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Animales de compañía

Demagogos

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

En todas las fases de decadencia política, mientras los pueblos se deslizan por el sumidero de la Historia, triunfan los demagogos. Así está ocurriendo en el penoso crepúsculo de las democracias occidentales; y tal vez España sea el lugar donde más palpablemente se percibe este proceso.

A simple vista, los demagogos parecen hombres flojos y acomodaticios, chisgarabises de los que los pueblos se pueden librar fácilmente; pero, precisamente porque florecen en ... tiempos de decadencia, cuando las resistencias declinan y las sociedades están inmersas en un proceso de descomposición (entre otras razones, porque los demagogos se han encargado de promoverlo y acelerarlo), acaban imponiéndose. En el demagogo brilla, sobre todas sus lacras personales, su propensión a la mentira. El demagogo es un hombre intrínsecamente embustero (aunque, desde luego, una vez descubierto, podrá decir que no ha mentido, sino «cambiado de opinión»). Miente con risueña naturalidad, como el común de los hombres come o respira; y lo hace sin remordimiento alguno de conciencia, porque carece de escrúpulos morales.

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