechuga gustosamente con las masacres de negros, para ... que nuestra Arcadia democrática se mantenga impoluta. Las muertes de esos negros importan poco, con tal de que no nos enteremos (‘negros que no se ven, corazón que no siente’), como tampoco nos importan –cuando la televisión no las divulga– las muertes de otros miles hacinados en pateras, o ahogados en el mar, o asfixiados en contenedores de mercancías, en su afán por cruzar fronteras. Al ‘externalizar’ los aspectos más desagradables del control migratorio, nuestros humanitarios gobernantes se proponían ‘sacar de foco’ a los negros, para evitar que nuestros piadosos corazones se sobresaltasen.

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