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Animales de compañía

Defendiendo causas apestosas

Juan Manuel De Prada

Decía Simone Weil que la función principal de los partidos políticos es crear entre la multitud «pasiones divergentes» que entrechoquen con un ruido tan infernal ... que haga imposible escuchar la voz de la justicia y de la verdad. A nadie se le escapa que esta es, en efecto, la función que los partidos políticos desempeñan, creando antagonismos tan viscerales en el seno de la sociedad que cualquier entendimiento se torne por completo imposible. Estos antagonismos o pasiones divergentes de los que habla Simone Weil ni siquiera tienen que sostenerse sobre concepciones o principios antagónicos, sino que se pueden sostener sobre la pura irracionalidad: si el adversario defiende una cosa, nosotros debemos denostarla y defender la contraria; y tal procedimiento se convierte en círculo vicioso que a su vez retroalimenta al adversario. Así, el programa de los partidos políticos deja de ser una exposición de principios (de los que los partidos políticos carecen), para convertirse en una mera retahíla de automatismos que se contraponen al programa del partido político contrario, para excitar entre sus adeptos esas «pasiones divergentes» de las que hablaba Weil.

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