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Animales de compañía

Dar un paso atrás

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Leo que en Suecia han decidido suspender el ‘plan de educación digital’ y recuperar los consabidos libros de texto, después de que los índices de ‘comprensión lectora’ de los niños y jóvenes suecos se hayan derrumbado estrepitosamente. En esta misma tribuna hemos escrito contra esta nueva demencia educativa, que por estos pagos se ha extendido como una gangrena devoradora; pues el español acomplejado se ha convertido en un pastueño asimilador de todas las modas foráneas (aunque sean los viejos errores de siempre, envueltos en el papel de celofán del ‘progreso’). La ‘educación digital’ no se limita a aminorar la ‘comprensión lectora’, como aducen los suecos; esa dificultad creciente para comprender un texto no es más que el síntoma de una enfermedad infinitamente más lesiva. Pues la ‘educación digital’ atrofia los cerebros, aminora nuestras posibilidades retentivas y nemotécnicas y agrava nuestra tendencia a la dispersión, incapacitándonos para los esfuerzos mentales que requieren concentración. Cualquier neurólogo que no sea cómplice de los designios sistémicos conoce perfectamente los perniciosos efectos que la tecnología ejerce sobre nuestras facultades intelectivas, sobre nuestra memoria, sobre nuestra atención y nuestros recursos asociativos; efectos que todavía resultan más arrasadores en las mentes infantiles.

Debemos atrevernos a dar un paso atrás: con frecuencia es la única forma de avanzar

He leído con alborozo esta noticia sobre la palinodia educativa sueca. Como he explicado en alguna ocasión me considero –en franca oposición a esta época ... maldita, tan optimista y desesperada– un ‘pesimista esperanzado’; es decir, alguien que no edulcora el diagnóstico que le merece la realidad, pero que al mismo tiempo confía en la capacidad que el hombre tiene para arrepentirse y retractarse de sus errores. Y, aunque nuestra generación se distinga por su sumisión ciega a las consignas sistémicas (como se probó sobrecogedoramente durante la plaga coronavírica y se sigue probando hoy), confío también en la capacidad que el hombre tiene para nacer de nuevo, llorando sus errores pasados, y también para revolverse contra quienes se los inculcaron. Quiero decir que creo en las personas que tienen la gallardía de apartarse la venda de los ojos, para poder mirar a sus hijos y advertir que están en manos de monstruos que tratan de dañarlos, sometiéndolos a los experimentos más desquiciados, desde la ‘educación digital’ al transgenerismo.

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