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ANIMALES DE COMPAÑÍA

Un delirio de autodestrucción

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Lejos de mostrar una determinación inquebrantable en la defensa de los principios que fundaron su civilización, el pudridero europeo proclama fatuamente que no existen principios ... de validez universal, sino más bien valores particulares que no deben confrontarse con los valores procedentes de otras culturas. Vindicar los valores propios se convierte automáticamente en un ejercicio de prepotencia intelectual y fundamentalismo religioso; y cualquier intento de defender esos valores se considera una imposición inaceptable, puesto que todos los modos de vida se consideran igualmente legítimos y respetables. Todo ello acompañado, además, de un brumoso y atenazador complejo de culpa que ha sumido al pudridero europeo en un estado de parálisis. A veces, esta actitud suicida adquiere ribetes esperpénticos. lo hemos visto durante las últimas semanas, con la borrachera de insensato buenismo desatada por la llamada 'crisis de los refugiados', que en realidad no es otra cosa sino una migración masiva provocada por los fanáticos del Estado Islámico que, con la colaboración (o siquiera omisión) de Occidente, están vaciando Siria, para reconfigurar el mapa de la zona y, de paso, diluir (¡todavía más!) la moribunda identidad cristiana del pudridero europeo. Al único mandatario europeo que ha actuado con cordura, el húngaro Orban, se le ha puesto como chupa de dómine; y, entretanto, Rusia, la única nación que ha tenido la gallardía de enfrentarse con los fanáticos mahometanos, es anatemizada por defender los valores tradicionales que fundaron la civilización cristiana.

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